martes, 15 de julio de 2008

Sicilia

Per la mia sorellina

Sicilia é la mia sorellina. Un volcán, enorme, de sensaciones que, algunas veces, se apaga, en días como estos, si la soledad le puede. Una tristeza infinita que pretende escapar de sí misma. Y olvida entonces que su sonrisa es el mar en el que cuantos se sumergen encuentran la calma necesaria para descansar, de sí mismos y los demás, un rato al menos. Olvida entonces que sus ojos denotan la inmadurez necesaria para jugar a la vida cuando otros están perdiéndose en ella, olvida que sus ojos denotan la madurez necesaria para saber que la vida es un juego serio en el que ella ha ido creciendo hasta hacerse todo una mujer. Un tanto triste en días como estos. En que no recuerda de sí misma más que es un corazón en soledad que no se siente bien consigo misma, a pesar de los pesares. Olvida entonces que ella es la curiosidad a orillas del Guadalquivir y un montón de preguntas que su hermanito, orgullosa de haberla conocido, apenas puede responder, un montón de preguntas que su hermanito también se hace cuando ella se siente bien y la curiosidad le puede. Casi siempre. Y olvida entonces que ella es el cine, el buen cine, una sala de cine, a los siete años, en la que veía películas con su papo, y se sabía diferente a los demás. Una luz tenue que acabaría por definirla como belleza discreta muchísimos años después, ahora que la contemplan veintitrés años y hay días en que, le parece, son muchos más los que le pesan. Una luz tenue que acaba por alcanzar a todo aquel que la contempla, una belleza discreta que, poco a poco, brillará como ninguna si sabes contemplarla. Una luz un poco triste en estos días, que olvida que ella es un pic nic compartido a orillas de un río en que dejó su huella, en una ciudad que la sigue echando de menos y que aún busca su sonrisa en días de verano con poco sol y mucho viento. Y olvida que es la inteligencia de saber que, en ocasiones, lo más difícil es saber que, al otro lado de la ventana desde la que hoy mira con nostalgia, hay un mundo que la espera, impaciente, que la necesita, siempre. Y tal vez tengan razón, y tanta belleza duela, pero ella, ya lo sabe, sólo debería acordarse, está enamorá de la vida aunque a veces duela.

No hay comentarios: