jueves, 31 de mayo de 2007

Tablón de anuncios VI

Para Gus, Manolo y Javi
El saber no ocupa lugar, pero el muy cabrón está acabando con todas mis estanterías.

miércoles, 30 de mayo de 2007

Just like in the movies X

Fragmentos de un mundo que hemos dejado de conocer, eran tus dedos una película en blanco y negro, de diálogos memorables, que no saben reconocerse hoy en la pantalla. Necesito que, como uno de esos héroes, vengas a rescatarme en el último minuto. Sin embargo, Ivana sabe que es ahora ella la que ha de ejercer de heroína, la que debe crear las primeras líneas de una historia que traiga otra vez a su casa al hombre con el que compartía palabras.

martes, 29 de mayo de 2007

Just like in the movies IX

Víctor Noguera es un hombre roto. Son dos los coches que viajan ahora por las desiertas carreteras que llevan al sur, muy al sur, a un reino al sur de todos los lugares, Cutrelandia. Todos desean llegar: el viaje ha sido agotador y el descanso será necesario. En un coche viajan Aurora, Antoin y Alicia. Aurora y Antoin hablan de las renuncias, de seguir adelante; seguir adelante, dicen, es necesario. Nunca creí poder encontrarte. Ahora luchan, ambos lo saben, con una enemiga implacable: la monotonía pero, ahora, en este momento, se sienten bien al sentir sus manos, arrebatadas por la ternura. Alicia se mira en los espejos del coche y no sabe si quiere volver al bar en el que ha estado tanto tiempo. El bar supone la peor de las cárceles, imagina ella: la comodidad de saber que todo tiene un sentido entre esas cuatro paredes. No hay vida, se dice, a veces, pero siempre hay realidad; sabe que le preguntarán si le gustaría irse con ellos y todavía no tiene respuesta. En el otro coche, J., Ivana y Víctor están en silencio. Conduce J., cansado de todas las pérdidas, de todos los fracasos que la vida puede ofrecernos. Han sido demasiadas derrotas y, en estos días, encontrar a otro amigo roto, hace que la frase que en tantas ocasiones ha recordado: no importa cuántas veces te caigas sino cuántas veces te levantes carece de sentido. Todo son fragmentos. Ivana, detrás, piensa lo mismo. Sus brazos acarician el cuerpo cansado, sin alma, de Víctor, y no puede dejar de pensar en que Víctor, su Víctor, hace meses era un mundo dentro de un hombre. Ahora todo son fragmentos, ciudades que no encuentran orden, palabras que no llevan a ninguna parte. No puede evitar llorar, una vez más. Piensa, entonces, que hará todo lo posible para reconquistar ese mundo, perdido ya. Ambos, J. y ella, maldicen a Manolito Palomares y sus acólitos. Y miran hacia el sur con desgana.
The gift, está cerca y, como Alicia imaginaba, le preguntan si desea seguir hacia el sur, siempre el sur, o quedarse, de nuevo, al otro lado del espejo. ¿Café o vida? No lo duda: siempre, la vida, ese ir a cualquier lugar y encontrar a otros que debería ser, se dice Alicia, nuestro país de las maravillas.

lunes, 28 de mayo de 2007

Tablón de anuncios V

Destellos del mundo en el que vivo: Chupar no mata y, además, relaja. Chupa Chups añade:
  • La acción de chupar relaja.
  • Chupando, un chupa chups, no me seáis malpensados, tu mano y tu boca interactúan, y esto ayuda a reducir la ansiedad.
    • P.D: ¿qué podemos añadir? Por ejemplo, que Manolo y yo todavía nos estamos riendo.

viernes, 25 de mayo de 2007

De hipocresías varias V

El público siempre tiene la razón. Aunque Copérnico, Galilei y otros sigan negando la evidencia.

