martes, 27 de mayo de 2008

Miedo IV

Cuando se despertó, Jiménez Losantos todavía estaba allí. Y, por si no fuera suficiente, cansado de la aventura africana, acaso cansadas estas tierras de él, Sánchez Dragó había vuelto a casa. Una imagen kafkiana: los dos estaban allí, frente a su cama, con una sonrisa pícara, sin decir absolutamente nada. Llamaron a la puerta y la sonrisa de ambos se hizo mucho más amplia. Sánchez Dragó fue el primero en decirlo: la Esperanza es la última que se pierde.

2 comentarios:

Sorel dijo...

No sé qué experiencia es peor, que te pase esto que narras, o que por contra, te despiertes una mañana convertido en una cucaracha.

La gata Roma dijo...

¡Aaaaaaaahhhhhhhhhhh! De verdad, te agradecí que me dedicaras el tercero pero a mi estas cosas es que me dan tela de rollo… Me descompongo entera, jajajaja
Kisses