lunes, 31 de diciembre de 2007

Feliz 2008

Espero que todos los lectores de estas líneas tengan un gran 2008 y, qué demonios, también los que no me leen.

La ventana indiscreta II

Era el último día del año y todavía no habían aprendido a conocerse: él seguía creyendo que ella era un mero producto de su imaginación y ella estaba harto de que, para pedir un poco de azúcar para el café en las noches sin sueño, él se quedara mirándola sin saber dónde demonios estaban. Mañana, pensaron, ambos, será otro día, tal vez otro año.

domingo, 30 de diciembre de 2007

Fin de semana

Finjamos que hoy es viernes,
la noche ha llegado y nada nos importa ya,
excepto tú y, a veces, yo; yo, y, a veces, tú.
Envuélveme en tu sexo húmedo,
en la insaciable oscuridad de unos labios
agotados de ser mi arena, cansados de esperar
que toda orilla quede en nosotros.
Siéntate, así, a mi lado,
ahora que no hay nada aquí,
siéntate y olvida el tiempo:
hace frío pero no nos importa.

viernes, 28 de diciembre de 2007

Cartas a un joven español (de 143 años), por Tito Paco

Querido Santiago:

quería dedicarte algunas líneas ahora que la nuestra, esta patria, una grande y libre, parece desvertebrada y alicaída, pero antes, querido Santiago, me gustaría felicitarte por cumplir tus 143 años en pleno uso de tus facultades mentales, suscribiendo totalmente aquellas palabras en las que decías que la mujer debía estar en casa, fregando. Aunque creo que te equivocas en ciertas cosas, ya que también deberían estar limpiando el polvo, cocinando, barriendo y fregando. Así debería ser siempre. Así concebimos a la mujer moderna.
Y sé que han sido tiempos difíciles, un año para olvidar completamente en sus primeras fechas , en las que mi vuelta a este mundo me trajo confusión, absurdas teorías anarquistas a mi cuerpo de cani nuevamente reconstruido pero ver la luz fue fácil; bastó ver cuatro escenas de, valga la redundancia, Escenas de matrimonio para volvera captar el espíritu patrio, que nos hizo ser, hace años, una grande y libre. Y todo ha vuelto a la normalidad.
Querido Santiago:
¿crees que los divorcios express hacen más felices a los seres humanos? A los demás no sé; a mí sí, pero no se lo contemos a nadie ahora que debemos velar por los olvidades valores de nuestra gran patria. Me gustaría, asimismo, desearte un nuevo año en el que todo nacionalismo desaparezca de la faz de la tierra, todos excepto el nuestro, oh, nosotros que hemos sido iluminados con la gracia de Dios. Y maldita sea la gracia escuchar cosas como: Sin Dios ni patria, vergonzosas palabras que surgen de labios impuros que sólo han traído el mal a esta nuestra tierra.
Querido Santiago...
Nota del editor: la carta nunca llegó a buen puerto ya que Santiago, ese joven español, murió a la edad de 143 años en un ataque mortal de acné, esos hilillos que acabaron por ahogar toda muestra de juventud bien entendida en un hombre que lo había dado todo por su país durante más de 13o años, amén.

Train´s girl blues

Suenan los primeros acordes de Suzanne, en la voz, siempre profunda, de Leonard Cohen, en mis aceras. Pasa el tiempo y no sabemos verlo. Había una vez un chico, tímido y solitario, en otras palabras, un cobarde, que nunca supo acercarse a la chica del tren; y fueron muchas las estaciones en las que pudieron tomar un café. El café, chica del tren, el café se sigue tomando solo, ahora que ya no comparten ni siquiera el mismo trayecto, y a él, en algunas ocasiones, le habría encantado viajar contigo pero nunca encontró el momento para acercarse a ti, sentarse al lado y, absorta como estabas en tus calles, con la música en tus dedos, haberte hablado, un hola, cómo estás, preciosa llegas, habría sido suficiente. Y añadir, después, déjame escuchar tu música, estar en tus letras. Habría sido suficiente. Pero fiel a sí mismo, el chico tímido y solitario nunca supo levantarse, decirte hola, preciosa llegas.
Pero el chico nunca supo levantarse. Aunque él te viera caminar, bonitas piernas, hacia tu lugar de trabajo. Era, digámoslo así, pisar la misma orilla para bañarse en olas diferentes. Tan cerca, tan lejos, así era el viaje. Y al chico, callado, se le hacía radiante la mañana si la chica del tren estaba en ella. Así fue todo, duró unos meses, después la chica del tren se hizo presencia, aunque el chico, solitario, tenía ya otro mundo que habitar, un mundo que todavía no domina. Ahora, algunas tardes de nostalgia, él recuerda a la chica del tren, de pelo breve y belleza discreta, y una sonrisa ilumina su cara. Y a veces piensa: gracias por estar ahí, aunque no lo sepas.

jueves, 27 de diciembre de 2007

Carta a los Reyes

Queridos reyes magos:
olvidad por un momento que soy republicano y escuchad; sólo os pido un poco de atención.
Para el año que se acerca quiero dormir en una cama y no hacerlo solo.
Atentamente,
alguien que pasaba por aquí.
Queridos reyes, lo olvidaba:
no tiene por qué ser una cama,
he dicho, así que dormir en cualquier sitio,
si no lo hacemos solos, estaría bien,
mucho mejor si es con un poco de calorcito.

