viernes, 28 de septiembre de 2007

Diálogos animados de ayer y hoy presentan a:

Hernández y Fernández, pareja amantísima, en La Kurtura, esa desconocida
El diálogo que se reproduce a continuación es totalmente ficticio, así que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia (o no). Tampoco es que estemos escuchando a todo el mundo hablar porque a veces, sólo a veces, para qué mentir, tenemos cosas más importantes que hacer.
- Hernández, ¿por qué no salimos a tomar una tapita? Hace mucho tiempo que no me sacas.
- Fernández, te lo digo siempre. Vengo del trabajo reventado y, además, sé que me pones la comida precocinada.
- Ya, y yo no trabajo. Los niños, la casa... Eso, según tú, no es trabajar.
- Eso no es nada. Que, además, me ha dicho el maestro de lengua que los niños zuzpenden. Y no zé porque. Dime, dime.
- Bueno, quiero salir. ¿Nos vemos en la rotonda a las nueve y media?
- Sí, primero visito a mi madre y después nos vemos allí.
- Vale, cuando veas llegar el Ferrari rojo, déjalo pasar, que el mío es un Citroen.
- Tranqui, ya sabes que para mí son lo mismo. La gente es tan superficial...
- Sí, no tiene nada de kurtura. Por favor, si ni siquiera saben cuál es la capital de Albacete, por favor...
- ¿Albacete? Reijkavik, ¿no?
- Pos, claro, como se nos nota la kurtura. Desde lejó, vamos, desde lejó.
- Otra cosa, no, pero de cultura siempre teníamos en el frigo de casa. Los yogures ya cuando fuimos mayores.

De hipocresías varias VIII

- Papá, ¿quemar la foto del rey es delito?
- Ay, hijo mío, cuántas veces te lo he dicho. Sólo si quemas la casa.
- ¿La casa real?
- No, hijo mío, la casa real, no. La nuestra, que es la única que tenemos.

jueves, 27 de septiembre de 2007

Made in Hollywood II

Era octubre pero no hacía demasiado frío, si Miguel no recuerda mal. El mundo estaba inquieto y el cine parecía la solución. Pasar dos horas de su vida frente a personajes que hacían que la pequeña porción de la tierra en la que vivía mereciera la pena. Era uno de esos cines viejos y descuidados, alejados del aseptimo de las odiosas multisalas, tan de moda ahora. Un cine que olía a cine y sabía a viejas soledades. Sólo había dos personas más en el cine, un hombre de cuarenta años con el que Miguel conversaba un poco cada vez que venía, por el placer de un diálogo fluido y una chica de unos veintinueve años, suponía, a la que veía por primera vez. Se apagaron las luces y Miguel sólo tuvo ojos para ella; algunas veces, sus miradas se encontraban y la película dejaba de tener importancia. Ellos eran los protagonistas y una parte de él, sentía, casi al final de la película, que ella necesitaba un desenlace después de tantos gestos cómplices; ella bostezó un poco, no le gustaba demasiado la película y decidió irse; pasó cerca de Miguel y rozó su hombro con sus dedos. Era el gesto adecuado para empezar una bonita noche pero no tuvo el valor. Ella lo miró una vez más antes de irse de la sala y él sólo pudo pensar: me habría encantado conocerte. En la pantalla, el protagonista, que acababa de besar a la mujer que amaba, se apartó de ella y le mostró a Miguel la más cínica de sus sonrisas. Perder, chico, es no intentarlo, le dijo. Sal a la calle y búscala; te esperará en algún sitio. Era un buen consejo, pensó Miguel, que no sabía que el protagonista perdería a su amada un poco después. Era un buen consejo así que salió a la calle y se puso a buscarla. Todavía -acaso ella duerma hoy feliz junto a alguien que nunca será él, alguien que le diga, cada día, al acostarse, buenas noches, dulce niña- la está buscando.

