sábado, 1 de noviembre de 2008

Kiko Veneno

Kiko Veneno son los pequeños rincones del sur que aparecen en sus letras. Es ese Lince Ramón cuya vida transcurre, libre, por las sombras cercanas a Matalascañas; es ese Lobo López, tragando saliva, por un amor que, como a todos, alguna vez, se le va, se le ha ido; es ese Joselito, de ojos brillantitos, que camina perdido por las calles de Chiclana, seres de ficción que hacen de sus canciones una geografía sentimental del sur, de este pequeño rincón del mundo que llamamos sur. Kiko Veneno es el hallazgo de la sabiduría popular en medio de unos versos que, por momentos, se acercan a juegos de palabras infantiles, para, instantes después, hacernos pensar en lo que acabamos de escuchar, hacernos ver que las mejores píldoras de sabiduría son las más sencillas, las más cercanas al pueblo, versos que dicen "las cosas que yo sé las sabe un tonto cualquiera". Kiko Veneno es la voz de las cosas sencillas, de los pequeños detalles, esos que, como casi todo el mundo sabe, son los que realmente importan; los pequeños relatos cotidianos convertidos en alegatos, que acaban por ser mucho más, un mundo lírico en el que un mechero blanco es mucho más y el acto más nimio, me siento en la cama, no es más que una declaración de intenciones en que la inspiración parece lejos, y cerca el caldito de tu cuerpo, un mundo lírico en el que, cuando uno coge una guitarra, ilumina las tardes tristes de noviembre de todos aquellos que lo escuchan, porque, como dice Sorel, esta canción, y tantas otras, son luminosas, y nos sirven para que nuestra vida sea un poco mejor, un poco más cálida, aunque nos estemos mudando. Kiko Veneno es la frase oculta, certera, sensible que llega a poesía, alejada de toda estrofa rimbombante y sensiblera. Arte en estado puro que nos dice que quien tiene miedo nunca se enamora. Kiko Veneno es la nostalgia de las rupturas sentimentales en que tantos, y tantas hemos sabido vernos, es la tristeza andaluza de saber que el corazón se nos va si dejan a nuestro lado personal bilonguis, cuando viene el camión de los helados y no queremos nada porque tenemos el congelador lleno de frases gastadas. El placer de esa verdadera poesía que lo acerca, irremediablemente, al flamenco y a letras que, en tan pocas líneas dicen tanto. Encontrar tu voz es lo difícil; luego sólo debes desnudarla. Kiko Veneno es la risa, y el llanto, reír y llorar; la tristeza infinita de decir adiós a tantas cosas que alguna vez fueron nuestras y de decir, sí, es dfícil, pero hay que seguir; enamorao de la vida, nos dice, aunque a veces duela. Kiko Veneno es la ironía de entender que sólo importan las cosas que deben importar; que el mundo es una cosa y la vida otra; es saber para qué quiero yo un trabajo fijo si contigo tengo yo bastante. Escucharlo con amigos en Alcalá es reír, es saber que la vida tiene momentos que merecen muy mucho la pena, es comprender que la belleza está en muchas partes si sabemos encontrarla; entender que tú me estás queriendo a mí un quince por ciento, con el coste de la vida lo nuestro se está quedando en nada, sabias palabras para tiempos de crisis como estos. Kiko Veneno es el concierto en Cádiz con amigos, el concierto en Alcalá y las risas posteriores, el concierto en el parque con la mia sorellina, todo un descubrimiento para ella. Si yo tuviera que definir el sur, sorellina, en palabras, serían las suyas, las de alguien que nos dice, siempre que queremos escucharlo, Heidi lo sabe, si tú no te das cuenta de lo que vale, el mundo es una tontería. Y en ello estamos: intentando descubrir que, a pesar de los pesares, nos gusta a todos, me gusta a mí, sentir la vida.


1 comentario:

Sorel dijo...

Precioso.
Y no te preocupes por ese 15% menos, que con lo que le van a inyectar a los bancos, ya pronto nos vamos a olvidar de las algarrobas y las alcatufas.
Tú ya sabes que soy de los que piensan que Bob Dylan es el Kiko Veneno de Minnesota, y no que Kiko sea el Dylan andaluz. Como buen andaluz que soy me puedo permitir exagerar un poquito y al mismo tiempo, decir algo de verdad...
Abrazos.