lunes, 31 de marzo de 2008

Cosas del sur

A veces, para escribir solamente escuchar es necesario. Lo dijiste, y aquí quedan tus palabras: acepto tu rechazo pero espero tu invitación.

domingo, 30 de marzo de 2008

Life is short

Corta es la vida, largos tus ojos cuando la luz se hace tranquila. Me levanto y no hay nada entre mis brazos. Todo sigue a kilómetros de distancia. Hay alguna llamada perdida, restos de una voz que no hemos llegado a escuchar hoy. Todo nos espera en días como éste, cuando la vida nos viene grande y no querríamos que se acabara nunca. Tal vez tengas razón, quizás para siempre es mucho tiempo aunque no lo parezca, aunque todo se nos vaya de los dedos sin darnos cuenta. Aunque todo, claro, podría ser diferente.

sábado, 29 de marzo de 2008

First time I ever saw your face

Para Rocío

La última vez que contemplé un domingo era viernes en tu sonrisa y yo vivía en tus labios. Se te dibujaban flores en el pelo y yo quería estar en tu jardín. Era la vida entonces. Y el dolor estaba lejos.

martes, 25 de marzo de 2008

En tren

Por una vez, a Ana le gustaría coger el tren de las nueve y veinte. Por una vez, le gustaría llegar a casa temprano, cenar pronto, e irse pronto a la cama para descansar después de un largo día de universidad, pero no sabe si llegará a tiempo. Tal vez si se diera un poco más de prisa, pero a veces hay que darle una oportunidad al tiempo. Tiempo al tiempo. Son las nueve casi y veinte y Ana ha llegado por fin a la estación de tren. Buenas noticias. El tren no ha salido todavía, y hay mucha gente, como siempre a estas horas, esperándolo. Ha sido llegar ella, y llegar el tren. Hoy cenará tranquila en casa, espera.

Mira a su alrededor por si algunos de sus amigos va a coger este tren. A veces es agradable tener una charla agradable antes de darse al silencio de la noche. No hay demasiada suerte. Tal vez ella no ha prestado la atención suficiente. De todas formas, de vez en cuando es divertido ir sola, imaginar las historias de algunos de los pasajeros que se encuentran en su vagón. De aquellos con los que sólo intercambia un hola, qué tal cada día. Vidas con las que se coincide un instante sin saber si en algún momento tendrán importancia alguna en nuestras vidas. Algunos pasajeros irán a casa, cenarán, verán la televisión, quizás hablen un poco con sus familias, o simplemente dejen pasar el tiempo hasta otro día; otros escucharán música, leerán un poco para alejarse de unas vidas tristes en ocasiones, alegres en otros momentos. No son más que juegos para olvidarse del tiempo. Es más divertido cuando su amigo Andrés la acompaña y ambos imaginan historias.

De cuando en cuando, Andrés ha cogido este tren y en ocasiones, sólo en ocasiones, para qué mentir, ha sido un auténtico placer hablar con él. Si no recuerda mal y, a diferencia de uno de sus grandes amigos, ella tiene una buena memoria, Andrés le estuvo hablando la última vez que se encontró con él, en este mismo lugar, a esta misma hora, de una chica que había conocido hace poco. En sus propias palabras, de una de las mujeres más interesantes que había conocido en su vida. De todas formas, Andrés siempre ha sabido saber en cada mujer virtudes que otros muchos son incapaces de reconocer, así que Ana nunca puede saber cuándo Andrés tiene razón. Pero a medida que él hablaba, ella podía comprobar cómo parecía, a medida que hablaba de ella, absolutamente entusiasmado.

Se pregunta entonces si alguna de las pasajeras será la chica de la que tanto habló Andrés porque este, además le dijo, que podía coger este tren, aunque aquel día es más que probable que hubiera cogido alguno de los trenes anteriores. Estará cerca, se pregunta Ana, mientras mira atentamente a su alrededor y se pregunta si una de las chicas que está sentada en el vagón puede ser aquella de la que habló Andrés.

