viernes, 29 de febrero de 2008

En todas partes

Pasa en todas partes, ya lo sabes. Cosas de la vida. Hay chicas que aman y no son amadas: las llaman por teléfono y les dicen, qué tal el tiempo, hace mucho sol ahora, sigo sin quererte, somos demasiado diferentes, demasiado, lo nuestro no iría a ningún sitio. Y todo por teléfono, porque hay niños que todavía no han aprendido a ser hombres y mirar a los ojos a la persona a la que puedes destrozarle el corazón no está hecho para ellos. Y existen también chicas que se sienten culpables porque hay tanto amor dentro de ellas, amor en varias pieles, y hay dolor porque no quieren hacer daño a quien tanto les ha dado, a quien les ha enseñado a querer, a quererse a ellas y a querer la vida. Sin embargo, todo pasa, pasa en todos los lugares. Cambiar significa crecer solo a veces. Y hay mujeres que necesitan tiempo, cuando antes tuvieron todo el tiempo del mundo en que dormirse y contarse (las noches tenían veinticuatro horas) todo un día, y lo que pudiera llegar. Pero llegó crecer sola, sin alguien que proteja la tristeza de nuestras noches en vela.
Es extraño, pero llamaste ayer otra vez, y me encantó escucharte. ¿Estás bien?, dijiste, tengo agujas en los ojos. Pobrecito. Y nos reímos, como en tantas otras ocasiones. Hablamos de cómo han cambiado los jóvenes, deseosos hoy de sexo, cuando nunca nosotros... Y nos reímos. El tiempo pasó rápido y teníamos que dormir, estábamos, al otro lado del teléfono, cansados. Te voy a dejar, dijiste, no, me dejaste hace años y volvimos a reírnos. La ternura de saber que nunca habrá más un tiempo para nosotros, imaginamos, nos hacía sentir bien, y hablamos de rupturas, de la fragilidad de todas las cosas que se nos han ido. La primera vez que te dejé, dijiste, se me partió el corazón, y pensaste algún minuto. Dijiste, para terminar: dolió, duele dejar a alguien a quien quieres. Duele, preciosa, y seguirá doliendo.

domingo, 24 de febrero de 2008

Have you ever seen the rain II

Es extraño, me digo, ahora que recuerdo lo que tú solías decir de ti en días como éstos, días de lluvia en que todo amenaza nostalgia. Decías: tengo cosquillas en los codos cuando llueve, y te quedabas tan tranquila hasta que, de repente, empezabas a sonreír. Es la lluvia, me susurrabas y estos minutos parecían un fin de semana. Es extraño que las palabras ahora caigan en mi memoria como estas gotas de lluvia destruyen mi noche. Es el insomnio, otra vez, y recordar que hay ciudades por las que pasea un millón de cadáveres. Debe ser el insomnio, las locas ganas de despertar y encontrar que, por primera vez desde hace años, alguien ha encendido la luz antes de que mis ojos se den al sol, se abran a la vida.

martes, 19 de febrero de 2008

Have you ever seen the rain

Vienes a mí en días de lluvia, en los que te dejas descansar sobre mis muslos, mojadas ya todas las esquinas que nos habitan. Vienes a mí y nos derramamos en todos los rincones de la casa. Algunos días más tarde, somos capaces de encontrarnos en la calle por las gotas que todavía quedan en nuestros dedos.

lunes, 18 de febrero de 2008

Una tarde cualquiera

El mundo, me lo dijiste alguna vez, es otra cosa. Es atreverse a salir a la vida y no dejar que las manos, aunque estén cansadas, se queden en casa. Y no es difícil, dijiste, marcar un número de teléfono y escapar de esas paredes en las que vives últimamente, aunque en ellas haya paisajes en los que me perdí hace años. Los años no cuentan hoy, añadiste, déjalos atrás y sigue, sal al bar de la esquina y habla conmigo. Si no me encuentras, si no estoy allí, acércate a una mujer y pídele una tarde de café y pastel, algún paseo. Estaría bien, pero está lloviendo ahora. ¿Qué harías tú?, pienso, y dejo la puerta entreabierta.

