sábado, 29 de noviembre de 2008

Historias PAM I

Érase un profesor que se fue, poco a poco, haciendo famoso aunque él no quería, no; un profesor, maestro, qué sé yo, que se fue haciendo escritor aunque él no quería, no no no. Y, a medida que su fama iba creciendo, aunque él no se daba cuenta, la cantidad de fans iba en aumento, aunque, siendo sinceros, eran pocos, poquitas también, porque la literatura, digámoslo así, da un poco de vida, pero un nada de dinero. Sólo eran palabras y palabras las que lo iban haciendo conocido en tantos sitios. Sin embargo, a medida que la fama iba creciendo también crecían los enemigos, aunque, en ningún caso, parecían fieros, parecían amenazantes. De todas formas, una de sus antiguas lectoras le aconsejó que lo mejor sería, por si las moscas, por si acaso, por si las fans, tener un guardaespaldas, quién mejor que ella, de quien tanto había aprendido, a quien tanto había enseñado. Y, como tantas veces ella parecía tener razón, decidió seguir su consejo, y hacerse con los servicios de un guardaespaldas y, quién mejor que ella, que, además, tenía un tanque rosa para protegerse de los ataques suicidas de todos a los que alguna vez había mirado con mala leche. Y habían sido muchos, entre ellos, una de las chicas con las que había mantenido una larga, e intensa relación de amistad, rota por la caída de ésta, conocida en los bajos fondos como Nina, una chica amable alguna vez, pero que se había dejado arrastrar por una espiral de violencia, hasta convertirse en una de las más conocidas criminales de una ciudad de la que es mejor que obviemos el nombre, por no mezclar a la familia en asuntos tan turbios. Nina, cuyos malestines de dinero y agua eran conocidos en todos los entornos, tenía una fijación dolorosa con el escritor ahora, profesor, maestro, qué sé yo, antes, y era capaz de recordar cada una de las palabras escritas en sus libros, pronunciadas en sus discursos y creía que le pertenecía, que sus dedos podían, y debían escribir sólo para ella, y ver otras mujeres a las que él les dedicaba libros, les dedicaba palabras era doloroso, imposible de comprender, aunque la guardaespaldas, Pam, se lo hubiese intentado explicar miles de veces, de ahí su ruptura. Nada ni nadie podía convencerla: Nina tenía claro que el último autógrafo debía ser para ella, y nada ni nadie lo impediría; el plan era sencillo, ella iría a una firma de autógrafos del autor del que tantas palabras le habían emocionado, esperaría a que le firmara y después, lo mataría. Nada más, y nada menos. Pero había un pequeño obstáculo, Pam, la guardaespaldas, de tanque rosa y verde humanidad; sabía que tenía que hacerla desaparecer así que no se le ocurrió nada mejor que pagar a algunos de sus amigos para que, ese día, se encontraran en problema y, si algo calaba a Pam, era la gente en apuros. Todo estaba preparado para el día D, de domingo en el Corte Inglés y firmas en la sección libros. Al ver a Nina, el escritor, sin saber por qué, sintió un escalofrío, pero no era preocupante, su guardaespaldas estaba allí. Sin embargo, se equivocaba: Pam y su tanque rosa estaban salvando a personas en apuros, en un pequeño incendio que parecía devorar sus casas, acabar con sus vidas, al otro lado de la ciudad. Pam tuvo una intuición: había salvado a personas en apuros pero algo iba mal, y ella lo sabía; su escritor, su mentor, su amigo, algo sucedía y, aunque tardó poco en llegar con su tanque rosa, todo había acabado. Sobre el suelo, manchado de sangre y libros, de poesía, tragedia, y palabras, yacía el cuerpo sin vida de su escritor, mentor, profesor, amigo. Su intuición se lo advertía: Nina, había sido Nina, y tardó poco en tenerlo claro, fue hablar con la policía y escuchar el retrato robot de la asesina, el último libro que su escritor, mentor, amigo, había firmado. Nadie, claro, podía saber cuál había sido la dedicatoria pero sí a quién, y el nombre golpeaba el pecho colérico de Pam: Nina, Nina, Nina. Ahora, con el dolor en las manos, el sudor en las rodillas, sólo una idea le rondaba: había que vengar a su mentor, amigo, profesor. Y la idea estaba clara: a pesar del dolor, a pesar de la intensa amistad que alguna vez los había unido, tenía que acabar, ojo por ojo y el mundo quedará ciego, con la vida de la que una vez fue su mejor amiga, Nina.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

vaya como me poneis!!!jajaja
Nina

palhoma dijo...

madre que historia,lo que surge de una guardaespaldas y un tanke rosa....