viernes, 7 de noviembre de 2008

Deja que tus dedos descansen

Deja que esta noche tus dedos descansen en mis labios. Ha sido un día que no parecía tener fin aunque todo haya terminado. He visitado paredes en la que he estado viviendo meses y he deseado no salir de ellas en mucho tiempo pero es imposible; la vida sigue y crecer es necesario. Me habría gustado volver a tener quince años un momento, un instante solo, y sentir que el protagonismo pertenece a otros, que yo no soy más que alguien que escucha pero parece imposible, demasiado lejos ya. Puedo reírme, relajarme toda una mañana pero sé que me esperan, otra vez, días en que el único responsable soy yo y el cansancio acecha. La vida, ya se sabe, cambia tanto cuando menos lo esperamos; la vida pasa, mientras pensamos en la vida. Y hay pancartas que se escriben y dan sentido a un trabajo, a un día, a un cansancio, a un viaje. Miles de saludos que ya ni siquiera recuerdas. Y he hablado, después de meses, de todo el cine clásico en que mis ojos han crecido, de todos los diálogos en que mis palabras han aprendido a refugiarse. Es la vida, me digo, pero hay momentos del día en que estoy casi dormido y caer en la cama parece la solución más acertada. Y echo de menos rutinas como la de saber que si yo digo déjame que lo piense alguien me diga no; y echo de menos saber que no, no se dice Puenti, se dice Tuenti; y echo de menos la chancla perdida que ni siquiera recordaba; y echo de menos saber que hay gente a la que el pavo no la distrae y no tengo nada que contarles. El mundo, mi pequeño rincón del mundo cambia, cambiará otra vez en días y no sé dónde estaré, no sé que pequeño rincón del sur me alojará en semanas. Otra vez de viaje, otra vez intentado dejar huella en lugares en los que no me da tiempo, ni siquiera, a saber que he pisado, otra vez la promesa incierta de no saber la parte del mundo que me rodeará en un rato. Otra vez echaré de menos un primer año y tantas certezas, saber que la gente crece y tú también y comprender que Heidi llegará tarde, otra ve, aunque no importe, y saber que no nos veremos donde habíamos supuesto. Es sólo que estoy cansado, el día ha sido largo y no hay mejor horizonte, otra vez, esta noche, que el de tu boca diciendo que todo será mejor, que hay tardes que te hacen saber que has dejado huella, aunque sea pequeña y que tus dedos se acercan a mí para pedirme silencio, para decirme que estar aquí, a mi lado, basta, es suficiente y el mundo sólo somos, esta noche, nosotros dos. Sólo nosotros.

1 comentario:

María_azahar dijo...

Aún no le había dejado por aquí una reverencia renacentista a mi contertulio. Te enlazo.

Saludos.