lunes, 29 de diciembre de 2008

A veces Marta II

Visto y no visto, el mundo sigue, la vida continúa. Apenas un momento, poco más, para saber que cuando Marta sonríe, el mundo sonríe con ella. Una sonrisa sencilla, para suerte de aquellos que la conocen y comparten con ella su tiempo. Es domingo, o tal vez sábado, pero es obvio que llueve; cae una lluvia dura, fría, que cala los dedos de aquellos que intentan escribir contemplando las calles de la ciudad en la que viven, así que es mejor quedarse en casa, mejor casita, al calor del hogar, y de las palabras, nunca solas. A un hola, buenos días, responde un has dormido bien, espero que sí, sigue siendo, a pesar de todos los años, a pesar de todas las noches en vela, sigue siendo tu cama, la habitación en la que te sigues dejando llevar por la niña que has sido. Un café en familia, una conversación entre amigos, el tiempo vuela, para qué ir ahora a cualquier otra parte, para qué soñar con otras cosas. No hay nada como el hogar, nada como la sencillez de unos momentos tan íntimos como el aroma de un café que se pierde en unos labios que sólo quieren dar las gracias por unos instantes que se calan en las venas, que dejan huella en el corazón. Hace frío en las aceras pero salir hoy parece prohibido al amparo de un hogar en el que hemos crecido tantas veces, en el que hemos compartido tantas tristezas, en el que, alguna vez, nos hemos sonreído hasta decir: así que esto era vivir, esta quietud, esta conversación callada en que nuestros silencios nos hacen decir tantas cosas. Un recuerdo es suficiente para reír, para mirar con ternura los ojos que nos miran como niños, a pesar de la edad, a pesar de los pesares, un recuerdo basta para ser cómplices de un tiempo perdido ya, aunque haya dejado marcas en nuestras manos y nos haga cosquillas al levantarnos. Un no hace falta que te levantes, yo recogeré, me encanta Delibes, cuánta ternura en sus líneas, cuánta dureza en sus páginas, y hay señoras de rojo sobre fondo gris, y mujeres que dicen saber poco de cine y música pero escucharlas te reconforta con el ser humano, con el reencontrado hallazgo de hablar para conocer a alguien; y es fácil saber que Lorca es maravilloso, es un auténtico placer conversar un poco, aunque sea un poquito, y decir hasta pronto, un besazo, nos vemos pronto, hace frío, un café, algunos dulces, es la familia, me reclaman. Entonces, el olvidado descubrimiento de las cosas sencillas hace que sonrías y el mundo sonría contigo.