lunes, 24 de septiembre de 2007

I´m on fire

Acércate. La noche es joven y nosotros aún más. Despójate de todas las palabras que te han traído hasta aquí. Ya no sirven para nada. Desnúdate de todas las ropas con las que te disfrazas ante el mundo. No son nada ahora. Que sólo la noche nos proteja, que las sábanas sean nuestras calles y tú, esta noche, vengas a mí, desatada. Acerca tu cuerpo a contraluz, baila en mis dedos. La noche es joven; las ganas de ti, inmensas. A lo lejos, alguien grita; a lo lejos, alguien juega. No importa, poco importa ahora que la noche es nuestra, ahora que mi cuello necesita tus susurros. Olvida por un momento todo lo que te ha traído hasta aquí; solos, tú y yo, y algo más: la oscuridad de la noche nos devora ahora que somos uno y es nada lo demás. Acércate ahora que todo se reduce a tu cuerpo. Ahora que mis labios conquistan tus pechos. Que no quede territorio virgen en la batalla. Acércate más, todavía más. Desdibujemos nuestras líneas. Brillan tus ojos, es el deseo ya satisfecho; es el deseo no satisfecho. Que nunca nunca llegue el alba.

domingo, 23 de septiembre de 2007

Top secret: Pitronki

Documento anexo: a la atención de Manolito Palomares
Después de las convulsiones producidas en esta nuestra patria, una, grande y libre por aquellos elementos subversivos más conocidos como hombres libro, es obvio que la pérdida de autoridad por parte del poder establecido hace que aparezcan una serie de problemas inesperados a la hora de volver a imponer los valores que han hecho de esta nuestra nación, una grande y libre, la más importante de cuantas hay al sur de Europa y el norte de África al menos. Como, señor, oh dueño absoluto de nuestras voluntades, paradigma de paz y serenidad en estas épocas difíciles, muchos de los que somos sus humiles siervos contábamos con la aparición de estas y otras contingencias, se llevó a cabo el plan del que usted, su inteligencia, y nuestros humildes cerebros habían dispuesto para esta clase de situaciones con, obviamente, su firma, que significaba la aprobación total de ese plan que recibió el nombre clave de Pitronki. En él se instaba, en primer lugar, al viaje de algunos de nuestros más prestigiosos científicos (hay que recordar que tenemos tres) a uno de nuestros más importantes aliados, USA, y a la observación del experimento científico que permitió la resurrección de Walt Disney , realizada por algunas de las mentes más preclaras norteamericanas, hecho que llevó, a posteriori, a este personaje a la presidencia de este magnífico país. Seis meses fue el plazo necesario para que algunos de nuestros científicos tuvieran el conocimiento preciso para repetir este proceso en esta nuestra patria, para realizar la resurrección, el regreso de nuestro más grande espíritu, Tito Paco, criogenizado en algunos de los pasillos más inhóspitos del palacio de la Zarzuela. La operación, huelga decirlo, se llevó a cabo con el éxito acostumbrado con el que se hace todo en nuestras manos. Asomó una sonrisa en nuestros rostros, signo inequívoco de que conceptos tan absurdos como la libertad de pensamiento, democracia, educación volverían a ser lo que siempre fueron: quimeras. Hay que pensar, sí, pero hay que pensar en el bien de esta nuestra patria, una grande y libre. El experimento fue un éxito pero, dolorosamente, sus consecuencias no. El sujeto, Tito Paco, para personas como usted y como yo, que amamos esta nuestra patria, una grande y libre, por encima de todas las cosas, por encima de todas las personas, volvió, no sabemos por qué, a la conflictiva edad de sus veinte años, no alcanzando nunca la madurez de unos cincuenta años que lo llevarían otra vez a ser nuestro líder espiritual. Con esos veinte años, temas como la forja del espíritu nacional le aburrían sobremanera, como puede deducirse de sus treinta bostezos en una de las conversaciones mantenidas sobre este aspecto; es más, en cuanto tuvo la oportunidad, se marchó sin más de estas cuatro paredes que un día hicieron de él uno de los políticos más grandes que han visto los siglos y jamás verán. Fue aún más doloroso ver las amistades que buscó una vez se halló fuera, jóvenes de su edad que, sin respeto alguno por la propiedad privada, se dedicaban a molestar a toda persona de bien, a destrozar todo el mobiliario público al grito inquietante de libertad es hacer lo que me da la gana. Sin embargo, señor Palomares, fue hiriente comprobar la degeneración moral del sujeto que creímos que nos traería la salvación moral otra vez el quince de marzo. Esa tarde tuvimos la certeza de que no quedaba rastro alguno de nuestro ínclito Tito Paco en el sujeto regresado a la vida; esa tarde, decíamos, el sujeto se acercó a dos secuaces de nuestra gran patria y sí, es indudable, los escupió al grito de Abajo la autoridad, mamones. No hay otra forma de decirlo: nuestro antaño ínclito líder se había convertido en un cani. Este nuestro Tito Paco, duele repetirlo, un cani. Presentándole el informe como usted sabe, señor, ayer a las quince horas, desechó, horas después de haberlo leído, con lágrimas en los ojos, yo estaba presente, la muerte en la hoguera, decidió usted, ejemplo de sencilla sabiduría su seguimiento continuo, esperando, imaginando, deseando que, en algún momento, el espíritu férreo de nuestro más grande líder se haga con las riendas de un niñato de veinte años que, de una o otra forma, debe conocer su herencia. Suyo siempre en esta nuestra patria, una grande y libre que, en el futuro, a pesar de hombres libro y convulsiones semejantes, volverá a ser lo que era.

