martes, 27 de marzo de 2007

That´s no way to say goodbye IV

Para Luz, que me lee desde los primeros días

Tercera escena
En un bar. Se oye, sucesivamente, música de Leonard Cohen, Bob Dylan, The Smiths, etcétera. En este bar se encuentran varios de sus amigos, también una gran amiga a la que hace tiempo que no ve. Para él, también para ella, es una sorpresa volver a encontrarse. Son tres amigos a los que no ve desde hace meses: Pedro, Arturo y Pili, que se muestran sorprendidos al verlo. Es un bar tranquilo, con pocas personas en estos momentos, pero que se irá llenando a medida que la escena se vaya desarrollando.

RAFA
Hola, chicos, cuánto tiempo.
PEDRO
Perdona, ¿te conocemos?
PILI
Sí. ¿Quién es este chico? Recuerdo a alguien parecido a él, pero lleva más de tres meses desaparecido. Creo que lo buscan los de Sin rastro.
ARTURO
Un buen amigo, pero desapareció. ¿Dónde estará ahora?
RAFA
Vale, chicos, me lo merezco. Siento de veras…
PILI
No nos molestaría, en serio, si no te hubiéramos llamado durante semanas, para recibir siempre la misma respuesta: no sé, a lo mejor. Has llegado a desesperarnos. Hoy, somos más de dos y has venido. Deberíamos aplaudirte.
RAFA
Ja, ja. ¡Qué divertida. Necesitaba estar solo, nada más.
PEDRO
No te preocupes, no te has perdido demasiado. Todo sigue igual. Más de treinta años, un trabajo de mierda, viviendo en un piso alquilado con otros tres compañeros. Otros con sus padres. Y con un contrato indefinido.
RAFA
Un buen contrato, por fin.
ARTURO
Indefinido, sí, no sabemos cuándo van a echarnos. Tal vez mañana, el viernes, el lunes. ¿Qué más da? Y tú, ¿cómo estás? Nos tenías preocupado.
RAFA
Sinceramente, no tengo ni idea. Hay cosas que son difíciles.
PILI
Hay huellas que parecen imborrables. Hay que crecer, Rafa, hay que crecer. La vida pasa y no nos damos cuenta.
ARTURO
Nos robaron la capacidad de soñar. Cuando estábamos en la universidad lo queríamos todo: un gran amor, una gran casa, un gran trabajo. Y ahora seríamos felices con un amor, una casa, un trabajo. Es patético.
PEDRO
Sólo queríamos un poco de estabilidad y ahora malvivimos de lunes a lunes. Ya lo decía mi padre: estudiar no vale para nada.
ARTURO
Tanta cultura, tan preparados para mendigar un puesto de trabajo. Es estúpido. El estado del malestar. Y pelear juntos es una quimera. Nos han separado. Cada cual a lo suyo…
PILI
Nos separaron hace tiempo. No sé si lo han hecho queriendo pero lo han hecho bien. Sólo importa lo mío. Lo demás son tonterías, cosas que carecen de sentido. Pero al menos hoy estamos aquí, juntos, disfrutando de un tinto con limón, de palabras con sabor.
RAFA
Tienes razón. En este mundo de mierda importa la vida, días como éstos. Disfrazar las cicatrices.
PILI
Podría ser una buena noche para empezar. Decirnos cómo estás, si has podido borrar alguna huella.
RAFA
Yo… ¿recuerdas cuándo éramos niños y todo parecía fácil? Un helado borraba todos los problemas. Me siguen encantando los helados pero las huellas vuelven a mi casa en cuanto me los he tomado. Es una sensación agridulce.
ARTURO
Sí, después llegó el instituto, la universidad, los primeros amores, también los de segunda mano. El trabajo. Creo que hace más de tres años que no me paro a tomar un helado tranquilamente.
RAFA
La prisa mata, ya lo sabéis. La prisa mata.
PILI
Rafa, todo es diferente ahora. Yo, al menos, tengo la sensación de que la vida pasa demasiado deprisa y todavía no he podido acostumbrarme. Lo intento cada día y cada día fracaso. Es absurdo.
ARTURO
Así somos nosotros: optimistas, risueños y felices.
PEDRO
Tenemos nuestros días.
ARTURO
Oye, Pedro y yo vamos a pedir otras copas. ¿Queréis algo más? Dos chupitos, ¿no? Intentaremos no perdernos en la barra.
(Pedro y Arturo se alejan hacia la otra esquina. Rafa y Pili se quedan solos. Suena There´s a light that never goes on de The Smiths. Es una canción que han compartido miles de veces).