jueves, 24 de mayo de 2007

Just like in the movies VIII

Era de noche, como siempre, y todo iba a pasar en un bar, como siempre. Estaban los acólitos de Manolito Palomares, ebrios de un ambiente prebélico, expresión de la que les gustaba apropiarse cada vez que uno de sus guías espirituales se emborrachaba, salía a la calle, y soltaba proclamas espirituales al viento. Hay que evitar los hombres libro enseñen palabras que lleven al pensamiento, porque pensar lleva a ser uno y si eres uno no puedes ser parte de un grupo. Somos un haz, somos fuertes, repetían los acólitos al unísono, coro que se hacía monótono en el bar, que llegaba a desorientar a quien allí se encontrara, rumor incesante que ahoga todo cerebro, forma extrema de tortura que consiste en repetir un eslogan hasta que se haga dueño de la situación. Algunos, es de noche y hay bar con jazz, como siempre, ya han caído. También, están, han llegado como siempre, Ivana, J., Aurora, Antoin, y Alicia que, como siempre, había dejado atrás los espejos. Ivana pensaba en una habitación, en palabras que volvieran a conquistar su mundo, el de él y el de ella; Aurora y Antoin, que volvían a ser uno, y habían dejado atrás un reino para crear el suyo, pensaban en el sur, en su casa, y en la sensación placentera de que Víctor e Ivana volvieran con ellos para ser rey y reina si así lo querían o, sencillamente, para reconocer sus raíces. J. pensaba en todo lo que los acólitos de Manolito Palomares le habían arrebatado, pero esa es otra historia que no será contada hoy. Alicia piensa en los espejos rotos, en labios no besados, en cárceles no deseadas. Todo es poético en su cuerpo. Y entran en el bar; allí está, por fin, Ivana sonríe, Víctor. Los acólitos de Manolito Palomares no piensan, sólo repiten una idea constante que aturde a todos los que allí están. J., sin embargo, ha estado varias veces ante ellos y sabe que no hay mejor manera de deshacerse de ellos que los libros que Ivana lleva en sus labios. Ante el intenso run run de los acólitos aparece la voz de J., que lee con calma, saboreando cada palabra fragmentos de El hereje de Miguel Delibes. La prosa pausada de Delibes, poco a poco, se va imponiendo a ese absurdo, impacable sinsentido de un grupo de acólitos que sólo comprenden el olvidado arte de la repetición, pero hasta la repetición se agota. Agotados, deciden irse; saben que han fracasado y el odio a Delibes quedará con ellos mucho tiempo. Ivana sonríe, ahora que se han ido. Todos la observan, se acerca a Víctor y no puede evitar alguna lágrima; Víctor, ahora, no la reconoce. Todos lo saben: están ante un hombre roto.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Just like in the movies VII

Aquí deberías estar tú, Ivana, ahora lo comprendo, como tantas otras noches estuviste. Y desapareciste, ahora lo sé, por el bien de los dos. Y ahora estoy en un bar de mala muerte, escuchando jazz en directo y alguna de estas piezas me ha llevado a ti y sé que existes. Nunca debí irme, aunque fueran semanas, aunque ser rey por sorteo me hiciera alejarme de ti, no recordar que me llamaba Víctor y te leía en noches como esta. Víctor, estás aquí, por fin, ahora sé que vuelves a ser tú, estás pensando en mí, y tienes miedo. Miedo de no volver a verme. De que nuestros cuerpos no sepan decirse hola y no deberías preocuparte. Estamos cerca y será bueno estar juntos. No te preocupes, estamos cerca. Y me fui durante semana, pero era cerca, una patria ajena en la que leer era un crimen, en la que pensar suponía el destierro, en la que no llevar ninguno de los libros oficiales suponía tortura, y así fue durante horas, durante días: sesiones interminables de conversaciones de Marina D´ors, la lectura completa de Peras y manzanas, las declaraciones sin sentido de Answar, el desterrado. Compréndelo, por favor. No volverse loco implicaba ser otro, dejar que una parte de mí se fuera. Pero ahora, al verlos aquí, a todos esos acólitos, otra vez, no me siento roto, vuelvo a ser yo y no me importa lo que pueda pasarme. Sé que estaré contigo. Espérame, por favor, Víctor, espéranos, sé que hay gente que quiere hacerte daño y ahora están contigo y te culpan de cuantos males han llegado a sus calles pero tú fuiste fuerte, siempre lo has sido y ahora tienes que serlo, por ti, por nosotros. Espera un poco más.