sábado, 16 de febrero de 2008

En un solo día

Son las nueve de la noche. Y no ha sido, a pesar de todas las aceras en las que hemos creído tropezar, un mal día. Has paseado bajo un sol de invierno, aunque todo el mundo nos crea ya en primavera; yo he estado leyendo algunas páginas y, después, escribí algunas líneas, aunque, a veces, no pueda entenderlas. Y hemos comido poca cosa, al aire libre, por ver gente caminando, por ver calles que se pasean. Así lo hemos hecho. Después, imagino, mientras dormía la siesta, te habrás tomado el café que siempre te prometes en la sobremesa, y habrás trabajado un poco. Para pensar después que sería bueno llamar a alguien con quien cenar, con quien tomar algunas palabras y pequeños silencios. Llegará la noche y pensarás: nada mejor que un cuerpo con quien compartir las nostalgias de la noche, la plenitud de un día que no ha terminado aún. Al otro lado de la vida, más al sur, yo pensaré en ti, pensaré en que sería genial ser ese cuerpo, esas manos que dibujan tu día y describen las primeras imágenes de una noche en la que tu cama y la mía están a miles de faroles de distancia. Y todo ello, ya lo sabes, en un solo día.

viernes, 15 de febrero de 2008

I´m your man

Me enamoré de ti, no sé si recuerdas, sólo porque el cielo cambió de gris a azul. La tarde se hizo más apacible en tus gestos. Cómo no pensar en esas tardes de cielo azul en los que bebí de tus labios tanto amor. Tanto amor como me fue posible en tardes de café con nostalgia y postre.

Me enamoré de ti, no sé si te acuerdas, sólo porque tus manos se confundieron en mis dedos. Y mis dedos saludaron el placer de habernos conocido. De saber que las calles existen para que tú camines por mis noches. De saber que mis noches buscaban tu voz cuando estábamos dormidos.

Me enamoré de ti porque el cielo cambió de gris a azul. Caminábamos en silencio, y yo no quería otro color que el de tu vida. Que el de los besos vivos con que tu boca se asomaba a mi pecho. Para que, de cuando en cuando, tú te derramaras en mis venas.

Me enamoré de ti, no sé si sabrás, porque un día nos soñamos desnudos en los trenes. Solos tú y yo frente a la ciudad. Frente al vértigo innecesario de una ciudad en la que cada esquina te conserva. Desnudos en trenes que invitan al sueño. A la verdad apasionada de que yo no existo sino para vivir en tu tiempo.

Me enamoré de ti, no sé si imaginas, porque soy mejor cuando me piensas. Porque la vida, un día, te acercó a mi vida. Porque andábamos sin buscarnos, pero andábamos para encontrarnos. Y no quise entonces otro color que el de tus días. Y no quise otro calor que el de la lumbre de tus noches en vela.

Cambió el cielo, una tarde, de gris a azul. Y me supe feliz en tus intenciones. Así la vida. Tú, y una ventana desde la que ver el mundo mientras tú y yo, mi amor, naufragamos entre sábanas hasta no quedar de nosotros más que una chispa de amor que incendia la casa. Que da luz al mundo.

jueves, 14 de febrero de 2008

De frustraciones varias V

Y dejar que, después de estar cansado de absolutamente tantas cosas, el silencio llegue alguna vez a mi casa, la paz devore mis esquinas. Algún susurro tenue se ha de soportar, sólo si al oído lleva experiencias tan terrenales como insípidas. Hay días de veinticuatro horas que sólo deberían durar cinco minutos. Por decir algo.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Errores de cálculo

Hay muchas formas de decir te quiero, aunque tú las encuentres arrebatadoramente aburridas casi todas últimamente. Preferirías, me dices, que te lo demostrara de alguna forma y yo, ya lo sabes, no dejo de hacerlo. En estos días encuentras poemas en cada cajón, te regalo palabras con las que dormirte cada medianoche y, a veces, te escribo pequeñas notas en la puerta, a modo de bienvenida, en las que te digo cuánto te amo. Y nada es suficiente. Cada noche llegas a la cama con una lágrima en la sonrisa para dejarme claro que no me entero de nada, aunque piense en ti cada día al despertarme.

martes, 12 de febrero de 2008

Ficciones III

Hay héroes, aunque sean de papel, que hablan con sus ex, y escuchan de sus labios cosas como esta: para morir, estar vivo es suficiente. Y ellas se quedan tan tranquilas.

