viernes, 21 de noviembre de 2008

En casa

Dejo descansar mis dedos sobre tus pechos ya desnudos, tranquilamente, ahora que vuelvo a casa y cuanto deseo es perderme en tus sábanas. Y jugamos a que te busco en cada rincón olvidado de esta semana, en alguna llamada perdida que no supe contestar y ahora no es más que el rumor de los días que mis labios han estado sin ti y se han sentido torpes a la hora de hablar, aunque fuera sólo para decir buenos días; y jugamos a que vuelvo a perderme en tus ojos, ahora que los veo desnudos en mi cama, ebrios del tiempo en que no nos hemos encontrado, perdidos cada uno en las ventanas de unas ciudades desde la que nos mirábamos sin contemplarnos. Y jugamos a que mis piernas caminan por tus muslos, ahora que nuestros pasos han vuelto a pisar los mismos charcos y es la misma el agua que cala nuestras bocas. Y jugamos a que, por fin, es viernes y volver a casa significa dejar atrás todas los fríos, ahora que sé de ti tu habitación y nuestra cama, ahora que el cansancio queda en la azotea, ahora que sabes de mi la habitación y nuestras ganas; ahora que dejo que mis dedos te descansen sobre tus pechos, desnudos ya, felices en mis manos ahora que se acerca, bueno es dormir juntos alguna vez, ahora que se acerca el alba.

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