A su lado, hay un grupo de chicas, algunas de ellas, para qué mentir, lo suficientemente atractivas para llamar la atención de Andrés. Que no se me olvide, se dice, que ante todo, sigue siendo un hombre. El nombre de David Bisbal parece surgir en la conversación, David Bisbal, Chenoa, sus nuevos álbumes y Ana sabe que el interés que podrían despertar estas chicas en su amigo también desaparecería muy rápidamente. En muchas ocasiones, es cierto, a Andrés le pierde la intransigencia, no sabe dar una oportunidad a muchas personas que se le acercan.

Se pregunta entonces si su amigo habrá cogido este tren, ya que a veces, sólo a veces, es un auténtico placer hablar con él. Hay ocasiones en que piensa: las relaciones con amigos a veces son muy difíciles. Si no recuerda mal, alguna que otra vez también se lo ha dicho, pero él, como casi siempre, no sabía a qué se refería. ¿Habrá un chico más distraído?, piensa, y sabe que ahora le encantaría tenerlo cerca, saber de su vida de su día a día, escuchar con ganas su ternura mientras su sarcasmo le defiende de la vida. A veces, sólo a veces, se repite, es un auténtico placer hablar con él.

Hay un grupo de chicas de unos veinticinco años que hablan de pie. Parece que su día de universidad, también ha sido estudiante, ha sido duro y hablan de hombres y cerdos. Quizás hablan de lo cerdos que son los hombres. Marta, Rocío, Eli son nombres que se entrecruzan en la conversación. Nos acostamos, y no he vuelto casi a saber de él; no quiero su teléfono; se llevó casi dos horas hablándome de… No saben escuchar, parece ser la conclusión, seguido de un más intenso No saben hacer nada… nada de nada. El murmullo de la gente en el tren hace casi imposible escuchar nada más. A veces desconocemos el valor del silencio.

A lo lejos hay una chica leyendo, ese tipo de mujer que tanto llamaría la atención de Andrés, ¿cómo lo diría él? Belleza discreta. Alguien que tiene la facultad de pasar totalmente inadvertida en las primeras ocasiones que esté a tu lado, pero que poco a poco irá iluminando los lugares donde se encuentre. Tiene una sonrisa tremendamente cálida, que esboza mientras sigue leyendo. Definitivamente, podría conquistar a Andrés. Ha dejado de leer el libro, y empieza a hablar con una amiga. Se hace dulce en sus gestos. Tan lejos, es imposible saber de qué hablan, pero parecen hacerlo con mucha delicadeza, cuidando cada palabra porque cada palabra es importante.

Sería genial acercarse a ella, preguntarle si conoce a un chico llamado Andrés y, si es así, invitarle a un café y hacerle saber que tampoco es tan complicado conquistar a uno de esos chicos que también pueden dar luz a otras personas. Si alguna vez Andrés se diera cuenta… Para conquistar a Andrés bastan algunas palabras, una sonrisa y un poco de… Una voz metálica indica a Ana, y a otros viajeros, que esta es su parada. También la chica del libro ha bajado en esta parada; tiene el libro en sus manos pero no es posible ver el título. Una pena.

Uno a uno, todos bajan del tren tranquilamente. Son casi las nueve y media de la noche, y amenaza lluvia; hace un poco de frío. La chica, Ana sigue sin recordar su nombre, toma un camino diferente al suyo, y sus caminos se separan. Alguna vez, se dice, me gustaría verla de la mano de Andrés. Harían una bonita pareja. Sería genial estar en casa, tomarse un chocolate ahora, cerca de la chimenea, piensa. Entonces Ana despierta a la vida, al frío que acaricia su cara, ve cómo todos se van alejando mientras ella, sola, se dirige a casa, pensando que a lo mejor mañana se encuentra a Andrés y, juntos, se dedican a imaginar, en este mismo tren, a esta misma hora, las historias de vidas que a sus vidas llegan.