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Cuento navideño III: cómo Peter Pan perdió la inocencia

Ahora que algunos niños asaltan con fiereza todo centro comercial a la caza y captura de algún juego con el que engañar a sus vidas, que pocos creen ya en cuentos de hadas, es difícil conservar ciertos mitos. Es más, algunos niños se hacen adolescentes radicales y se dedican, hermosas postales navideñas, a quemar las fotos de los reyes, Magos, hay que decirlo; afirman que ya no queda tiempo para nada que no sea quedarse en casa y comtemplar la vida desde dentro. Campanilla intentó sobrevivir a todo esto, pero le fue imposible: ahora camina de noche, insomne, con la esperanza de que alguna sonrisa infantil le devuelva un poco de vida. No es posible por ahora: sólo sonríen a las madres si estas les han comprado el regalo apetecido. Y el Capitán Garfio parece ahora un ángel que siente vergüenza de sí mismo; cuanto puede hacer hoy es observar el mal en las ilusiones rotas de niños que no creen en su futuro e intentan impedir cualquier atisbo de presente. Pasa sus días en algún bar, hablando de tiempos mejores, aquellos en los que los malos sólo perdían una mano por culpa de un cocodrilo que había devorado un reloj. Hoy, se escucha, en el bar, hoy en día podríamos perder nuestro mundo si alguien supiera a dónde nos dirigimos. No le van mejor las cosas a Peter Pan, cansado de que Wendy se haya cansado de su actitud pueril, de su apatía, de que siga siendo, a estas alturas, el niño de la casa. Peter, le dice, volar está bien, si sabemos dónde pisar y tú, cariño, hace tiempo que no sabes dónde tienes la cabeza. Y qué, se dice Peter Pan, y qué. Wendy ha preferido compañías más reales, hombres más pragmáticos. Así se lo dijo y, desde entonces, nadie parece saber de él. NO vuelvas, le dijo, no vuelvas a Nunca Jamás. Y la orilla de cualquier playa desierta de este mundo contempla su soledad.

martes, 25 de diciembre de 2007

Cuento navideño II: cómo conocí a la chica del tren

Érase una ciudad imaginaria del sur de España, de nombre, es un decir, Dos Hermanas, en la que las noches de invierno son largas y las noches de verano, si mal no recuerdo, son más cortas, largos los días y el sol. Es invierno ahora, Nochebuena concretamente y anda uno relajado después de un interminable trimestre en el que la falta de rodaje ha quedado patente en su nuevo trabajo (ya lo decía Nietzsche, ¿o era el Fary?: lo que no te mata, te hará más fuerte) de profesor, maestro para los alumnos. Ya lo decíamos: se merece ese descanso. Y decide, sus amigos lo han convencido, dar una vuelta por una ciudad de la que empieza a olvidar tantas cosas -seamos sinceros, tampoco es que antes recordara muchas cosas- de forma que se acerca a uno de los pocos bares que le gustan de este lugar en el mundo al que tiende, en ocasiones, a llamar hogar. Ron brugal con coca cola, por favor, la vida lo merece. Y el tiempo pasa. Allí está él, entre gente interesante, pensando: incluso aquí, en estas calles, en esta ciudad hay gente que merece muy mucho la pena. Y el tiempo pasa, también los vasos de ron brugal. Y también está allí, preciosa, inmensamente atractiva, la chica del tren, una absoluta belleza discreta. Acaso no resalte en un primer momento, puede decir alguien, pero está claro que, poco a poco, se irá apropiando de la sala, conquistando todo rincón. Toda una belleza discreta. Y allí está él, con sus amigos, y ese eterno vaso de ron Brugal, dudando de que el vaso que tiene en la mano sea el primero. No, está claro que no es el primero, como lo demuestran sus ganas de ir al servicio. Un lugar poco propicio para cualquier tipo de diálogo pero allí, en la puerta del servicio para chicas, está ella, radiante, como siempre que él la ha visto. De fondo, la banda sonora de los años 80. Y ella le dice: creo que tu baño está ocupado, el mío también. Si no recuerda mal, este fue el diálogo. Bonita forma de empezar una conversación, ¿a qué sí? Sinceramente, si esto no es romanticismo, no sé que lo será. Romanticismo en estado puro, debería añadir. Y así se fue, tal como había venido. Es obvio que el autor de esta pequeña historia olvida detalles nimios, sin importancia, por ejemplo, el hecho de que ella estuviera acompañada, de que el alcohol haya hecho olvidar al protagonista de estas líneas cómo logró saber que se llamaba Susana si ni siquiera fueron presentados pero, bueno, esa es la razón de que estas líneas sean una historia, claro. Fue poco, pero fue algo. Ya lo decía Confucio (¿o era Woody Allen?): todo largo viaje comienza con un primer paso. Y ese primer paso fueron unas pocas palabras con la chica del tren, esa belleza discreta, que se fue como había llegado: caminando, lo que son las cosas.