sábado, 22 de septiembre de 2007

Viajar sin billete

Él la hacía reír; ella lo hacía pensar. Recorrían estaciones donde el único billete posible era la imaginación, la posibilidad de hacer crecer mundos desconocidos en mundos vírgenes, muros en blancos que acababan manchados de vida. Algunas veces, ambos coincidían y el mundo era más pequeño entonces, casi una sonrisa. Hay noches en las que los dos, cansados de las calles que los ven caminar cada mañana, se sienten mejor al contemplar en paredes inesperados graffitis que, de alguna forma, parecen escritos para ellos. La belleza, dicen, está en tantas partes; sólo es necesario saber mirar. Y tanto uno como otra han aprendido a mirar cuando viajan en trenes en que lo más interesante es disfrutar siempre del viaje, de los pasajeros que forman parte de la línea que supone nuestro tiempo. Él, en ocasiones, la hacía reír; ella, encontraba palabras en sus dedos, lo hacía pensar; ambos viajaban sin billetes. Lamentablemente, viajaban en trenes diferentes.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Amore amore amore

Para Irene
A Javi no le convencen para nada las prisas de la vida moderna, esas que nos hacen ir a no sabemos dónde para no tenemos idea de qué; tampoco le gustan esas citas de hoy en día, por la noche, en que la chica se abalanza sobre los muslos prietos del hombre que ellas desean conquistar, aquellos cuya energía es absorbida en la primera cita hasta extremos inesperados. Ah, el amor, se dice, y recuerda cómo era el placer de las conquistas en los días en los que él también fue, no hace demasiado tiempo, la verdad, joven, cuando la vida florecía a su alrededor y las chicas, tan candorosas como dulces, se acercaban a él buscando la experiencia de aquel que ha vivido mucho, de aquel que ha visto tantas cosas. Un hombre de mundo, vamos, así lo conocían. Y entonces él recuerda con nostalgia, ah, la nostalgia, esa cosa con plumas que solemos confundir con el azúcar. E imagina una de sus tantas citas. Esa primera cita en la que ella, temerosa de que el hombre, atrevido él, le cogiera la mano, llevaba un libro para evitar cualquier tipo de contacto, pecaminoso, se comprende. Se sentaban en uno de los bancos del parque y ella, mientras él, disimuladamente, miraba los patos que parecían ahogarse en el estanque, leía fragmentos de libros puros y virtuosos, escritos por autores de la sensibilidad reconocida de un Antonio Gala, por ejemplo, acompañado en citas especiales, por las delicadas líneas de una Luxi, (ah, esas bellas líneas, celestiales, diría Beatriz, de Nuria asintagmática, esos últimos versos de Pedro hiponímico) verbigratia. Aquellos, se dice Javi, aquellos eran otros tiempos, y no estos, en los que la dejadez moral de chicos y chicas sin escrúpulos hace que las personas de bien crean que el amor cabe en una noche. Y una segunda cita, en la que la chica, casualmente, olvidaba el libro, para que la mano de uno y otra pudieran rozarse, con la sensibilidad propia de dos dedos que se saben unidos por primera vez; he olvidado el libro, quiero leer tu mano, decían, y tú sonreías mientras las chicas hacían manitas, cuando esta expresión era fiel a su pleno significado. Todo era dulce entonces, todo era delicado. El amor era un camino en que a un paso seguía a otro paso y la cama era el lugar en el que se leían poemas, a veces, de amor, cuando la noche era estrellada y la luna perseguía su fulgor entre luces varias. Todo era la vida entonces. Y una tercera cita, en que olvidados ya el candor de la primera cita, la dulzura irremediable de una segunda cita, la ilusión infantil de la espera, sólo existían dos cuerpos que no sabían el uno del otro ni siquiera sus nombres. Todo era distinto entonces porque todo era amor. Y, claro, éramos más jóvenes.