La noche se hace más oscura todavía; llegan los acordes desde la penumbra de un bar, algún grito y el pensamiento de Ivana, que está fuera, y sabe que éste es el bar en el que encontrará al hombre que le lee tiernas palabras con las que dormir cada noche: espera, Víctor, un poco más.
To be continued...

martes, 22 de mayo de 2007

De hipocresías varias IV

Confianza en el futuro. Aunque creer, creer, creamos en el pasado.

lunes, 21 de mayo de 2007

Celebraciones

Señores, y señoras, saquen las copas de champán, busquen amores furtivos, cuerpos a medianoche, a media tarde, a mediodía. Busquen y si encuentran algo mejor, sean buenos y acuérdense de mí, tan solo a este lado del espejo. Saluden al sol cada mañana y disfruten de la vida en todas sus extensiones. Ah, tanta belleza. La serenidad de lograr algunas cosas, suponemos. Y, no lo duden nunca, aunque no lo logren, intenten ser felices. Que nadie nos quite lo bailao. Brinden por mí, yo, mis enemigos decían que no podría hacerlo, lo he conseguido: tengo cinco lectores. Y, lo olvidaba (http://elbeso.blogsome.com), además, me citan.

Just like in the movies VI

J. se hizo con los archivos de la causa, perdida todavía, de Víctor Noguera en la patria de Manolito Palomares: las denuncias las había presentado la SGAE por silbar una conocida melodía en público sin pedir los permisos correspondientes; como si esto no fuera suficiente llevaba en sus brazos dos libros prohibidos cuyos títulos no están escritos, pero sí su grado de subversión: ayudan a pensar. Apenas se habla de las largas horas de torturas en las dependencias musicales, sólo de libros que se leyeron en su presencia, entre los que destaca Peras y manzanas de Ana Botella Botellita. Era fácil imaginar que esas cosas y otras habían podido quebrar su espíritu y que quienes perseguían a Víctor Noguera eran legionarios de la Sgae, que buscan la porción del mundo que imaginan le ha robado o los acólitos de Manolito Palomares, que necesitan, de alguna forma, cumplida forma ante la pérdida del poder en la que siempre fueron sus calles. A su lado, se encuentran Aurora y Antoin, que tal vez le pidan volver para hacerse con un trono que evitó Antoin; Alicia, que ha dejado atrás numerosos espejos e Ivana, que lo amaba antes de ser rey; también después. Siguen hacia el norte y se han encontrado todo tipo de elementos en los bares; desde extraños seres que leen sus autobigrafías sin pudor alguno al amparo de unas luces tenues, partes de vidas que son compradas para ser leídas en la intimidad hasta políticos que compiten entre ellos para no emborracharse. El que no cae borracho se convierte, les han dicho, en el alcalde de la ciudad, con una condición indispensable: si quieren continuar como alcaldes no deben estar sobrios en pleno uso de sus funciones. Algunos de ellos han perdido algún hígado ejerciendo el poder. Y los que lo apoyan, es obvio, también deben beber mientras contemplan las luchas de sus candidatos. Si se equivocan, dicen, tienen a quién culpar. Incluso Ivana y sus acompañantes han bebido en este bar aunque mucho menos que los demás; la pena es que en todos los bares han recibido la misma respuesta: vuestro amigo ha estado aquí pero se fue. Hay esperanza en Ivana pero también miedo. Quiere ser la primera en encontrarlo, en abrazarlo, en decirle: hola, te he esperado tanto tiempo pero no sabe si otros llegaran antes que ellos. Y ahora se acercan a otro bar y esperan que este sí sea el que los lleve a Víctor y al reencuentro.

viernes, 18 de mayo de 2007

Just like in the movies V

¿Eres normal o todavía piensas?, solían empezar las innumerables horas de tortura en la patria de Manolito Palomares. Cerca, se hallaban las imágenes apocalípticas de la gente, en bermudas, de clase alta, de Marina Dor´s y, corazones, la estrella mediática que daba voz y belleza a un mundo que estaba desapareciendo. Eres normal o todavía piensas; aún pienso, se decía Víctor Noguera, pienso en todas las cosas que he olvidado y no sé quién soy, a pesar de que todos los espejos me devuelvan mi imagen. Recuerdo el sur, y una chica bajo un árbol, y música jazz, pero no sé si estos son mis recuerdos. Te siento cerca, se dice Ivana, pero no sé si eres el mismo. A su lado caminan, cogidos de la mano, Aurora y Antoin de los Lobos, e Ivana no puede evitar sentir un poco de envidia. Le gustaría que unas manos volvieran a sus manos y no deja de preguntarse si será bueno intentar convencerlo de que vuelva a su pequeño reino. Nada de reinos, le dijo una vez, sólos tú y yo y nuestro mundo. Escucho tu dolor, dice Ivana, siento tu soledad; me gustaría, ahora, estar contigo, pero no lo sabes porque no eres tú. Escucho tu dolor, siente Víctor, en las sombras de un bar en que la música lo sume en nostalgias de todo tipo. Ivana, sus acompañantes, se acercan a un bar pero ella, antes de entrar, sabe que allí no encontrarán a Víctor. No sois los primeros que preguntáis por él, les dice el camarero, y J. sabe que los acérrimos legionarios de Manolito Palomares lo están buscando aunque no sepa por qué. Saben entonces que deberían encontrarlo cuanto antes. Ivana siente un poco de frío en los pies y sabe que Víctor está cansado, necesita dormir y espera que pronto vuelvan a encontrarse, y sepan reconocerse, aunque conlleve ser partícipes de un reino en el que nunca han creído.

