domingo, 6 de abril de 2008

Morón de la Frontera

Niña, hace tiempo que no hablamos, aunque sea para reírnos, de ti, de mí. Del mundo en que vivimos y de los pueblos que alguna vez visitamos. De nosotros, y de cómo nada resultó ser lo que esperábamos. El tiempo nos devolvió alguna de las tardes que ya pensábamos perdidas; también nos hizo comprender que nada es eterno. Aunque nos costara años darnos cuenta. Te imagino ahora, caminando por las calles estrechas por las que yo también caminé alguna vez. No demasiadas, para que mentir. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. A pesar de que en días de lluvia siga imaginando tu cuerpo contra el mío, húmedos los dos. Y una sonrisa que daba sombra a mi sur. A pesar de las últimas veces, en las que tú ya me decías: tenías razón, es el día a día el que importa, nunca promesas de amor eterna que no llevan a nada. Y recordábamos las palabras de Cernuda, que también nos acompañó alguna noche en Morón: no es el amor quien muere, somos nosotros mismos.

1 comentario:

La gata Roma dijo...

Esa frase de Neruda; nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos... es de mis favoritas, me ha acompañado mucho últimamente e incluso la he usado en el msn; son de esas cosas que me recuerdas sin saber como, jejeje Espero que la máquina funcione bien y te ayude a escribir cosas así.
Un saludo