sábado, 8 de diciembre de 2007

Nada que hacer

Si alguna vez venís a visitarme, les dijo ella, dejad las máscaras en casa; no hay enemigos a este lado de la carretera, sólo una brisa suave que invita a sentarse bajo las ramas de un árbol, beberse alguna copa e imaginarse siempre así. Unas semanas después todos se acercaron a su hogar y la mayoría dejó las máscaras en casa. Sólo uno, que no había escuchado tan sabio consejo, se llevó su disfraz consigo. Lo encontraron a la mañana siguiente, un cadáver ya irreconocible. Los otros disfrutaban de un paisaje espectacular.

No hay comentarios: