lunes, 19 de mayo de 2008

Vida enlatada

Llegar a casa, decir, hola, ¿me echabas de menos? Y escuchar, otra vez, tus malditos sarcasmos, escuchar tu silencio, y odiar el momento en que el eco de las risas enlatadas ahoga todas mis palabras. Recuerdo tu amenaza: convertiré nuestra vida en una serie. Y así nos va. A veces traes a un coro de amigas, que observan con curiosidad malsana todo diálogo. Digo: ¿me echaste de menos?; y tú respondes: ¿te he echado alguna vez de más? Se escuchan entonces risas enlatadas; alguna amiga, más soez, llega a aplaudir y pide un bis, pero dejas claro que ahora tocan anuncios. Mientras te bañas, ellas conversan entre sí sobre los entresijos de una relación en abierto, y hablan de los próximos pasos. Esperan con impaciencia a la estrella y ahora que vuelves, te acercas a mí y me susurras: mi cuerpo te echa de menos. Una de ellas silba, otras quieren ver toda escena pero estas están codificadas. Entonces, yo tengo un destello de grandeza, y te digo, para que ellas me escuchen: perdona a mis labios, encuentran placer en los sitios más insospechados. El griterío entonces es ensordecedor. Consigo que calles durante algunos instantes, pero pronto vuelves al ataque, para gloria de las espectadoras y miseria de una relación que parece definitivamente rota, convertida casi siempre en una escena ridícula de esas series que tanto criticábamos cuando tú y yo nos acercábamos, en los primeros días, a una de esas películas en las que jamás hubo risas enlatadas, diálogos de cartón.

1 comentario:

sofia dijo...

soy yo...público...te hablo desde la cuarta fila...hay un señor con un cartel donde se puede leer: "Aplausos"...pero ...no puedo, ..me dan ganas de llorar...

...es tan bueno...