De exilios varios II

Ah, se acerca el catorce de febrero, otra vez, y estarás solo de nuevo. Sólo los buenos se quedan sin compañía en fechas tan indicadas. Y tú has estado sin otro cuerpo tantas noches. Tampoco, seamos sinceros, importa demasiado. Sobre todo ahora que has aprendido que estar con alguien, amar y ser amado, poco tiene que ver con un momento determinado, con una fecha concreta. Y que todo aquel que quiera disfraces de amor, se regale algunas flores un catorce de febrero, se coma algunos bombones. Tú, deberías hacerlo ahora, ahora que tienes hambre.

lunes, 11 de febrero de 2008

Cuentos populares III

No puede evitarlo; Blancanieves vuelve a sentir el deseo irrefrenable de mordisquear una manzana, pero es incapaz de encontrarla. Sabe que cometerá un error, pero vuelve a pedírsela a la reina, aunque intuya las consecuencias. Su archienemiga, cansada de ser la malvada de todos los cuentos infantiles, agotada de ser carnaza de portadas en las que sólo aparece como reflejo de odio, decide no ofrecerle esta vez una manzana envenenada, imaginando, para Blancanieves un destino más cruel: ser la más hermosa. Y saber que, para conservar esa belleza, ha de olvidar tantas cosas en el camino. El príncipe, sencillamente, se dice: ha pasado mucho tiempo, probablemente ni siquiera te recuerde; ya lo sabes: estaba dormida cuando os conocisteis.

domingo, 10 de febrero de 2008

Made in Hollywood V

Francamente, querida,

hay veces en que sólo acierto a creer que cuanto escribo en este mundo en blanco no es sino un torpe intento de seducirte. Y ya sabes que dejo mucho que desear en ese arte. Para ti sería sencillísimo llegar a mí: sólo tendrías que bañarte en esencia de fresa y yo olvidaría el sol, las calles, el mundo, mi barrio. Así que ya lo sabes: deja que tus piernas se acerquen a mis rodillas alguna vez. Y si, de alguna manera, quieres apagar la luz de mi habitación esta noche, no seré yo, ya lo imaginas, quien te lo impida. Al fin y al cabo, mañana será otro día.

viernes, 8 de febrero de 2008

De exilios varios

Desde que ya no habito en tus dedos, está lejos la vida y hace tiempo que no veo una sonrisa en las ventanas; hace inviernos en la almohada y el carmín de los labios en los que viví tanto tiempo ha desaparecido por completo. Esta ya no es mi casa, me digo, y tiemblan todas las baldosas. Y son otras las orillas que ahora nos contemplan. Ancho es el mundo, me digo, pequeños los corazones, difícil volver a estar en tus arenas. Y dejo que el sol se apague en mis ojos sólo por ver si son tus gestos los que ahora la noche me devuelve.

jueves, 7 de febrero de 2008

Me voy pa Caí

A veces, nos perdemos en una ciudad en la que hay disfraces en todas las esquinas. Nos gusta, ya lo sabes, ir en tren para contemplar en calma, no podía ser de otra manera, las tierras del sur donde tú y yo crecimos, tierras que nos han visto crecer. Y nos acompaña el sol aunque sea invierno (no es un poco raro para el mes que estamos ya tanto calor, escuchamos), el sol y otros paisajes que acaban por ser parte de nosotros. Hay disfraces y toda calle supone un ratito de alegría. Allí estaremos algún tiempo, pensando, como siempre, que hay sitios en los que uno puede estar como en casa.

