lunes, 18 de febrero de 2008

Una tarde cualquiera

El mundo, me lo dijiste alguna vez, es otra cosa. Es atreverse a salir a la vida y no dejar que las manos, aunque estén cansadas, se queden en casa. Y no es difícil, dijiste, marcar un número de teléfono y escapar de esas paredes en las que vives últimamente, aunque en ellas haya paisajes en los que me perdí hace años. Los años no cuentan hoy, añadiste, déjalos atrás y sigue, sal al bar de la esquina y habla conmigo. Si no me encuentras, si no estoy allí, acércate a una mujer y pídele una tarde de café y pastel, algún paseo. Estaría bien, pero está lloviendo ahora. ¿Qué harías tú?, pienso, y dejo la puerta entreabierta.

2 comentarios:

Yo dijo...

Difícil está eso... A mí que me aborde un extraño así por las buenas no me mola nada... :P. Si te animas, ten cuidado no te vayan a poner el café por sombrero xD

Joselu dijo...

Serie de fragmentos hilvanados por un enorme ansia de comunicación y compañía. Me gusta eso de el mundo es atreverse a salir a la vida y no dejar que las manos se queden en casa. Es toda una invitación al deseo, tan difícil de realizar en verdad.