jueves, 17 de mayo de 2007

Just like in the movies IV

Víctor, me gustaría que estuvieras cerca, ahora, a mi lado; todas las palabras de tu mundo me habitarían, pensó Ivana mientras las últimas luces de la tarde iban desapareciendo. Seguían hacia el norte, aunque ninguno de ellos sabía exactamente dónde podían encontrar a Víctor. Ivana intentaba ayudar, imaginar hacia dónde se dirigiría sintiéndose ahora otra persona, un aficionado al jazz, música que solían escuchar por la calidez en la que vivían mientras escuchaban los primeros acordes de Someone watch over me, de Art Tatum. Allí encontraban la sencillez en la que necesitaban vivir; allí encontraban sofás en los que pasar largas tardes. Pero él ahora no estaba, y no sabían si alguno de ellos sería capaz de descubrir adónde le llevaban sus pasos. Junto a ella se encontraba Alicia que, después de años de fiel servicio en el bar The Gift, había decidido salir al mundo, observar qué había fuera y allí estaba, con cuatro desconocidos, a la búsqueda de un hombre al que habían roto. Ella sugirió que sería bueno acercarse a bares perdidos en medio de la nada, en los que la música negra, o el jazz, se escuche. Decidieron, obviamente, que era lo mejor. En el primer bar que visitaron encontraron, desperdigadas por el suelo, páginas de un pequeño libro que siempre había fascinado a Víctor, páginas que le había leído innumerables veces a Ivana, así que todos tenían la esperanza de encontrarlo allí. Un esfuerzo inútil. Había estado pero al escuchar la voz, italiano era esta vez, de Answar, se había ido rápidamente. Fue cuanto les dijo el camarero. Ivana sujetaba con fuerza las páginas rotas e intentaba encontrar la voz de Víctor pero era incapaz. No podía recordar, era duro saberlo, la voz del hombre que amaba, del hombre que le había hecho amar el mundo. Sintió entonces el deseo irrefrenable de encontrarlo en ese mismo instante sólo por escucharlo otra vez, sólo por saber que sería capaz, otra vez, de invitarla a su mundo y de acurrucarla con susurros.

martes, 15 de mayo de 2007

Just like in the movies III

Eran buenos tiempos. Al sur de todos los lugares Ivana, hace años, podía pasarse horas viendo llover. En el sur cada vez llovía menos así que solía ser un gran espectáculo, que mucha gente solía contemplar con alegría; a ella le encantaba la sensación de frescor que aparecía en sus dedos. Podía dibujar durante un rato siluetas con las gotas de la lluvia. Se acercaba al árbol que daba sombra y entregaba amor y miraba a la gente pasear. Uno de los escasos días en que chispeaba -una lluvia fina, que colmaba tus labios de vida y dejaba en tus manos una sensación de humedad que podía calar el corazón- Víctor, que, ignorando la lluvia, leía con total tranquilidad un libro mientras caminaba, llamó su atención. Se acercó a él y se besaron. No hubo nada más; días después, cuando él le preguntó por qué lo había besado, no sé, dijo Ivana, sólo por el la curiosidad de saber cómo se sienten dos cuerpos unidos por la lluvia. También ayudó, ella lo tenía claro, el hecho de que Víctor estuviera leyendo ya que ellas llevaba siglos esperando a alguien que le leyera palabras cada noche al acostarse, que le hiciera volver a sentirse a una niña, alguien con quien poder subirse a los árboles y no pedir nada a la vida. Ivana, además, nunca le ha preguntado a Víctor qué libro leía el día que se besaron. Sería, suponía, uno de tantos que le leyó a altas horas de la noche. Con Víctor muchas cosas parecían fáciles: estaba trabajando pero no tenía papel alguno que lo demostrara, así que cada tarde, al volver del trabajo, ambos se buscaban. Necesitaban el uno del otro: Ivana buscaba palabras en Víctor y Víctor buscaba la sencillez de una conversación que ambos pudieran mantener. Sabían, estaba claro, que engañarían a la soledad y empezaban a sentirse parte de este mundo, parte de un reino perdido al sur de todos los reinos. Entonces recibieron una noticia que habría alegrado a muchos otros pero que trajo la melancolía a Víctor: le había tocado ser rey. Era obvio que no quería, sólo deseaba estar allí, en su pequeño rincón de esta ciudad, disfrutando de los silencios, y palabras, de Ivana. A ella lo de ser reina tampoco le entusiasmaba ahora que sabía que podía ser todo un mundo para alguien. ¿Una reina o un mundo? La decisión estaba clara. Víctor decidió marcharse creyendo, además, que volvería poco después. Pero acabar en la patria de Manolito Palomares con libros en sus manos fue un gran error. Y no hubo poemas en la cama, ni fragmentos de un libro que le hiciera olvidar la realidad a Ivana. Sólo desgana y desilusión al comprender que muchas palabras, si ella no iba a buscarlas, desaparecerían. Apenas días después de llegar allí detuvieron a Víctor Noguera, lo torturaron y él, lo necesitaba para seguir cuerdo, olvidó quién era. J. decidió buscarlo pero acabó siendo parte de una de las rebeliones que hacen de la patria de Manolito Palomares un caos incierto en estos momentos, donde la gente todavía no sabe demasiado bien qué quiere ser. Después, se reencontró con Aurora y Antoin de los Lobos y llegaron a un bar perdido en medio de la nada y ahora sólo saben que Víctor va hacia el norte y ahora la música es su gran pasión. Eran buenos tiempos, piensa Ivana, aunque en el sur no esté lloviendo ahora.

lunes, 14 de mayo de 2007

Just like in the movies II

Nada más alejado de la realidad, le dijeron a la camarera, que había visto en una semana más gente de la que podía ver en un año. ¿La realidad? Todo le parecía extraño. Podía ver en un año, y no exageraba, a unas diez personas como mucho. Increíble, pero cierto y esta semana, de repente, se habían acercado a este bar perdido en medio de la nada personas a las que no conocía. Hacía años que no sabía ni lo que era la realidad, aquellos primeros días en que necesitaba, de alguna forma, reinventarse, y decidió largarse a cualquier sitio, ser una desconocida durante años. No le gustaba su nombre así que también se lo había cambiado. Una reinvención total, le recordarían alguna vez. ¿Y qué? Lo necesitaba y se movía por necesidades, nada más. Y allí estaban ellos, con la foto en la mano, y ella sabía que el chico de la foto era el que había estado aquí hace días, pero no era, como él creía, así se lo decían ellos. Eran cuatro personas: J., que había estado buscándolo durante meses en la patria de Manolito Palomares, Antoin de los Lobos y Aurora, que querían mostrarle el valor de ser rey en un reino que exigía de los suyos un rey cada cierto tiempo. Le había tocado a él, pero no quería escapar de su vida sencilla, de sus tardes de lectura y música. Un rey, ¿por qué? Que cada cual domine su propia vida, solía decir. No quería que nadie le arrebatara esa vida, así que decidió irse de Cutrelandia para acabar en las tierras de Manolito Palomares; allí, cansado de ver la estupidez en la que pueden acabar las ideas totalitarias decidió convertirse en un hombre libro. Allí, después de numerosas torturas, conversaciones banales en Marina D´ors, lecturas a todo volumen de las memorias de Federico, perdió la cordura. Y, le dijeron los que allí estaban, mientras tomaban café: ha olvidado su propia realidad; cree que está enamorado de Rose pero ella no existe. Sólo nosotros y esperamos encontrarlo. La chica que estaba con ellos parecía tranquila, aunque, de cuando en cuando, se le escapaba un suspiro. Parecía a punto de llorar pero no lo hacía, nunca. Demasiado orgullosa para ello, pensaba la camarera. Llevaba un libro en sus manos y decidió presentarse: me llamo Ivana, y yo también quiero encontrarlo. Yo no necesito un rey, o un reino, o pequeñas tierras. Sólo quiero alguien que me lea palabras por las noches y ahora no hay nadie para hacerlo. Para mí todas las estrellas están apagadas. Y allí seguía el libro en sus manos, cansadas de esperar que otras manos se acercaban a ellas. Estaba harta, dijo, de esperar en su casa, era mucho mejor salir a intentar encontrar a alguien que esperaba no haber perdido. Allí estaban, Aurora y Antoin; J. e Ivana, intentando saber dónde estaba el hombre que había desaparecido hace meses sin dejar rastro. Víctor Noguera se llamaba aunque no supiera escribir su propio nombre en su espejo. Debían encontrarlo: le esperaban un reino, la gratitud de haber luchado por algo en lo que muchos creían, un libro, sonrisas y algún silencio de medianoche, aunque ahora fuera un exiliado. La camarera sólo pudo decirles que se había ido hacia el norte. Poco más. Uno de ellos sonrió, la camarera le preguntó por qué, no sé, dijo él, ayudas a la gente a que salgan de aquí, a que encuentren su vida, pero tú llevas años sin salir de aquí. Deberías salir, saber si el mundo merece la pena, comprender que la vida no se reduce a este espacio. La camarera pensó que tal tuviera razón y decidió irse con ellos algún tiempo, saber adónde les llevaría la búsqueda de su amigo, qué lugares conocerían. Un viaje iniciático, tal vez cambiara un poco. Nunca se sabe. Cómo te llamas, le preguntó alguien y, por primera vez, después de mucho tiempo, se encontró en paz consigo misma. Cómo me llamo, se preguntó: Alicia, dijo, y, después de mirar su cara en el espejo, salió con ellos. Los esperaba la duda, la incertidumbre, la búsqueda, la esperanza, acaso la desesperación; en resumen, la vida. Y ninguno de los cinco, ahora, parecía dispuesto a renunciar a ella...
To be continued