sábado, 15 de marzo de 2008

Diálogos animados de ayer y hoy presentan:

Eran jóvenes y el amor había pasado por sus vidas alguna vez. Fue en tardes de sábado en que había nubes de algodón y el sol, dorado y tranquilo, doraba las calles por las que ellos, Elena y Mario, paseaban. Todo era silencio y los pájaros susurraban su felicidad. Fue en tardes de sábado y primavera. Y hablaban porque habían estado enamorados aunque fue hace mucho tiempo, en tardes de sábado y azahar.
- ¿Sabes qué es lo peor de descubrir el sexo?, dijo él.
- ¿Qué?
- No lo dudes: perderlo.
Y el parque quedó pensativo, prendado por una luz mortecina que se internaba en las ramas de unos árboles que empezaban, otra vez, a vivir.

viernes, 14 de marzo de 2008

V

Más de diez millones de personas llevan a un hombre a la victoria. El mundo en el que vives no deja de sorprenderte: desdichado del pueblo que necesita héroes.

jueves, 13 de marzo de 2008

Miedo III

Para La Gata Roma
Cuando despertó, Jiménez Losantos todavía estaba allí. Y la imagen se hacía más aterradora por momentos: Losantos empezó a llorar. Sánchez Dragó se había ido, graznaba Losantos, sin decir adiós. África lo esperaba. Ella, al escuchar las palabras de ese alocado comentarista, también dejó caer una lágrima. Pensó: pobre África, implorando a quien pudiera escucharla que estas imágenes no volvieran a martirizarla más.

miércoles, 12 de marzo de 2008

Relatos hiperbreves XXVI

Imagino que me debes una noche de cama sin dormir. Me paso el día tropezando.

martes, 11 de marzo de 2008

Noche de jazz

Siempre es hermoso el reencuentro, piensan, mientras suenan los primeros acordes de un magnífico concierto de jazz. Se reconocen en los gestos, cómplices en los años en que estuvieron juntos, en los que se sienten cómodos. Alguna vez sus labios están cerca pero no llegan a rozarse. Ambos lo saben: por muchas huellas que queden, ese camino no llega a ninguna parte. Aunque el cariño sea inmenso. El concierto ha terminado y una luz discreta los deja solos. Y hay un beso, en la frente. Y se sonríen: nos gustaría tanto, piensan, que tú fueras feliz, aunque no sea conmigo.

lunes, 10 de marzo de 2008

Miedo II

Para David
Cuando despertó, Jiménez Losantos todavía estaba allí.

sábado, 8 de marzo de 2008

De caza

En noches de sábado con muchas nubes y poca luna, buscas en todas las camas de esta ciudad la piel en la que una vez te sentiste tan a gusto y no te importa, para ello, arañar cuantos brazos te salen al paso. Estás reclamando, te dices, algo que es tuyo. Y dejas que tus pechos atraigan a cuantos buscan algo de vida en cuerpos ajenos, aunque sea difícil distinguir entre la muchedumbre los trazos de unos dedos que dibujaron tu sexo en tantas ocasiones. Y hay noches en las que encontrar a esa piel en tus sábanas, aúllas de placer sabiéndote vencedora, imaginándote vencida. Gritos de placer que te hacen olvidar en noches de sábado con muchas nubes y poca luna que eres una mujer encantadora.

viernes, 7 de marzo de 2008

De frustraciones varias VII

Dios, ¿es que nadie, pensó el desdichado héroe, me va a sacar de estas cuatro paredes? ¿Nadie me va a invitar a la vida, a hacerme recordar todo aquello por lo que merece estar aquí? ¿Nadie?
Esperó algún tiempo, y no encontró respuesta. Salió a la calle y le gustó la luz que albergaban sus dedos. Es sólo, sencillamente, que le habría gustado compartirla con alguien.

jueves, 6 de marzo de 2008

De frustraciones varias VI

- ¿Sabes? Yo antes era feliz.
- ¿Sí? ¿Y qué pasó?
- Nada, me hice maestro.
- Hay cosas peores.
- Dime alguna.
- Imagínate como la niña de Rajoy.
- Dios, adoro mi profesión.

