miércoles, 9 de julio de 2008

Summer Days

Volvió a tocar Cádiz, otra vez, aunque no fuera la ciudad más tópica, sino una tasca de alta alcurnia en la que comer fue, inesperadamente, todo una delicia: los descubrimientos de Sevilla Calling. Y allí, por enésima vez, estuvimos de tintos, ya sí de verano, y otros manjares, tan clásicos como exquisitos. Y la voz del flamenco se apropiaba por momentos del lugar aunque no prestáramos demasiada atención. Otra vez el placer de las pequeñas cosas, que nos tuvo allí cinco horas, las horas se hacen minutos entre amigos, Sorel estuvo allí, hasta que nos reclamó Jérez y una joven promesa, que empezaba, casi, su periplo musical en esta gira. Y allí, también, entre nosotros, otra joven promesa, Memphis Blues Again avanti, nuestro Dylan del sur: Kiko. Aunque dejáramos que el tiempo nos pasara en alguno de los bares que rodeaba al estadio, viendo la vida pasar, la vida, aunque no venga a cuento, en todas sus formas. Y, con todas las reservas del mundo, allí estaba, delante de nosotros, un chico que empezaba en estos momentos en el difícil mundo de la música: Bob Dylan. Y, la verdad, impone verlo a escasos metros de ti, cuando has disfrutado de canciones sublimes como Just like a woman, y alguno de sus últimos discos alcanza la perfección. Allí estaba, sobrio y austero, y todo empezó a saber a música, a blues, a suelo del que ha pisado muchos caminos y conoce otros tantos. Un extranjero en cualquier parte cuya voz, cuya banda nos hizo encontrarnos con momentos realmente sublimes, de música de una profunidad inusitada, y de sugerencias varias, momentos en los que el escenario parecía un espagueti western y el mundo se detenía, ratos en que el mundo entero nos pareció algún rincón perdido del Mississippi y la sombra de Robert Johnson haría acto de presencia en cualquier momento. La música de un hombre que, no lo olvidemos, se acerca inevitablemente, a los 70 años. Y fue hermoso comprobar que todas las etiquetas pueden tener razón o estar equivocadas, hermoso comprobar que el concierto, de blues, country y memorables letras, fue, nada más, que un enorme concierto en que cada pieza, cada canción , maravillosamente bien hecha, no era más que un trozo de tierra, árida, difícil, sorprendente, en la que perderse por unos minutos, y descansar allí, era una auténtica delicia, un verdadero placer, en estado puro.

2 comentarios:

sevilla calling dijo...

¿Quién coño es ese Bob Dylan? Yo de Operación Lloriqueo no salgo, no hay vida musical más allá de un buen llanto...

elqueescribe dijo...

Jajajajajaja, eso digo yo, viejuno, eso digo yo... Pincha en el nombre, que siempre hay sorpresa musical...