jueves, 10 de mayo de 2007

Made in Hollywood

Quería algo sencillo y puro. Una vida sin risas enlatadas, tardes de palabras sin hipocresías, mujeres que le dijeran hola al pasar por su casa, camas que se postraran a sus pies. Un final de película con besos y expresiones que se recordaran siempre. Siempre nos quedará París. Miénteme, dime que me quieres. Le dijeron: la vida es un estado de ánimo, lo recordaba ahora. Lamentablemente, el suyo, en aquellos días, lo acercaba a un actor irrepetible: Paco Martínez Soria. No pudo dejar de pensar, en aquel momento, lo que ya sabía: Spain is different. Aunque no quedara rastro alguno de las suecas que un día invadieron estas playas.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Tablón de anuncios IV

Cerrado por feria; nos vemos el lunes.

martes, 8 de mayo de 2007

Insomnio II

Esta, hoy, es una ciudad de insomnes en la que cada cual intenta buscar su lugar en el mundo, en la que cada cual disfraza sus ojeras de sonrisa para engañar al sueño. Se dicen, dormiré, pronto, pero las horas parecen semanas y las semanas desaparecen sin que nadie se dé cuenta. Algunas veces, se ha visto a gente a implorar por un plato de minutos -ya nunca nada nos será devuelto- aunque nadie parezca haberse dado cuenta.

lunes, 7 de mayo de 2007

Imágenes de ti

Entradas de la Bienal de Flamenco: Eva la Yerbabuena, José Menese y Carmen Linares, siempre Carmen Linares. El maestro y Margarita, de Mijail Bulgákov. Entradas de baloncesto, de un Caja que ganaba por entonces y el mundial de baloncesto en dvds. Melodías animadas, de Robert Crumb, ese maravilloso cómic sobre jazz y blues primigenios. Seis personajes en busca de autor, de Luigi Pirandello. La voz de Ella Fitzgerald y la soledad infinita de Lady Day. Algunas cartas que me escribieron y algunas que ni siuiera recordaba haber escrito. Fotos de Sevilla, fotos de Rayuela, donde tantas veces te has encontrado y, tantas otras, aprendiste a perderte. Billetes de tren y billetes de avión que siempre acaban convirtiéndose en historias, hasta formar parte de ti. Y unas inmensas ganas de llorar por, cómo decirlo, tantas cosas que hacer y tan poco tiempo.

