martes, 25 de noviembre de 2008

Un poco de frío

Abres una ventana al mundo y tus pies, descalzos, palpan el frío de todas las raíces de tierra que se sumergen en tu camino; es el frío, casi diciembre, el que llega a tus rodillas y hace que pisar las calles duela a veces. Casi diciembre es el frío, y la noche, que llega antes a estas horas, en estos últimos días de noviembre, hace que te duelan un poco los ojos, te cale el sueño y recuerdes la nieve de diciembre que, alguna vez, viste en Alemania, nunca aquí. Casi diciembre, y estás solo, otra vez, pero no importa, ya sabes que un poco de tristeza nunca viene mal al corazón. Casi es diciembre y hubo un tiempo de verano en que no estabas solo y era Florencia; había candados, candados que juraban amor eterno pero no hay piel que pueda escribirse en ciertas historias, mejor, mejor la libertad de pensarnos, de estar, bajo la lluvia, cinco minutos; bajo el sol, diez; bajo el frío quieto de un noviembre que se acerca a las orillas de un diciembre en que todo amenaza tranquilidad, descanso y pocas batallas, un diciembre de nostalgias varias y escasos exilios, toda una tarde, toda una vida. La ventana al mundo seguirá abierta, habrá, todavía y será diciembre, un poco de tristeza en el corazón, pero todo será distinto.

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