viernes, 29 de agosto de 2008

Pequeñeces

Érase una vez un hombre pequeñito que se creía muy, muy grande, casi enorme. Como casi tantos otros. Un hombre que quería hacer, pensaba, de su tierra, del pequeño lugar del mundo en el que habita, uno de los reinos más importantes que vieran los años, 200 concretamente. Un hombre que se escondía entre trapos tan absurdos como los de una bandera y hablaba de riquezas diversas que él, oh, insigne patriota entre patriotas, había dejado a su tierra. Un hombre tan pequeño del que sólo quedan algunas fotos, sus tristes palabras y las palabras de un hombre, este sí, grande entre los grandes, Groucho Marx: si habla como un idiota, camina como un idiota y parece un idiota, señores, no se dejen engañar: es un idiota. A pesar de las herencias que el hombre pequeño ha dejado en bolsillos que siguen estando, como ya lo estaban en su tiempo, perdido ya entre las sombras, vacíos. Como las sombras de un hombre pequeño que sigue sin saber que cada día es más diminuto, como las grietas de un país que, dicen, se está rompiendo, a pesar del esfuerzo de todas las abuelas de este pequeño reino que tratan de remendarlo.

1 comentario:

Sorel dijo...

Es un idiota. Eso lo podría ver hasta un niño de 4 años.
Por favor, que alguien me busque un niño de 4 años!! :)
Te invito a que, si no lo has hecho ya, leas la columna de hoy de javier Ortiz. Explica muy bien las cositas de nuestra extraña democracia:
http://blogs.publico.es/eldedoenlallaga/?p=338