PILI
Nuestra canción. Cuántas veces la hemos tarareado juntos. Y en estos últimos tres meses he tenido que hacerlo sola. Eres cruel.
RAFA
Yo también lo eché de menos. Pero me sentía, no sé, no quería que mi tristeza molestara a nadie. Siempre he sido un antisocial, ya lo sabes.
PILI
Lo sé yo, lo sabe Pedro, lo sabe Arturo, lo sabe Ana; lo siento. No quería…
RAFA
No pasa nada. Es sólo que… Algunas cosas son difíciles, imagino. Pero, ¿cómo estás tú?
PILI
Bonita forma de desviar la conversación.
RAFA
Deberías estar acostumbrada. Lo he hecho miles de veces.
PILI
Lo sé, así que no me importará contestarte. De vez en cuando, es bueno hablar de una para saber que tenemos una vida que contar. En estos dos últimos meses, salí con un chico.
RAFA
Me alegra saberlo. ¿Cómo va esa relación?
PILI
Era simpático.
RAFA
¿Simpático?
PILI
Sí, simpático, pero demasiado básico. Tenía conversación para una noche de cama pero ni siquiera llegaba al desayuno con café. Y dos meses. Lo que hace sentirse sola.
RAFA
Era simpático, ¿no?
PILI
Simpático. Básico. Dios, parecía una regla ortográfica. Dos meses y nunca me hizo sonreír.
RAFA
Nada que hacer entonces. Debería decirte: no te preocupes, seguro que vendrá alguien nuevo y todo será diferente. Pero estoy cansado de frases hechas.
PILI
Rafa, ¿sigues enamorado de Ana? Es la sensación que tienen ellos, también yo.
RAFA
Sinceramente, no lo creo. No de la última Ana que conocí. Tal vez esté enamorado de una chica que no existe ya, que conocí en los primeros meses. Y esta idea me aterra. No hay nada peor que luchar contra un fantasma. Qué tristes son los cuerpos con cadenas…
PILI
No te preocupes, seguro que encontrarás a alguien nuevo. Y volverás a sentir tantas cosas…
RAFA
Es difícil vivir en una casa que ya está habitada, imagino.
PILI
Echaba de menos estas conversaciones. Te pierdes demasiado, Rafa. Un día no podrás encontrar a nadie.
RAFA
Lo intento, de veras. Tengo vuestro teléfono y me digo: voy a llamarlos, a tomar un café, pero me quedo en casa, cuento historias, invento vidas, pero a mí se me está olvidando vivir. Aquella pluma era un regalo envenenado, la última cadena…
PILI
Nosotros estamos cerca, siempre. Pero no hay quien sepa encontrar en estos días las llaves de tu casa.
RAFA
El problema es que no sé qué es vivir, ahora. No tengo ni idea. ¿Tener una familia? ¿Un trabajo de ocho a cinco? Ando absolutamente perdido. Sólo quería tener algo hermoso.
PILI
Rafa, ¿cuándo vas a visitar a Ana?
RAFA
¿Cómo?
PILI
¿Cuándo vas a visitar a Ana? Lleva más de una semana en el hospital y todavía no has aparecido por allí. Creo que deberías ir.
RAFA
Tienes razón, toda la razón, pero…
PILI
Ahí vienen sin las copas que nos prometieron. Son terribles, pero ellos sí me hacen sonreír. Dos besos. Nos vemos este fin de semana.

Rafa se acerca a Arturo y Pedro y se despide de ellos. Pili se queda detrás, mira con intensidad mientras Rafa se aleja y Pedro y Arturo le sonríen. Se acercan, obviamente, sin ninguna copa en la mano y ambos le acarician las mejillas. Le dicen algo que nadie puede escuchar y se van del bar con una tranquilidad enorme. La música que se escucha en esos momentos es I know it´s over de The Smiths. Los tres la tararean un poco mientras salen del bar.

lunes, 26 de marzo de 2007

Disculpen las molestias, estamos viviendo, todavía.

jueves, 22 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves XVI

Después de mil noches sin tiempo, creando pequeñas historias para distraer al rey Shahriar; agotada acaso de saber que sus últimos años se encontraban en blanco, en un papel en blanco, Sherezade decidió quitarse la vida. Shahriar, apenado, para no olvidarla, decidió crear una noche más, la mayor de las mentiras: al final, ella da a luz a tres hijos y después de mil noches y una, el sultán conmuta la pena y viven felices.

domingo, 18 de marzo de 2007

Kiko en el Alamillo





Y las palabras del hombre invisible nos hicieron ver tantas cosas: importa estar vivo, una sonrisa, importa saber que te han roto el corazón y seguir adelante es necesario. No hay otra posibilidad: reír y llorar. Importan todas las cosas que no cuestan dinero. Así nos lo decía él: enamorao de la vida aunque a veces duela. Lo demás, lo dice él, lo repiten sus amigos, lo demás son tonterías.

viernes, 16 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves XV

Disculpen las molestias; estamos viviendo.

jueves, 15 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves XIV

Fue septiembre un día, marzo el siguiente. El tiempo, el tiempo pasa; cada día, todos se van sin darme cuenta, entiendo menos la vida.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves XIII

Me asustan, dijo Jose, los lectores, sobre todo aquellos que parecen conocer todas las calles de una ciudad en las que me encuentro desorientado. Intento recordar dónde están las llaves, se repetía Jose, de puertas que puedan llevarme algún sitio cuando sé que hay personas, al otro lado del espejo, que ya han recorrido todos los rincones del mundo en el que vivo y podrían enseñarme, seguramente, las aceras en las que encontrar las mejores huellas, esas que siempre te dejan raíces. A este lado del espejo, uno sigue, muchas veces, desorientado.

