sábado, 15 de noviembre de 2008

Vida en Tuscanohattan II

Para Robu, Cris e Ida, la mia sorellina

Pasear por la luz de Sevilla, sorellina, sabes que siempre es un placer, y así lo hice este jueves recordando mis tiempos como profesor de español para extranjeros; allí estaban la Giralda y el centro, ya peatonal, por el que tantas veces caminamos juntos mientras me preguntabas cosas de una gramática española que yo recordé tantas veces gracias a gente como tú. El sol del sur, te digo, ahora que Robu me ha contado que está lloviendo en Roma y yo tengo unas ganas increíbles de ver la ciudad, de verte otra vez y contemplar tu sonrisa. El mundo, me dijiste alguna vez, el mundo es pequeño, más pequeño nosotros y ya sé que todavía no toca visitarte, que me enseñes los bares de Roma con música de los años sesenta y ropa de la misma década donde eres feliz sintiéndote ingenua, como lo eres siempre que vuelves al sur, tu casa y la mía. Pero ahora ambos estamos en casas que no son las nuestras y la mía no tiene nada que, por ahora, me pertenezca aunque, claro, te imagino en Roma, con una casa con poca luz y mucha vida, me dijiste hace algún tiempo y dos amigas, dos hermanas, con ellas la ciudad es más serena, el barrio es más tranquilo. Y contemplo tu pared, llena de palabras que yo te he escrito muchas veces y otras personas también, tal vez la bandera de España y alguna foto de la ciudad, Sevilla, a pesar del daño, a pesar de las tristezas en la que tanto creciste, que miras, de cuando en cuando con nostalgia, mientras piensa, me gustaría volver pronto, ver a mi hermanito, me encantaría, es una de esas personas, me encantaría verla cada día y te sientas entonces a tomarte algo con tus amigas, con tus hermanas, pero la mesa del salón está desordenada y Robu, ay, Robu, alguna vez debemos quitar los vasos aunque no esté en los papeles, y camináis hacia la habitación de Robu, cabecita loca, un tanto desordenada, ya sabes, es el mundo en el que vive, para desesperación de Cris, toda organización, toda orden, el mundo sólo puede existir así, en calma, y hablemos otra vez de las cosas que nos hacen felices, del arte que tanto hemos acariciado, del arte que ha serenado nuestras almas y calmado nuestros ojos, de los cuadros que hay en nuestras habitaciones y nos ayudan a comprender que la belleza existe si sabemos mirar, si imaginanos a quienes lo han creado. Y hay días en Tuscanohattan que es necesario escuchar la voz de Carmen Consoli por si ésta os puede traer la voz de las olas que os cuentan historias de los amigos, de la familia; y hay días en que Robu escucha, cuando necesita un poco de ternura, a Max Gazzé por recordar que el amor existe y es otra cosa, una llamada de teléfono que sí es correspondida, una hora de café en la que dos hablan y ninguno calla, es otra cosa. Y ya te lo dije, sorellina, aunque en Roma llueva hace un sol espléndido en Sevilla pero no creo que importe mucho, espero, al calor de unas copas de vino con las que brindan, ya lo sabes, por el placer de haberos conocido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Como siempre me dejas con la sonrisa! Es todo verdadero hermanito!! Tbn a Robu y a Cri le ha gustado el cuento.. muchìsimo!! Mi habitaciòn se rellenarà de papeles de tus cuentos!! jejeje!! Besos desde el sur!