domingo, 3 de febrero de 2008

Canción de cuna para adultos

Llegarás tarde otra vez, dice tu mensaje. Y no sé cuántas noches van. Miro otra vez el teléfono: llegaré tarde, lo siento, y descubro que las palabras llegan a decirnos tan pocas cosas. Uno piensa en las causas: mucho trabajo, tal vez el tráfico de esta maldita ciudad en la que sólo hay luces o alguna cerveza con los amigos, tan merecida. Sabemos, porque lo hemos dicho alguna vez, que las palabras se agotan. Intento concentrarme, preparar las sábanas para tu cuerpo y leer un poco antes de que llegues. No deja de ser divertido: siempre dices que he vuelto a leer por tu culpa. Y, luego, me dices: deberías darme las gracias de alguna forma. Antes de acabar estas líneas, te encuentro siempre desnuda y pálida. Nunca fue bueno el sol para la piel, insistes, prefiero tu noche, y me calmas con tus manos, descansadas de nuevo en mis hombros. Entonces tus labios se aferran a mi boca y no sé respirar. Y no deja de sorprenderme una piel tan pálida en mis sábanas, entre mis piernas. Bastan algunos besos si estoy cansado, unas caricias, el placer genial de saber que tu placer también es el mío para dormirme a tu lado mientras tú sueles esperar un poco más para rendirte al sueño, acaso, saber que el hombre que hay a tu lado cada noche se comporta como un niño en tus brazos. Sólo entonces, al comprobar que ese hombre se deshace, se da al sueño, empiezas a rendirte. Y, ahora, llaman a la puerta. Te dejo para encontrarte pronto en mi cama. Sólo entonces te desearé que sueñes con los angelitos. No dejarás de reírte entonces, y me contestarás: los ángeles quedan lejos, soñaré contigo y el placer será inmenso.

1 comentario:

Yo dijo...

Es... sencillamente precioso :)



Con tu permiso, creo que voy a enlazarte ;)