lunes, 24 de diciembre de 2007

Cuento navideño

Cansado de que el maldito cambio climático haya hecho que la nieve del Polo, de cualquiera de los dos, esté desapareciendo, Santa Claus, conocido en otros lugares como Papá Noel, llevándose consigo -el cambio climático, se entiende- kilómetros y kilómetros de zonas vírgenes, él -Santa Claus, se entiende- decide, por su propio bien, que ya es hora de cambiar de horizontes, de ver otros paisajes, de que sea otro el que le dé una nueva perspectiva a un trabajo que ya le cansa. Tiene claro entonces que lo mejor es tomarse un año sabático, descansar de los demás y de sí mismo, convertirse en alguien totalmente anónimo e irse al sur, solo, para saber que se siente en otro mundo. Emprende la huida a ninguna parte y se hace, no podía ser de otra forma, cocinero de un chiringuito en una de las magníficas playas de Cádiz, siendo considerado, en apenas unos meses, uno de los mejores especialistas del gremio. Las palabras exactas son: un regalo para nuestras cocinas, un don para todos los paladares. Abatido, piensa, ni aquí, a miles de kilómetros de mi hogar, puedo librarme de mi destino, de forma que, días después, vuelve a su espacio natal, más triste si cabe, pensando: nunca debí irme. Al volver, se encuentra a un joven Santa, repleto de idesa novedosas, que ha convertido su hogar en un parque temático para empresarios con escrúpulos, que visitan todas las instalaciones en trineos, y dejan algún dinero en caja para que los niños más pobres puedan recibir, en las próximas navidades, algún que otro regalo. Exiliado de su propio mundo, Santa Claus, el anterior, se entiende, dedica ahora sus días a contemplar cómo la nieve sigue, lamentablemente, desapareciendo, mientras piensa: nunca debí irme, nunca...

domingo, 23 de diciembre de 2007

La ventana indiscreta

Otra noche de diciembre, piensa el poeta, sin sexo, sin un cuerpo que se arrime a mis brazos para sentir cómo los broches me arañan el corazón. Su vecina, más mundana, piensa, las tres de la mañana, las puñeteras tres de la mañana y ni un gramo de café en la casa que me mantenga despierta esta noche (se deja a la imaginación del lector las causas de la necesidad de permanecer en vela de la vecina) Y si le pido un poco, añade, a mi vecino, se me quedará mirando sin saber si soy una de sus fantasías de duermevela o una de las musas que lo han llevado al insomnio. Lo peor, culmina, es que no habrá café en toda esta noche.

jueves, 20 de diciembre de 2007

Cuentos populares II

Si alguna vez te acercas a mi casa, gato, deja las botas fuera. Estoy harta, dijo la gatita, de que la suciedad de tus huellas se vea a la legua. Un gigante, a lo lejos, decidió no acercarse a ellos, acostumbrado como estaba a que la astucia del felino lo acabara derrotando.

domingo, 16 de diciembre de 2007

17 de diciembre

Es mi cumpleaños, no me esperéis por aquí.
Hasta luego.

Instrucciones para empezar otras historias diferentes

Se coge a una chica que viene de una cena de Navidad, y se siente extraña porque todos piensan que es distinta de lo que realmente es, una chica cuya palabra, en estos días, es perturbación. Hay ya tantas sombras. Y se coge a un chico cuyos últimos meses están siendo difíciles, demasiado difíciles, en un contexto tan conflictivo como el de un instituto. La chica, que ha pensado varias veces en llamarlo en estos días, algunos días ha estado incluso a punto de marcar el teléfono, no se decide. Otra historia, ¿para qué? Pero todo es fácil, no se necesitan aplausos, se ncecesita levantarse, animarse un poco, marcar unos números que no conoces aunque los hayas visto mucho en estos días y hablar con una voz que apenas conoces pero que podría decirte muchas cosas.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Postdata

