miércoles, 19 de noviembre de 2008

Costumbres

Hay días en que no sabes ni dónde estás, si la luna que alcanza tus dedos es el sol de las mañanas anteriores en que despertaste en la cama de una ciudad diferente y el calor dejaba paso a un frío que calaba tus dedos hasta que sólo sabían de ti que les era imposible conocerte. Y miras alguna calle, alguna ventana, por ver si te saluda alguna cara amiga pero no sabes si has tenido suerte porque las ventanas se han convertido en las puertas de una casa de la que no tienes las llaves. Y, para no volverte loco, decides que no existe costumbre mejor que la de visitar un cuerpo que es el mismo desde lo viste por primera vez, el cuerpo desnudo de una sombra a la que llamas amor cuando no tienes ni idea de dónde puede encontrarse todo lo demás. Amor, te dice, y se te dibujan en el pelo palabras de cariño que te ayudan a caminar por las líneas de unos muslos en los que vivir siempre en calma.

1 comentario:

Félix dijo...

Tus textos eróticos tienen algo de poema en prosa y una sensibilidad que me gustan. Será el desarraigo ese que cuentas de dormir cada noche en un sitio.

Pena que eso que buscas, la estabilidad de un solo lugar, termine a la postre con este nomadismo que te queda tan literario en los textos.

Un saludo desde Moguer.