Héroes de papel

- Cuéntame tu vida, dijo ella, deseando escuchar el apasionante relato de las aventuras que lo habían hecho estar lejos durante los últimos años.
No hubo respuesta: él se quedó en blanco.

miércoles, 19 de septiembre de 2007

El patito feo

Érase una vez un patito feo al que nadie quería. Algunos lo acusaban de haber traído mala suerte a su mundo, de haber arruinado sus vidas; otros decían que sus plumas eran escasas y su belleza nunca sería suficiente. El patito, que sabía de su fealdad, era incapaz de hacer nada que pudiera cambiar el signo de sus horas hasta que uno de sus allegados le hizo entender que el mundo interior, la esencia de cada cual no importa si uno sabe disfrazarse (todo es imagen, baby, todo es imagen). Comprendió entonces que debía darse a tareas humanitarias, a causas perdidas que le hicieran volver a ser querido, como lo fue una vez, pensaba él, hace mucho mucho tiempo. Así, recorrió el mundo, y tomó la máscara de toda causa noble por la que debería luchar; algunos seguían llamándolo dinero, otro euros, dólares los de más allá, capitalismo los menos. Sin embargo, no le importaba demasiado pues estaba en las casas de todos aquellos que lo necesitaban sólo para comprar un poco de mundo, y, es más, en las casas de aquellos que se llamaban ricos cuando tenían dinero adoptaba la delicada forma de un cisne de porcelana al que solían adorar en noches de luna llena.

martes, 18 de septiembre de 2007

La chica del tren

La primera vez que vio tu cara todo fue calma, armonía en todas las mañanas. Una belleza serena; una belleza discreta; la posibilidad de iluminar un pequeño andén, un breve viaje, las primeras horas de un día cansado. La elegancia de unos silencios no deseados, de un cabello corto y ondulado que descansa mientras escuchas música, ajena al mundo en el que habitas. Él, esa primera vez, como hoy, estaba leyendo, apartado del lugar en el que vive, en la luna, en babia, que sé yo. Son tantos los lugares y tan poco tiempo. Sevilla, Sicilia, Florencia, una belleza renacentista: tú. La vida pasa, transcurren los días, la gente camina; permanece el recuerdo de un cuerpo que camina junto a otro sin saber nada el uno del otro, sabiéndose conocidos. Y la sencilla sensación de que no hay más luz en estos días que aquélla que él encuentra en los andenes, aquélla que tú dejas caer en los labios, para suerte de aquellos que te conocen.

