viernes, 28 de diciembre de 2007

Train´s girl blues

Suenan los primeros acordes de Suzanne, en la voz, siempre profunda, de Leonard Cohen, en mis aceras. Pasa el tiempo y no sabemos verlo. Había una vez un chico, tímido y solitario, en otras palabras, un cobarde, que nunca supo acercarse a la chica del tren; y fueron muchas las estaciones en las que pudieron tomar un café. El café, chica del tren, el café se sigue tomando solo, ahora que ya no comparten ni siquiera el mismo trayecto, y a él, en algunas ocasiones, le habría encantado viajar contigo pero nunca encontró el momento para acercarse a ti, sentarse al lado y, absorta como estabas en tus calles, con la música en tus dedos, haberte hablado, un hola, cómo estás, preciosa llegas, habría sido suficiente. Y añadir, después, déjame escuchar tu música, estar en tus letras. Habría sido suficiente. Pero fiel a sí mismo, el chico tímido y solitario nunca supo levantarse, decirte hola, preciosa llegas.
Pero el chico nunca supo levantarse. Aunque él te viera caminar, bonitas piernas, hacia tu lugar de trabajo. Era, digámoslo así, pisar la misma orilla para bañarse en olas diferentes. Tan cerca, tan lejos, así era el viaje. Y al chico, callado, se le hacía radiante la mañana si la chica del tren estaba en ella. Así fue todo, duró unos meses, después la chica del tren se hizo presencia, aunque el chico, solitario, tenía ya otro mundo que habitar, un mundo que todavía no domina. Ahora, algunas tardes de nostalgia, él recuerda a la chica del tren, de pelo breve y belleza discreta, y una sonrisa ilumina su cara. Y a veces piensa: gracias por estar ahí, aunque no lo sepas.

No hay comentarios: