viernes, 14 de noviembre de 2008

La vida como caos III

Y ahora toca Priego, un pueblo, dicen, precioso, de Córdoba, un gran aceite y mejores tostadas; otros alumnos, otros libros y diferentes ideas. El sur que nos ha tocado vivir y la sensación de que, como Paloma te recuerda algunas veces, lo importante sigue siendo dejar huella, hacer que la pequeña parte del mundo en la que te tocará vivir por quién sabe cuánto tiempo sea un poco mejor, un poco más pura. Es MIles Davis el que te susurra fragmentos de una belleza inusitada al oído ahora que recuerdas todo lo que se ha ido. Y recuerdas, ya con nostalgia, sin casi haberlo vivido, parte de un tiempo que parece destinado a ser una tarde de sábado sobre fondo gris que se ha perdido a aquellos que han compartido su vida con la tuya durante un mes en Moguer, ahora que te has despedido sin ni siquiera, otro tiempo vendrá distinto a éste, haber visitado la casa museo de Juan Ramón Jiménez y triste, a la par que alegre, quién sabe, al haber cambiado playa por montaña. Sólo son lugares pero formarán parte de ti. Y piensas en la larga noche del miércoles en que fue difícil dormir, escribiendo una carta de despedida para cada uno de tus estudiantes, palabras que te fueron sumiendo en la melancolía y que hicieron que esa noche fuese muy larga, y sin sueño. El jueves tocó, otra vez, este año, despedida, un hasta luego, no sé cuándo volveré pero, no lo dudéis, volveré a veros ahora que he dejado gente a la que adoro en otras calles, en aceras que nunca antes había visitado, ahora que sé que hay tutoras a las que escucharía, obnibulado, durante horas sólo por darle la razón, por escuchar cómo te dice, te echaré de menos, hola; ahora que sé que hay alumnas que podrían dar clase sin maestro; ahora que sé que hay alumnas de trece años de madurez extraordinaria, mayor sabiduría; ahora que sé, como siempre, que volveré a visitarlos; ahora que sé que todos, incluso los peores, sobre todo los peores, merecen un poco de esperanza, un poco de crédito, creer, como alguien creyó en ti y te hizo saber que podrías ser un buen maestro. Es duro, sobre todo, decir adiós cuando ni siquiera has podido decir, hola, me habría gustado llevaros de viaje, Mérida estaba tan cerca, se lo merecían, os lo merecéis, espero que alguien os lleve y saberlo, saber de vosotros, cómo habéis crecido, seguís igual, yo he envejecido. Pero no hay tiempo ni para derramar una lágrima tampoco ahora que se acerca el lunes y me esperan otras batallas, otras carpetas, otros niños, ahora que Moguer, también Moguer, forma ya parte inequívoca, Francisco Garfias mediante, de mis dedos, de unos dedos que escriben líneas de un caos maravilloso al que sólo podemos conocer como vida. El caos como vida, la vida como caos.

1 comentario:

Sorel dijo...

Qué bien!!
Ahí tuve que ir cuando estaba en Loja para hacer los exàmenes de la Escuela de Idiomas. El pueblo es bonito y te ponen tapa gratis con la bebida!! Ademàs, el campo es espectacular (espero que no seas alérgico al polen de olivo...). Es otro sur el de Priego, diferente del que conocemos, pero con la promesa de vivir intensamente mantenida intacta. Me alegro mucho por ti.

Y ya que estàs allí, aprovecharé para que me muevas unos papeles de la Escuela de Idiomas y me ahorro el viaje jajajaja (todo el rollo de arriba iba sólo destinado a presentar este último pàrrafo) :)

Un abrazo