viernes, 5 de septiembre de 2008

Imágenes de Messina

Per la mia sorellina, Idu

Era casi la una de la tarde y ella te esperaba en la estación, siempre el tren. Con ella, el amor todavía no descubierto de sus vidas. Y era hermoso volver al andaluz, al pero, bueno, hombre, aunque un tanto exagerado, sorellina, un tanto exagerado. Y saber de su preocupación por el examen del DELE. Obviamente, también la tuya, profesor antes que amigo en los tiempos de Sevilla en que nada parecía ir mal, y tampoco hacía falta. Os acercasteis a la playa y, en el trayecto hacia ella, te habló de sus tristezas, de sus miedos, de sus nostalgias, también alegrías. La soledad de volver a un lugar que no parece tuyo y de un corazón grande que a veces dolía. Así son las cosas, Idu, aunque yo tampoco, decías, puedas entenderla. Y os bañasteis un poco en la playa pero leer, ah, leer, para ti, siempre es más interesante. Io non ho paura, leíste, y te habría encantado que fuera verdad, pero te pueden tantas cosas. Y en la playa fuiste feliz, siempre en sus fotos, siempre en tu memoria. Una sonrisa sin ridículos, una sonrisa sincera, hace poco tiempo. Y te dijeron arrivederci, tan formal, tan de usted, tan de maestro. Y escuchaste a Idu; hermanito, llegamos tarde, tenemos que comprar, no tenemos tiempo. Y la veías sonreír, su vestido de los años sesenta, belleza remacentista, pequeña belleza, en contraste con su enorme sonrisa. Nos esperan Robu, Cris, Mose, mi madre, no sé il mio papo. Y te hablaba de canciones italianas: siempre que conduzco, hermanito, me encanta poner todas las canciones a mucho volumen, y cantar, y sentirme libre, y ser feliz. Entonces tú, por primera vez, escuchaste, en la voz de la tua sorellina, en la voz de Caterina Caselli, Nessuno mi può giudicare, y la canción se quedó en tus oídos. Y hoy tus manos, escriben desde el recuerdo, desde la distancia, dando las gracias a la tua sorellina, por esa tarde, por ese viaje en coche, por esa voz que no conocías. Ahora que estás en Sevilla, ella en Roma, y tú estás escuchando, por enésima vez, esa canción; Cento Giorni y algunas más. Y lo sabes: si sabes escuchar, siempre hay algo nuevo al otro lado de la calle, también a éste, si intuyes que tu pequeño rincón en el mundo es sólo eso, descubres que sólo es una pequeña calle en una ciudad que promete tanta belleza. Y Messina queda en tus manos, ahora que recuerdan este pequeño trozo de tu viaje.

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