miércoles, 18 de junio de 2008

Sierra Sur

Un buen profesor es aquel que se va haciendo progresivamente innecesario.
Thomas Carruthers

Llegaste a Osuna un cuatro de octubre en que todo presagiaba derrota y no te equivocaste: miedos, inseguridades te pudieron hasta que recordaste que hay cosas que no se entregan a los cobardes, la vida entre otras cosas. Y supiste entonces, aunque fuera gracias a otros, que las cosas había que hacerla de otra forma y la atención que había que prestar era diferente. Y te propusiste aprender cuanto pudieras para tener los cimientos necesarios para que la casa en la que estabas construyendo tus días sea, en algún momento, el mejor de los hogares posibles, con amplias ventanas desde las que aprender a pensar el pequeño rincón del mundo en que vivimos. Y empezaste a obtener pequeños triunfos, a los que nunca supiste darle el valor necesario porque, pensaste, no eran las paredes que habrían de decorar el suelo en que querías ser tú, otra vez. Y, como ya sabías, empezaste a conocer miedos, sensibilidades, penas y tristezas que ya habías vivido, hace años: se llama adolescencia y nunca quisiste volver a ella. Recordaste las palabras de algún escritor inglés y te reíste pensando en tus estudiantes: la adolescencia es una enfermedad que se cura cumpliendo años. Y aprendiste de nuevo, aunque te llevó un tiempo, a domir contigo mismo porque volvías a ser honesto contigo mismo, y con los tuyos. Y recordaste tu adolescencia, y todos sus peligros, y pensaste en la intensidad con que te llegaba lo nuevo y la rapidez con que lo olvidabas todo: un maestro, un amor, un partido de fútbol. Te resulta divertido ahora cuando algunos te dicen. maestro, ¿estarás el año que viene?, te queremos en cuarto, te vemos a todas horas, y demás. Sonríes porque sabes, y es normal, que ellos están empezando a vivir, y pronto tendrán experiencias nuevas: otro maestro, algún amor, una foto con la que sustituir palabras, la sensación, diría, de que todo pasa pero podría pasar mucho más, y tal vez recuerden a un maestro que no los tuvo en orden jamás pero que los disfrutó sobremanera, para bien y para mal. Están empezando a vivir, te dices, ahora que tú estás en la mitad del camino y cada paso te hace saber que hay cosas que ahora empiezan a restarse. Y sabes que es emocionante verlos madurar, crecer, evolucionar, aprender, si es posible, a pensar, equivocarse. Y amar el camino, a pesar de los pesares. Y miras las fotos de todo un año, de todo un curso, tantas mañanas sin vivir, sufriendo de forma placentera las acometidas de unos locos bajitos a los que habría fusilado sin dudar. Piensas en las fotos y en todas las cosas que no dicen, y no dejas de decirte que vivir en fotos no es manera de vivir, que todo está en las calles, en las aulas, en los pasillos. Y ves los rostros de aquellos que prácticamente piensan la ciudad por primera vez y sólo te vienen nostalgias: maestro, me merezco un ocho, si no me lo pones, me voy al director y te denuncio. Imágenes que dicen : sonreír, ¿yo?, es que es un clásico, aunque no haya sonrisas en la foto. Maestro, te vemos en todas partes, qué cansino, aunque sí haya sonrisas en esta foto. El placer insospechado de encontrar la brillantez en los momentos más inoportunos. Todo pasa, la vida sigue, vivir, desde el principio, es separse, tomar otros caminos. Y sabes que el suyo será otro, emocionante a pesar de los pesares. Y esperas que ellos, como tantos otros, porque en estas palabras se resumen, tantos libros, aprendan que, a pesar de todo, no hay nada como estar enamorao de la vida, aunque a veces duela.
Y como parece que todo texto encuentra huellas en los lugares más insospechados me encontré con una respuesta, inesperada por otra parte pero inmensamente tierna, que traigo ahora aquí, sin faltas de ortografía y sin fotos, ahora que estoy intentando que se den cuenta de que la vida no está en las fotos, está en los olores, en los sabores, en los pequeños gestos con historia que nunca aparecen en las fotos, ahora que salen para ser imágenes del Tuenti. El texto pertenece a una de las alumnas, una de las más creativas obviamente, aunque no haya sido capaz de quitarle la tendencia a tener faltas de ortografía y más faltas:
Ya terminó el curso, estos nueve meses en los que he aprendido muchas cosas, hasta sé hacer ecuaciones...Pero no solo aprendí eso, aprendí a pensar según mi maestro de lengua. Hice amigos, aunque tuviera mala leche y echaba miradas de asesina. Me tenía que reír de cada cosa que decían porque todo eran parpujos. Ya no escucharé, hasta el año que viene,¿por que a nosotros no? Otras cosas las escuchare a diario:¿y mi historia? Pero hay cosas que no volveré a escuchar, pero espero leerlas, cosas como: reírme yo, por favor, yo soy muy serio; deja que lo piense...No; sigue escribiendo. Puedes que no haya impuesto autoridad como otros maestros pero lo que aprendimos contigo no se nos olvidara. Algunos profesores nos hacen estudiar esquemas que después del examen olvidábamos, tú nos enseñaba cosas de la vida, y eso nunca se olvida. Tú seguirás riéndote de "Operación Lloriqueo", de Puenti y de que nos levantemos con la cámara de fotos en la mano preparadas para pasar un día entero echándonos fotos. Seguirá diciendo que no entiende para que vamos al gym si sólo tres músculos son los importantes. Me acordaré de Heidi, la italiana, ya que el maestro le cuenta la relación amor-odio que existe entre nosotros y él. Y bueno, esperaré a la universidad a ver si allí esta el chico que nos recomienda el maestro. En fin, que me acordaré de ti, maestro y me acordaré de este curso, en el que los dos hemos sido unos de los nuevos.

4 comentarios:

palhoma dijo...

tu como no culpable de que yo llore

Yo dijo...

Qué bonito este post... Bueno y los otros... como siempre. Pero no sé... me ha gustado tanto cariño hacia esos locos bajitos que más bien son hijos de satanás :P, pero bueno... No sé, es emotivo y tierno.

Un besito.

Anónimo dijo...

Igualmente Paloma...Pero maestro, si al final te lo has pasado muy bien con nosotros, aunque lo de Valencia no haya podido ser...

Ana

Anónimo dijo...

Ha merecido la pena. Enhorabuena.
Un besazo.
Lucía.