miércoles, 16 de enero de 2008

Costumbres ya perdidas

Nos habíamos llevado mucho tiempo juntos pero el tiempo, la monotonía, imagino, había acabado por convertirnos en amigos y todo, después, acabó por distanciarnos. Así son las cosas, hay que acostumbrarse, me dijo. Y así eran las cosas. Una noche de sábado en que ella no tenía nadie con quien hablar y yo no tenía ganas de estar callados, me llamó. Sería bueno cenar, me dijo, por los viejos tiempos. Y fue una cena espléndida, en la que todos los postres se acompañaron de silencios cómplices. Llegó la hora de irnos y le dije, pensando en que la posibilidad de éxito sería nula, me encantaría que nos acercáramos a mi casa, sólo por saber cuánto han cambiado nuestros cuerpos. Ella dijo, por qué no, me gustaría saber de ti en estos momentos. La cama era la misma pero volver a su cuerpo fue explorar un cuerpo que ya conocía y había dejado de conocer, con pequeños pliegues que yo había dejado de conocer, pequeñas curvas que me devolvían a ella, que, durante una noche, hizo que fuéramos una noche sencilla, repleta de serenidad y en el que la lluvia acompañaba nuestros deseos. Y la cama quedó sola, cuando ambos volvimos a nuestra rutina habitual. Así son las cosas, hay que acostumbrarse, recordé.

2 comentarios:

Lucía dijo...

Hola, Hino, ¿estas cosas pasan?, es que me siento como los del anuncio ese de "tengo un primo que te lo habría dejado en dos duros; mi hipoteca es más barata" que les pasa a todos menos a ti. Quiero que me digas que es ficción absolutamente.
Un beso.

H. dijo...

A veces pasan y otras veces no son más que ficción. No hay nada más. Besitos.