jueves, 27 de noviembre de 2008

A veces Marta

Apetecen días de sol, un poco de verano, días de playa, paseos, alegría, un poco de calorcito que nos llegue a los dedos y nos haga sentir más vivos; apatece un poco menos de soledad, noches de baile de salón y conocer amigos, conocer a otra gente, siempre un placer, el placer de sumergirse en orillas desconocidas que acaban por formar parte de unos pies que dejan huella en las playas que pisamos, arena en los tobillas, arena en las rodillas: es el mar, el agua, que nos lleva de un sitio a otro, de Moguer a Córdoba, de Córdoba a Sevilla, geografía sentimental de un sur que tantas veces nos ha dado un poquito de calor, y tanta tanta vida. Apetece hablar con amigos, hablar con gente que hemos conocido hace poco pero podríamos decir, casi, ya está, sí, somos amigos, siempre es un placer, aunque sea sólo por decir hola, charlar un poco contigo. Apetece hablar de viajes, viajar si es preciso, vivir entre árboles disfrazados de verde y amarillo, si hoy es miércoles y toca claustro, y apetece estar en cualquier otro sitio. Apetece volver a casa, pasear por las calles, olvidadas en estas semanas, de Sevilla y dejar que Rodin me salude, que pensar sea arte y, si es posible, saber, Marta, que si alguna vez te apetece, te esperan algunas de las aceras por las que, hace tiempo, paseó Cervantes, para que te hablen de historias que son parte de una Historia que acabará por ser la tuya. Apetece tomar un café y hablar de lo dificil que es la soledad algunos días, de lo bien que sienta a veces, cuando estás a solas contigo mismo y no debes explicaciones a nadie, cuando sabes construir puentes y se dejan atrás tantas murallas; apetece tomar un café y salir al sol, coloreado de rojos nostálgicos que invitan a la calle, que invitan al alboroto, invitan a contemplar este fragmento del mundo que hacemos nuestro. Apetece estar en familia, pasar algún rato en el sofá que nos vio crecer, en las paredes que tanto saben de todos aquellos que alguna vez las han habitado. Apetece visitar la playa y dejar que el día nos serene, una mañana perfecta para saber que vivir está en los detalles, apetece encontrar un sitio, dejar que tus pies agoten su ritmo. Apetece, de cuando en cuando, un poco de tranquilidad, algunas palabras, un hola, cómo te va, hablemos, el tiempo es corto, me voy a lavar el coche, disfrutaré, aunque sea un poco, del solito.

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