jueves, 29 de mayo de 2008

Imágenes del sur, aún

Para Rebeca

Su marido murió hace años, como demuestra un luto que lleva desde hace más de unos tres años, y ella no ha conocido otra vida. Sólo una casa blanca y la alegría de saber que hacer feliz a los suyos la hacía feliz a ella. De educación le viene, aunque sus nietas no logren entenderla ahora, ahora que su padre les pide las zapatillas y ellas se niegan, les dicen que las busque él. Las cosas han cambiado, le dicen, pero hay imágenes perennes. Imágenes en las paredes blancas de la mujer de luto, acostumbrada como estaba a vivir para los suyos, de su marido, de un hijo que se le fue, tristemente, antes de tiempo y otro que la visita menos de lo que ella desearía. Perdido su rumbo, le encantaría tener cerca otra vez a su marido, cuidar al niño, decirle la vida es mala, te quiero, vuelve pronto, te prepararé comida. Acaso el sur profundo. Acaso. Y tal vez no. Y, algunas veces, vuelve de la cocina, arden los vasos, y deja, al lado de cada una de las fotos de los suyos, el marido, el hijo que se fue antes de tiempo, alguno más, un café y una magdalena. Si alguna vez le preguntas, te dirá, sonriendo: "Los niños, que me lo han pedío".

3 comentarios:

La gata Roma dijo...

Pues si, sur profundo, lo has descrito perfectamente, y eso que ya cada vez queda menos…
Kisses

Anónimo dijo...

Qué íntima y humana tu versión del síndrome del nido vacío.
Un beso.
Lucía.

Rebeca dijo...

Me impresiona enormemente cómo has descrito a la abuela sin conocerla. Se me saltan las lágrimas cada vez que lo leo... y no puedo dejar de leerlo una y otra vez ¡Qué homenaje! Gracias.