lunes, 17 de septiembre de 2007

Intertextualidad V

Gustavo García Bordel, escritor y amigo, es un niño de muchos años al que le encanta su móvil, porque puede abrirse y cerrarse y, además le divierte, siempre, ver perder a la Barbie, más conocido como Guti, y sus Ken, más conocidos como los galácticos. Gustavo, decíamos, desarrolla en Confesiones de un personaje de ficción un breve diálogo entre el personaje principal, David, de sobra conocido por su habilidad para conocer mujeres pero incapaz de mantener relación alguna, de empezarla tampoco, y uno de sus mejores amigos, Antonio, llamado así por razones que no vienen a cuento ahora, diálogo que reproducimos a continuación:
"- David, eres un puto cobarde.
- Sí, me lo has dicho muchas veces, pero ahora, ¿a qué viene?
- Seamos sinceros. Creo que gustas a las mujeres.
- Sí, es posible.
- No, seamos sinceros. Yo sé, y lo peor, tú también, que gustas a las mujeres. Este mes has podido, no sé, conocer a varias, has tomado café, pero nada... No te ha llevado a ninguna parte. Y, joder, gustas a las mujeres.
- Sí, si tú lo dices, es posible que sí.
- Entonces, ¿qué te pasa? Ya quisiera yo.
- Ya lo sé, lo has repetido. Gusto a las mujeres y es una suerte; el problema, no sé, supongo, que yo no me gusto a mí.
Se hace un pequeño silencio, terriblemente melancólico y, al coger trenes diferentes, uno al norte, otro al sur se dicen hasta pronto, esperando ambos que algo cambiando, sabiendo que es difícil no ser los que somos. Y viajan en tren ensimismados. Sus casas quedan cerca, la vida a un paso."

sábado, 15 de septiembre de 2007

...

Si alguna vez, un día, vuelvo a verte,

habitará el mar todas las ventanas,

se mojarán mis pies en tus orillas,

vivirá siempre el sur en nuestra cama.

Si alguna vez, amor, volviera a verte,

tendría mi cuerpo tu apetito,

visitarían mis manos tus rincones,

serían placer todos los gemidos.

Si nunca más, amor, volviera a verte,

crecería dolor en las sonrisas

perderían color las azoteas,

serían sueño todas las mañanas,

una máscara absurda nuestra cama,

un silencio inútil estas líneas.

viernes, 14 de septiembre de 2007

Escenas de una vida ajena I

A Marta le gusta soñarse despierta, pensarse dormida. Hay unas escaleras que le encantan: en su momento dieron al mar pero que ahora se quedan a medio camino. Marta era pequeña en invierno cuando hacía frio y se sentía perdida. Me iba a las escaleras, recuerda, escondidas tras el paseo y dejaba que el mar me salpicara. El mar mojaba su pelo castaño, con mechas rubias; no sé si era el agua, el frío o el viento, pero cuando volvía a casa, se dice, los problemas no habían desaparecido pero parecían mas pequeños, insignificantes, y sonríe. Marta tiene otros nombres pero nadie los conoce aunque le prometan arroz a la cubana, helados varios; prefiere que la llamen Marta por no perder la magia, porque no desaparezca Fantasía. Sus ojos son azules y el mar casi siempre está en ellos, el azul del mar y el verde de los árboles; hay música en sus oídos y voces que a veces no deberían estar pero no importa, ya no. Marta, que jugaba con una muñeca llamada Katie, fea y largirucha como la vida en ocasiones, es fuerte ahora, y se sabe fuerte. Algunas noches, si te acercas a su mundo, puedes escuchar hermosas canciones tarareadas en sus labios, y es fácil pensar entonces que la vida merece muy mucho la pena a pesar del mundo en que la vivimos.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Because the night

Desnuda la noche, llegaste a mí envuelta en sombras. Nunca supe nada de ti más que por tus palabras aunque siempre fui feliz bajo tus órdenes.

martes, 11 de septiembre de 2007

Tablón de anuncios XIV

Hoy hay baloncesto. Nos vemos.

lunes, 10 de septiembre de 2007

Relatos hiperbreves XXIII

En la España de Manolito Palomares, para aquellos que traicionan los credos oficiales, para aquellos hombres-libro que recitan fragmentos de libros prohibidos, hay un destino peor que la muerte en la hoguerra y el destierro en Marina D´ors. Si el delito es grave, por ejemplo, el olvido voluntario de la lectura cotidiana de la prensa oficial, léase Marca (ya lo decía Tito Paco: pan y circo), los hombres-libro son condenados a la más dolorosa de las torturas: ser contertulios de Telecinco a lo que añaden, si el delito se repite, una condena aún más atroz: ser, en directo, el público de Aquí hay tomate.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Intertextualidad IV