martes, 5 de febrero de 2008

Yo me quedo en Sevilla

Si alguna vez te acercas al sur, no deberías olvidar que el sol duele en los meses de verano y el frío cala las camas en invierno. Sin embargo, deberías saberlo, porque te lo he repetido miles de veces: no sabría vivir en otro sitio. Y sé que ahora me esperan todas las calles nostálgicas de una ciudad en la que ya no escucho tu voz, aunque llames por teléfono. Una ciudad de torres que repiten su imagen en la que cada paseo ha acabado por salvarme.

lunes, 4 de febrero de 2008

Días

Hace semanas que no llueve. Hoy han caído algunas gotas pero no ha sido nada. Al mirar desde la ventana, el tiempo parece de oro y las nubes se van sin esperarnos. Queda el sol, otra vez, y el frío, que cala en los huesos. Ya no quedan estanques en los que podamos cambiar, sólo caminos de tierra en los que dejamos nuestras huellas y el polvo se nos pega en los zapatos. Polvo al polvo, decíamos, y nos dejamos deslumbrar por el sol.

domingo, 3 de febrero de 2008

Canción de cuna para adultos

Llegarás tarde otra vez, dice tu mensaje. Y no sé cuántas noches van. Miro otra vez el teléfono: llegaré tarde, lo siento, y descubro que las palabras llegan a decirnos tan pocas cosas. Uno piensa en las causas: mucho trabajo, tal vez el tráfico de esta maldita ciudad en la que sólo hay luces o alguna cerveza con los amigos, tan merecida. Sabemos, porque lo hemos dicho alguna vez, que las palabras se agotan. Intento concentrarme, preparar las sábanas para tu cuerpo y leer un poco antes de que llegues. No deja de ser divertido: siempre dices que he vuelto a leer por tu culpa. Y, luego, me dices: deberías darme las gracias de alguna forma. Antes de acabar estas líneas, te encuentro siempre desnuda y pálida. Nunca fue bueno el sol para la piel, insistes, prefiero tu noche, y me calmas con tus manos, descansadas de nuevo en mis hombros. Entonces tus labios se aferran a mi boca y no sé respirar. Y no deja de sorprenderme una piel tan pálida en mis sábanas, entre mis piernas. Bastan algunos besos si estoy cansado, unas caricias, el placer genial de saber que tu placer también es el mío para dormirme a tu lado mientras tú sueles esperar un poco más para rendirte al sueño, acaso, saber que el hombre que hay a tu lado cada noche se comporta como un niño en tus brazos. Sólo entonces, al comprobar que ese hombre se deshace, se da al sueño, empiezas a rendirte. Y, ahora, llaman a la puerta. Te dejo para encontrarte pronto en mi cama. Sólo entonces te desearé que sueñes con los angelitos. No dejarás de reírte entonces, y me contestarás: los ángeles quedan lejos, soñaré contigo y el placer será inmenso.

sábado, 2 de febrero de 2008

Autobiografía

Hey, poeta de tres al cuarto, tú que puedes, deja a un lado tanta lágrima fácil, tanta sensibilidad enlatada, tú, que tienes esa posibilidad. Ya sabes que en otras partes del mundo hay tragedias reales que, de ninguna forma podrán cambiar. Hey, la puerta está a tu izquierda y salir no es complicado: sólo necesitas ponerte en pie, un paso y luego otro. Está el sol en lo alto y habrá alguna mujer con la que puedas tener algunas palabras. La revolución te queda lejos; piensa en cosas más sencillas. Un chocolate, un tinto con limón, un viaje a lo desconocido, un arroz a la cubana y alguna conversación de medianoche con algún amigo que nos lleve a recuperar horas felices. Así que ya lo sabes, porque te lo dijeron alguna vez: de nada sirve llorar; haz las maletas y prepárate para todo lo que ha de llegar. Y, si alguna vez alguien te dice: qué bien escribes, nunca olvides decirle gracias porque es cuanto pretendes: que alguien nos diga hola de vez en cuando. Y, ahora sal un poco, te espero fuera.