sábado, 5 de mayo de 2007

NO&DO I

José María Ansar, héroe patrio por excelencia, hastiado de la persecución de las hordas marxistas cuyo único fin, no lo olvidemos, es romper la unidad indivisible que unos dan en llamar patria y otros tierra, se ha dado al alcohol y otros medios de evasión que no vienen al caso. "Endrogao", se ha dado a la fuga mientras gritaba por todas las calles, abajo los zapateros, arriba los campos de golf. Símbolo inequívoco de libertad y anarquía ha gritado a todo aquel que quería oírle: a mí no me gusta que me digan no puede ir usted a tanta velocidad, no puede comer hamburguesas o no puede beber vino. Algunos, ciudadanos de segunda o de tercera, hay que resaltarlo, han asegurado que ha hecho estas declaraciones bajo el efecto del alcohol y otros derivados. Reencarnación de nuestros héroes más raciales, ha acudido, presto, al rescate de la insigne tonadillera Isabel de todas las Pantojas, arrestada por conseguir fotos ilegales de la próxima infanta europea. Noventa y mil euros han sido dinero suficiente para que ambos recorran las calles gritando otra vez: el dinero es de todos, nos lo gastaremos nosotros. Pena, penita, pena. Arriba la ecología, viva una patria verde, arriba los campos de golf. La insigne tonadillera ha declarado: somos presos políticos, mientras ambos paseaban, acaramelados, por amplios jardines, anchas avenidas. Los reyes, amantes de este pueblo como poco, han declarado vía sms: gracias a todos los medios por su paciencia, gracias a todo los ciudadanos por sus regalos para añadir, después, vía email: libertad para los presos políticos. Ah, estos reyes bonachones, esta familia real que adora a su gente y espera impacientemente sus regalos, en forma de, qué materialistas son los ciudadanos, los reyes se conforman con poco, de millones de euros. Y la gente, no podía ser de otra forma, ha salido a las calles, para saludar con efusividad a estos héroes redivivos que sólo esperan hacer de esta la tierra, grande, que una vez fue. Reputados periodistas, aquí hay tomate, amigos, aquí hay tomate, han declarado, después de una ardua investigación, y reflexiones intelectuales de un calado que aún hoy asombran a media Europa, tales como Paquirrín no estaba en casa, ella olvidó el pintalabios: hoy comemos con Isabel. Ah, maravilloso país éste en el que héroes, heroínas, reyes, príncipes, princesas, habitan con nosotros y hacen nuestra vida mucho más confortable. Eso ha sido todo por hoy pero, no olviden, ya lo decía Miguel Mihura, salir de casa con una patata en sus bolsillos. Una costumbre que hará de vosotros los mejores ciudadanos.

viernes, 4 de mayo de 2007

Banalidades

Todo el mundo miente.
Joder, ni que hubiera que ser el doctor House para saberlo. Resulta obvio; se llama literatura.

jueves, 3 de mayo de 2007

Tablón de anuncios III

Se ofrecen cuentos, poemas, relatos hiperbreves y/o fragmentos de otra índole a cambio de palabras tiernas, elogios desmesurados, vidas paralelas y/o/u otras chucherías. Razón: aquí.

miércoles, 2 de mayo de 2007

Kind of blue

Empezó a llover a las cuatro y cuarto de la mañana, dijo mi insomnio. Ahora, llueve; está lloviendo sobre todas las calles de Sevilla. Diluvia sobre el río y alguien, podemos oírlo, abre la puerta y sale, para no volver. Puertas que se abren y se cierran. Llueve, así que decidimos quedarnos en nuestra habitación. Escuchábamos jazz durante horas, por olvidar el tiempo, por olvidar la lluvia. Pensamos que lo mejor sería quedarnos en aquella maldita habitación porque creímos, torpemente, que estaría lloviendo sobre todas las ciudades del mundo. Y Miles Davis susurrándonos al oído que todo esto no es más que una forma como otra cualquiera de tristeza, que, esperamos, se acabe pronto, aunque ninguno de los dos, otra vez será, cariño, tengamos la llave con la que salir al sol.

martes, 1 de mayo de 2007

Querido H.

Querido H.:
sólo quería decirte que he visto tu blog y me he reído con él. Es agradable.
- Hmmm. Gracias.
Sólo, espero, H., tener el tiempo para leerlo alguna que otra vez.