Gustavo García Bordel, autor del libro Confesiones de un personaje de ficción y gran amigo, es muy dado también a sentencias de gran brillantes, de ironía fina y sarcasmos varios; como tal, ha publicado un pequeño libro, de apenas veinte páginas en la que suele dejarnos perlas de este calibre, perlas que, a menudo, se basan en la comparación entre dos realidades muy lejanas, método éste que recuerda a los surrealistas y a autores de la talla de Luis Cernuda, por subrayar alguno. Una de las sentencias que más sonrisas suele despertar es la siguiente:
"¿En qué se parece la selección española de fútbol a muchos de los estudiantes de la ESO?
En que ninguno de los dos ha hecho casi nunca nada, en que la mayoría de las veces no han obtenido ningún título pero, seamos sinceros, no es algo importante; ambos caminan con la cabeza muy alta. Ellos son así y el mundo, no lo olvidemos, los quiere."

jueves, 6 de septiembre de 2007

Buenas tardes, pereza III

He aquí el primer comentario que recibí exactamente un año, por otra parte, precioso. Perro que es uno; si no hay ganas de escribir, siempre nos puede ayudar alguien así que muchas gracias, chica. También podemos llamarlo publicidad nada encubierta ya que habla muy bien del blog. Si lo llamamos pereza, tampoco pasa nada. Cómo pasa el tiempo, parece que hace un año que lo escribió y, ah, es verdad, fue hace un año. Lo dicho: muchas gracias. Seguiremos por aquí.
Un beso dijo...

¡¡¡Que sepas que he tenido que crearme una cuenta en blogger para poder mandarte un beso!!!
Me encanta cutrelandia, el cafe de la unica calle y las peliculas en blanco y negro, solo espero poder seguir leyendote durante mucho tiempo.
Un beso
elbeso.blogsome.com

P.D: queridos lectores y, por supuesto, lectoras,
empezáis a preocuparme porque ya empezáis a escribir más y mejor que yo, así que, aquí, otra vez, gracias. Nos vemos en las calles.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Fábula de la princesa y el leñador