martes, 13 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves XII

Era medianoche y Cenicienta perdió un zapato; decidió entonces no volver a casa, perder el otro, sólo por sentir, morían entonces algunas campanadas, el suelo de las calles bajo sus pies, el frío del mundo bajo su piel. Era medianoche y el palacio sólo un oscuro cuarto de la limpieza en el que dos zapatos buscaban unos pies con los que engañar a un príncipe.

lunes, 12 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves XI

Norte y sur. Sur y norte. Vidas que se entrecruzan en algún momento. Una sonrisa que podría dar luz a un mundo y un árbol que da sombra y entrega amor. Se escribe, se dice, porque, a veces, la vida nos duele cuando menos lo esperábamos, por contar historias en las que nuestras máscaras disfrutan alegremente de nuestras vidas. Todo fue un teatro entonces; lástima que me tocaran las peores líneas. Al menos, te dices, te sirvieron para seguir viviendo sin esperar nada a cambio.

viernes, 9 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves X

Imaginaba J., hace algunos años, la primera vez que salió de la patria de Manolito de Palomares que las cosas cambiarían. Volvería, se dijo entonces, pronto. Pero el sur, siempre el sur, cayó en sus dedos y se escribieron otras historias. Imaginaba J., en sus primeros meses en Cutrelandia el porqué de la tristeza de Antoin, el Príncipe Amargo, escribiéndole una vida imaginaria que nunca supo si era real; intuía la melancolía repentina de Cactus que, en ocasiones, le llevaba a desaparecer durante días sin causa aparente. Eran tardes perfectas para sentarse en el único bar de estas tierras que algunos llamaban hogar y observar cómo la gente caminaba hacia destinos que esperaba llegaran en algún momento. A J. le habría encantado ser escritor, narrar las historias inacabadas de aquellos que se cruzaban con él en una calle, que tomaban una cerveza a su lado en un bar desnudando sus penas, sus alegrías, contar los finales de vidas de las que sólo conocía apenas los cinco minutos que sus oídos habían escuchado para ellos, crear una noche feliz en la que dos cuerpos se amaban intensamente a pesar de la tristeza inmensa con la que algunas bocas podían hablar en los bares. En el sur, siempre había una historia que contar, una vida que escuchar, unas líneas que podían ser escritas de nuevo si el viento permitía que los papeles siguieran en su sitio. Sin embargo, al sur, muy al sur, un cuerpo, una historia que no pudo cambiar, hizo de J. un apátrida, alguien sin una causa a la que aferrarse. Todo fue extraño entonces y decidió volver al lugar del que había partido sólo para ver cómo las hogueras se encendían hasta extinguirse. Eran tiempos convulsos y aunque J. había perdido su pasión por escribir seguía imaginando cómo serían las cosas si pudiesen ser de otra manera. Algunas noches, eso sí, si la luz no es demasiada, crea algunos cuentos con los que imaginar otras tierras. Cuentos del montón, decía J., pero no me importa porque todo el montón era mío.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves IX

Todo descerebrado se aferra a una bandera. Se aferra desesperadamente a un trozo de tela al que otros han puesto color. Algunos, es más, suelen ponerle un nombre. Se aferran a un territorio que los meses harán suyo y los años harán nación. Todo el mundo necesita una causa que abrazar. Yo, dijo J., me aferré a tu cuerpo y lo perdí todo. Sólo soy otro apátrida.

lunes, 5 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves VIII

Empieza el mundo y caen algunas letras. Alguien escribe sólo por si otro, a lo lejos, puede decirle hola. Por si al otro lado de estas ciudades en las que la vidas siguen con impaciencia alguien tiene un pequeño momento para compartir unas líneas. Algunas bombillas se han roto y el cielo se ha llenado de alas. Sólo los que no están encuentran rara vez un ratito para levantar la mano y escribir algunos garabatos en un papel en blanco.

sábado, 3 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves VII

Dijeron: leía libros que nadie debería tener en casa, yo lo vi. Alguien añadió: alguna vez, habló con Abel Martín, parecían amigos, sonreían mientras hablaban. Otro se sumó a este coro: en casa, una vez, mientras cenábamos, se rió de Manolito Palomares. Una de sus amigas pensó, en voz alta: salió a la calle mientras llovía. Acabó en las hogueras de unas calles que están desapareciendo. Una última voz añadió, Manolito Palomares hablaba al pueblo: es un hecho aislado, sólo un hecho aislado.

jueves, 1 de marzo de 2007

Relatos hiperbreves VI

En el sur hace calor y un sol espléndido que invita a la vida a perderse en las calles. Quedan aquí, le dice Antoin a Auora, algunas palabras pero otras se vienen con nosotros. Y el árbol que da sombra pero entrega amor muestra a todo el mundo cómo sus raíces empiezan a ocultarse una vez más, señal inequívoca de que la vida pasa, de que la primavera, hace frío en otras partes, acerca un poco de alegría a un príncipe, ya destronado, que vivió sin dormir algunas veces.