Estimado Jaime,
cuánta razón tenías, al decirnos: envejecer, morir
es el único argumento de la obra.
Olvidaste, sin embargo, expresar
que, para sobrevivir, cuando todavía éramos jóvenes,
necesario era ser un payaso, buscar sonrisas cómplices.
Aunque ninguno de nosotros oyó en su dramática

actuación un solo aplauso.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Cuentos populares I

Llevaba más de quince años esperando a su príncipe, besando a cuanta rana se encontraba a su camino, por si esta era la oportunidad perdida, pero todavía no había ocurrido milagro alguno: las ranas seguían siendo ranas, el parque no se convertía en palacio, los charcos no eran ningún estanque. Se miró al espejo y dijo, cuánta tontería y se fue a pasear dejando a su lado una rana que la miraba marcharse con unos ojos inmensamente melancólicos.

sábado, 8 de diciembre de 2007

Nada que hacer

Si alguna vez venís a visitarme, les dijo ella, dejad las máscaras en casa; no hay enemigos a este lado de la carretera, sólo una brisa suave que invita a sentarse bajo las ramas de un árbol, beberse alguna copa e imaginarse siempre así. Unas semanas después todos se acercaron a su hogar y la mayoría dejó las máscaras en casa. Sólo uno, que no había escuchado tan sabio consejo, se llevó su disfraz consigo. Lo encontraron a la mañana siguiente, un cadáver ya irreconocible. Los otros disfrutaban de un paisaje espectacular.

viernes, 7 de diciembre de 2007

El otro

Hino se fue a Japón y escribió del estremecimiento humano y sus secuelas. Al principio lo intentó con haikus pero fue incapaz así que decidió acercarse al mundo del manga, esa forma de cómic oriental tan conocido. Y contó la enfermedad de Zoroku y otras sombras extrañas, no deseadas. La maldad humana en todos los ámbitos. Horrible, horrible, horrible.Los demás tuvieron que cerrar los libros y apagar los ojos.

miércoles, 5 de diciembre de 2007

Ecos

Busca, le dijeron, tu voz en otras voces. Intenta encontrar una máscara apropiada para ti. Y, sobre todo, no dejes, si vas al bosque, que las ramas de los árboles te oculten el camino a tu casas, los pasos que te han de llevar a encontrarte contigo mismo. Y con alguien más, si no estás solo. Así fue como decidió salir del rincón en el que se había ocultado durante semanas.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Juegos de palabras

Sale el sol por la mañana, por la mañana sale el sol. Hay almas enfermas en la casa, y no, no quieren levantarse de la cama. Sin embargo, han de saber que el día sigue, sigue, a veces incluso en calma, si nadie nos ha dicho, no, no hay forma de encontrar una sala en cualquier rincón donde nos curen las tristezas, tristezas y nostalgias. Sale el sol por la mañana, por la mañana sale el sol, y nosotros seguimos buscando un sí aunque no, no haya nadie que nos diga: salgan, la vida nos espera, ahora que todavía es el alba, el alba el que nos ha dejado estar salir de estas sábanas en las que hemos vivido, hay que salir, hay que ver el dolor, comprender que toda moneda tiene, sí, en todas las monedas hay, sí, hay que decirlo, hay dos caras.

domingo, 2 de diciembre de 2007

I´m on fire III

Estimada Marta:
mis oídos todavía esperan tu voz, también mis ojos. Mis labios esperan tus palabras, te espera mi boca. Quiero, nada de esto lo has hecho aún que llegues a mi garganta y te arraigues en mis venas para que mis dedos escriban la delgada línea en la que tus muslos se diluyen en un horizonte irremediablemente visitado. Qué más da. Difuminados ya tus muslos, nubes oscuras, será el descanso un sitio en el que penetrar la vida, en el que palpar instintos, en el que dejarnos ser otros, animales sin más ánimo que el de acabar devorados por un universo que no deja de asombrarnos. Así, será, claro, si tú lo quieres, buscándote como llevo algún tiempo ya.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Aniversario

Dijeron, todo era en blanco y negro y un rictus de seriedad se había apoderado de la gente, Franco ha muerto. Todo parecía distinto a partir de entonces. Surgió el color, aparecieron los escotes, la necesidad de pensar por uno mismo, el destape y otras de formas de vida espiritual desconocidas hasta entonces. Algunos, más de treinta años han pasado, todavía intentan encontrarse. Otros, sencillamente, se acercan a la tumba de quien ya no está y piden a los cielos que alguien traiga de vuelta a quien hizo de esta tierra una grande y libre, como quien espera el autobús un domingo de feria. Los demás, simplemente, disfrutamos de un fin de semana tan necesario como tranquilo.