Érase una vez un leñador que buscaba a una princesa. Habían pasado ya dos años y tres meses desde la última vez, era otoño y temprano, que ambos se habían visto. Desde ese preciso instante, la única motivación de este leñador había sido, como contaba a toda aquella persona que quisiera escucharlo, había sido encontrar a la princesa con la que se encontró una mañana de otoño.
Su búsqueda le había llevado a los lugares más extraños, a reinos donde hombres y mujeres nunca se habían atrevido a penetrar antes. Había sobrevivido a criaturas sobrenaturales cuando muchos le daban por muerto sólo por volver a ver a la princesa con la que había coincidido hace tiempo. Había navegado por los mares más lejanos del sur, mientras un sol de cuarenta y cinco grados le quemaba su rostro. Pensar en la princesa le devolvía la cordura para continuar buscando: era, como hemos dicho, su único objetivo en esta vida.
Dos años y tres meses después, decíamos, alguien le habló de un reino más al sur, en el que había una princesa como la que él describía a toda persona que quisiera escucharle, una princesa de largos cabellos rubios, ojos verdes, piel pálida y manos suaves, de, añadía, no trabajar jamás. Le dijeron: más al sur hay una princesa como la que tú describes, pero vive en un castillo en el que todos los que la han buscado para proponerle matrimonio, príncipes de los más valientes lo han intentado y se perdieron en inmensos aposentos. Sólo, dijeron, encontraron sus cadáveres años después. Al leñador no le importaron demasiado estas palabras. Sentía que cada vez estaba más cerca y siguió caminando, muchos caballos habían muerto agotados en su viaje, hasta el castillo. Era, tenían razón, el castillo más inmenso que los ojos del leñador habían visto jamás, un castillo de puertas abiertas en el que muchos, antes que él, se habían perdido la razón buscando a la princesa.
También él se perdió innumerables veces, pero no le importó. Todo era cuestión de paciencia, cuestión de tiempo. No te rindas nunca, se dijo, has esperado más de dos años, queda poco. Y días después, tal vez semanas, encontró el aposento en que la princesa había pasado los últimos dos años de su vida sólo porque ella lo deseaba. Allí estaba, exactamente igual que hace dos años y tres meses, los mismos cabellos, los mismos ojos verdes, las mismas manos descansadas. Cerca de ella, había varias mujeres que trabajaban por ella, ofreciéndole un vaso de agua, comida si lo necesitaba, palabras si ella se encontraba triste.
- Hola, princesa, dijo el leñador, llevo más de dos años buscándote.
La princesa miró hacia él con total indeferencia pero una de las mujeres, morena de piel, de negros cabellos se estremeció al escuchar aquella voz, que creía totalmente olvidada.
- No te conozco, dijo ella, ¿nos hemos visto antes, plebeyo?
- Sí, princesa, nos vimos hace más de dos años.
- ¿Y todavía me recuerdas? Parece que lo que dicen los cronistas del reino es cierto: mi belleza me precede.
- Hace dos años, princesa, llegaste a mi casa, y me arrebataste cuanto tenía. Tú y los tuyos. Tus manos no podían trabajar, trabajarían entonces, así lo quisiste, las de miprometida. Se llamaba Ángeles y está aquí, contigo, ahora.
- Y seguirá conmigo. No puedo trabajar; mis manos no pueden realizar las funciones de una plebeya.
El leñador no pudo soportar estas palabras; lo único que le había mantenido con vida en estos años años era el odio hacia la princesa, la esperanza de volver a ver con vida a Ángeles. Degolló a la princesa en ese mismo momento, ante el terror repentino y la alegría posterior de las mujeres a las que la princesa había robado sus vidas durante años, durante lustros, durante décadas sólo por servir a una mujer de sangre azul. Se acercó a Ángeles y le dijo:
- Te he esperado todo este tiempo. Ahora otra vez la vida será nuestra.
- También yo, a veces, en noches sin luna, soñaba con volver a verte.
- Ahora, como dijimos entonces, podremos construir nuestro propio reino, con nuestras propias manos.
- Y allí seremos felices algunas veces. Y el pequeño reino que nos arrebataron hace años volverá a ser nuestra casa, con jardín y besos.
- Siempre será así. Te he esperado tanto tiempo. Deberíamos irnos. Una casa espera en nuestro pueblo.

lunes, 3 de septiembre de 2007

Intertextualidad III

En otro de los párrafos de Confesiones de un personaje de ficción, de Gustavo, sí, hemos dicho Gustavo, García Bordel, el narrador nos hace saber de la incapacidad del personaje protagonista para relacionarse con personas del sexo opuesto, en este caso, mujeres. Nos dice el autor:
" Lourdes era una de las últimas conquistas de David, que solía empezar relaciones con la misma celeridad que luego las acababa; no había término medio: era, o terriblemente encantador o encantadoramente terrible. Le salvaba, ya lo hemos dicho, su encanto pero le fallaban, siempre, las formas, incluso las más sencillas. Una noche, Lourdes, le dijo, asustada por la intensidad con que David solía tomarse las cosas, le dijo:
- David, no quiero nada serio.
Un día después, David, que seguía al pie de la letra tantas conversaciones, siendo como era un enfermo del idioma, se presentó en la casa de Elena, disfrazado de payaso y se dedicó, ante la mirada atónita de Lourdes, a intentar hacerla reír, usando todos sus trucos: malabarismos de palabras, silencios al aire, flores de agua que no alcanzaban el corazón de su nueva conquista. Todo fue inútil: ella le dijo, adiós, la vida sigue, nos veremos alguna vez pero no volvieron a verse nunca más."

P.D: cerrado por Europeo de Baloncesto hasta próximo post.