sábado, 12 de enero de 2008

El cuento o la vida

- Te quiero, oh, luz de mi vida, das sentido a mis días, conquistas mis noches, dijo el aprendiz de poeta, querría estar siempre en tus labios, añadió mientras no podía dejar de mirar a la chica que tenía enfrentado, que lo había hecho, le había dicho al oído, rozando sus pómulos, estar en paz con el universo.
- Cállate, le dijo ella, y deja la literatura barata para los anuncios de colonia. Toca mis pechos (te necesitan); palpa mi sexo, (está húmedo, por ti, para ti); penétrame. Y acerca las manos del aprendiz de poeta a sus muslos; suspira. Le dice: esto es la vida, aquí está, es tuya.
Se hace el silencio.

1 comentario:

Gus dijo...

y fueron felices y comieron perdices.