domingo, 9 de noviembre de 2008

Chanclas perdidas

Para Ana Belén, Pilar, Paloma, La zona Village People de Sierra Sur, María Luisa y Cristina (siempre), para Sandra, los de la pancarta, y tantos tantos otros de Sierra Sur con los que yo he aprendido a ser mejor

Volver al instituto en el que has dado clase hasta hace tan poco tiempo siempre te revitaliza, te hace saber por qué te encanta tu profesión y esperas no dejarla en mucho tiempo. Aunque vayas a visitar a tus primeros estudiantes un día en el que tú no tienes clase y te has levantado a horas muy tempranas de la mañana. Ellos, y ellas, claro, merecen el esfuerzo. Y es bueno que te saluden apenas has entrado en el instituto y te recuerden que por fin has venido, maestro, qué vergüenza no visitarnos la primera vez, te vio todo el instituto menos nosotros, qué vergüenza; oye, sabéis que lo siento de veras. Bueno, maestro, no tenemos clase, así que nos tienes que abrir; no, no puedo, ya no soy vuestro profesor y no estoy de guardia, recordad que sólo vengo, nada más, y nada menos, a visitaros; vale, maestro, pero yo sí tengo que subir contigo, pídele las llaves a alguien porque se me ha olvidado recoger algo importante de la maleta, pero, bueno, venga, qué le vamos a hacer, hey, pero, qué hacéis todos conmigo, sólo debía subir David, dónde vais, por favor, no me van a dejar entrar aquí nunca más; no te preocupes, Pepe Manolo, que haremos poco ruido, pero ahora tienes que salirte un minuto, sólo un minuto por favor y, volver a entrar, sorpresa, te hemos escrito esto, David, la idea ha sido tuya, ¿a qué sí?, no de todos; pero tú sabes que la idea ha sido de David aunque sea todo, de todos, un detalle, y habrían llegado las lágrimas si no te lo hubiesen contado. Maestro, y ahora tienes que entrar con nosotros a clase, o después, después a Lengua; bueno, pero, por favor, recordad que tengo que saludar a más gente; si no, me matan, y escucharé, por enésima vez, encantado, eso sí, por qué a nosotras no, pero sí, después tengo que veros, lo prometo. Y es un placer volver a estar, relajado esta vez, en pasillos que tanto te hicieron sufrir al principio, poco después, intentar saludar a alguno de los que conoces aunque escuches, no, Cristina, todavía no ha llegado; María Luisa estar en clase, y ver un montón de caras nuevas, el claustro ha cambiado y salir al pasillo, mejor salimos fuera, estamos molestando, hola, Ana, hola, Paloma, qué pena me dio no haberos saludado, me alegra veros, imagino que sigues con ese pavo; también al aire libre, ¿no tenéis clase?, no, maestro, no tenemos clase, tienes que quedarte con nosotros, estás de guardia, sólo vengo a visitaros, qué más da, estoy de guardia; hola, Alberto, bonito pendiente, dónde has dejado a los otros Village People; hola, José Manuel, te noto cambiado, no sé, más delgado, pareces mejorado; no sé yo, será que me he peinado; hola, Pilar, qué tal esas notas, imagino que todo diez; más o menos, maestro, más o menos, aunque ahora tenemos a otro que lo sabe todo; Ana, no he olvidado tu cuaderno, a pesar de que, ya lo sabes, el pavo me distrae, y oiga hablar de cotillear en los pasillos, escuchar en las paredes y tanques rosas que parecen no llevar a ninguna parte. Maestro, te tienes que venir con nosotros a Francés, sí, seguro que Cristina te deja; y ahora nos hacemos una foto, venga, maestro, una foto, y después habla mucho con Cristina, que llegue tarde, venga. Ahora voy a desayunar, después os veo, no puedo perderme esos churros con chocolate, y descansar un poco, tanta emoción sosegada, tanta nostalgia tranquila, volver al instituto, volver a clase; no, maestro, tienes que entrar en Francés, con nosotros; después, os lo digo, les prometí que iría con ellos a Lengua; a la media hora estaré en Francés, sí, es cierto; hola, Mari Carmen, me alegra saber qu e este año estás con Elena; hola, maestro, así que algunas dicen que eres un hombre sabio; para nada, Mari Carmen, sencillamente, nada más, algo enseño, mucho aprendo; tú y yo, los más cañoneros, los únicos que dejamos comentarios; hola, maestro, tengo la foto que me regalaste en la pared; hola, Sandra, recuerda lo que dice; sí, maestro estoy estudiando. Y es bueno entrar en clase y saber que siguen siendo una clase maravillosa, que escribe y escribe narraciones, alguna sobre el encuentro, espero leerlas, y toca francés, que ni siquiera sé cómo era. Italiano sí, olvidé francés. José Manuel, dice Cristina, estudiaste francés, sí, pero no recuerdo nada; mal, mal estudiante, un poco, tal vez, al escucharlos, pero poco, casi nada. Maestro, siéntate aquí; no, Tania, que seguro que discutimos; no, maestro, seguro que no; ¿ves?, ya estamos discutiendo; y prestad atención que yo lo estoy haciendo; por favor, un poco de silencio; hola, Agustín, tan callado como siempre; hola, Macarena, serías de las mejores si quisieras; es posible, maestro, pero no lo digas mucho, para que no me riñan. Y, ahora, toca Física, que no química, y estás allí, callado, con José Manuel, su profe, pero es imposible, no hay quien los entienda y entonces sabes que, muchas veces, estar allí sentado, intentando comprender cosas que te suenan a chino, es difícil y esperas que ellos tengan su recompensa, eso esperas. Y José Manuel les dice, y tú escuchas, aquí mejor no digo nada, que, por lo que veo, se lo contáis casi todo, y escuchas a Belén: yo, todo, maestro, yo se lo cuento todo; José Manuel, no te preocupes, lo hacen porque yo soy tan inmaduro como ellos, no tiene otro secreto. Y es agradable obervarlos desde cerca, desde el otro rincón del mundo: Pilar, callada y con su calculadora a cuestas; Ana, escribiendo y escribiendo y escribiendo; Paloma, escuchando, observando y escribiendo; Marta, risueña, como siempre, si ha acertado. Y no dejas de pensar, a pesar de haberlos, de haberlas enseñado, cuánto has aprendido, cuánto he aprendido de ellos. Y con una sonrisa agridulce en la cara, llega el momento de irse, piensas cuánto he crecido gracias a ellos, hay días que merecen la pena. Y queda como pequeño tesoro personal la chancla perdida que encontré poco después para caminar otra vez en una profesión que, a pesar de los pesares, me fascina como pocas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Creí que nunca haría este comentario pero ahí va: ¡cuánto me recuerdas a mí!! Me haces vieja...Un baccio de tu Vice