domingo, 19 de octubre de 2008

Vida en Tusconahattan

Para Robu, Cris e Ida, la mia sorellina

Hay noches que invitan al placer de vivir, a la ternura de compartir con las amigas un trozo de tiempo, un rincón de este lugar que, a veces, llamamos Roma y, otras, simplemente, estar lejos de casa, quiero volver al sur, el sur me consuela, dice Ida. Y llamamos a otros amigos por celebrar con ellos nuestras ganas de sentirnos vivos pero ya se han ido, traicionando un código que creíamos necesario. Qué más da. Somos el sur, y el sur se vive, aunque sean las dos de la mañana y la ciudad sea Roma. Brindemos por todas aquellas cosas que nos acercaron, que nos trajeron al mismo piso e hicieron que fuera la misma luz la que nos despierta; brindemos por esa bella nariz que tanta suerte nos ha dado algunas noches; brindemos por tu vitalidad, por los días de playa en que nos empujaste a jugar a ser felices; brindemos por la madurez de todavía no haber crecido. Ya sabéis que, a estas horas, en esta ciudad, la calle es nuestra, y lleguemos al primer bar que nos sea abierto, sigamos bebiendo por la alegría de habernos conocido. Y no, no queremos conocer a nadie más, gracias, camarero, por quitarnos a este pesado, gracias por echarlo, sólo estamos viviendo, nada más. Salgamos a la calle, veamos la luna, hablemos en otros idiomas por ver si así nos saludamos. Hablemos español, lo bastante como para recordar que hubo otra ciudad y otra vida, otros amores y otras líneas; inglés, sólo por ser educadas y un poco de francés, por decir hola a todas las ventanas, por hacer de nuestro exilio una noche que no termina. Seamos políglotas, mujeres de otro mundo, de otras ciudades por un día. Brindemos por la brisa que empuja nuestros pies a nuestra casa, copas de vino y vasos de cerveza en la salita, brindemos por la luz de una noche que no termina. Y hay minutos que parecen horas y llantos que parecen siempre, y niñas que quieren dormir, aunque el corazón les duela y el amor les diga eres pequeña. Y niñas que buscan una voz que las conforte y hablan, y les duele, todo el mundo dice no eres para mí pero yo no sé nada, apenas algo, pudiera ser, qué bueno eres, te llamo luego, estás borracha, no, no lo estoy, es sólo que me alegra hablar contigo, y hay una niña que se ríe, y se ríe, y dice, otra vez, es que me alegra escucharte, hablar contigo, y hay niñas en la cama, niñas políglotas que dicen yo quiero que me quieran como yo quiero, así lo quiero, y quiero escucharte y ser feliz, estar conmigo, estar contigo, y se abrazan, y hay niñas que se besan en la nariz, bella nasu, sólo por darse suerte, sólo por olvidar que esta noche han llorado, sólo por recordar que esta noche han reído. A lo lejos, alguien canta, canciones de cuna para acunar entre las nubes a niñas de muchos años que empiezan, el cansancio hace mella, a decirse, buenas noches, mañana será otro día. A lo lejos, alguien canta, canciones de cuna, los minutos pasan, ha sido una jornada larga, ellas se quedan dormidas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hermanitooo!! Qué hermoso es este cuento!! Lo leì con Cris y Robu y fue impresionante reconocernos en todo!! Imprimiré también esta pàgina y la pegarè a la pared como todos tus cuentos que hablan de mi!
Graciasss!!