Reposición I

Destellos del mundo en el que vivimos: Chupar no mata y, además, relaja. Chupa Chups añade:

  • La acción de chupar relaja.
  • Chupando, un chupa chups, tu mano y tu boca interactúan, y esto ayuda a reducir la ansiedad.
    • P.D: ¿qué podemos añadir? Por ejemplo, que Manolo y yo todavía nos estamos riendo.
    • P.D. 2: chupar no mata, pero agota. Aunque, que conste, se disfrute de ello.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Tablón de anuncios XX

Lo que hay que ver: por mucho que te lleves todo el día sonriendo, no eres feliz, ya lo sabes, desde hace bastante tiempo. Aunque haya a tu lado un sol de escándalo y unas calles en las que te pierdes cada vez que el clima invita a ello.

martes, 4 de marzo de 2008

Una ciudad invisible

Para Ivana

Quédate conmigo, esta noche, un poco más, a este lado de la orilla en que nuestros cuerpos se deshacen, las luces de la ciudad están lejos. Un poco más. Y escucha, Marvin Gaye otra vez, susurrando en nuestros dedos. Sólo me importa, en naufragios como estos, las huellas que dejas en los libros.

Los libros que traes a mi cama, a tu cama, a nuestra noche sin gente. La dama boba, de Lope de Vega, por si vamos, me dices, al cine, a ver la película. Los riesgos, te digo, te enfadas, me río, de haber estudiado filología. Si hubieras estudiado psicología, ¿nos habríamos leído las obras completas de Freud? Y hoy también te ríes, te quiero, dices, aunque hace frío. Otras noches, lo sabes, te enfureces y quieres, hay arena en tus labios, salir por no verme un rato. Hay lugares que ni siquiera yo puedo alcanzar.

Hoy te acercas a la cama, hay un libro en sus brazos. Uno de tus pechos roza mis dedos, me hace cosquillas, siempre, ríes, tan inoportuno. Marvin Gaye, no soy celoso, sigue con nosotros. Un invitado, me dices, de excepción, en las calles de una ciudad a la que sólo tú y yo tenemos acceso. Tus pechos, sonríes sin ganas, me hacen cosquillas, empiezas a estar cansada: tanta belleza duele. Es nuestra ciudad, me dices, enséñame, Jose, el camino a casa. Algunas calles, ambos lo sabemos, son un libro de poemas. Y mi voz en tus rodillas. Porque todas las palabras hermosas del mundo en que a veces vivimos han escrito sólo para mí, me susurras con sueño. Y callas un momento: suficiente. Un silencio es suficiente para comprender que no tenemos nada más que decir. Duerme en mi almohada; descansa, hasta mañana, no olvides decirme hola, mi amor, alegre despiertas. Así, la vida, con las primeras luces del día, será menos dura.

Y hay otras calles, novelas de todo tipo, callejones en que se narran historias, en que se cuentan vidas de un hombre y una mujer que se entregan al amparo de una copa de vino que se agota en sus labios. Me pides, en noches de luz y caricias: sé una mujer para mí, sé como yo, quiero que me entiendas; yo seré tu hombre, y cocinaré alguna vez para ti, cuidaré de tu casa, pasearé tus niños si hace falta. Seré como tú, para comprenderte, me dices, y te beso con la pasión de dos cuerpos que se han encontrado por primera vez. Infinitas veces. Y te quiero, llueve y hace frío. El día, sé yo cuando quieras, nos espera.

Existen, es un placer, caballero, sonríes, callejones sin salida, rincones de vicio puro y vida que nos llevan a casa sin tomar café, esquinas que nos acercan a la cama sin que hayamos pisado la cocina. Sólo tú y yo. Solos, repites una vez más, el mundo y yo. El mundo aparte. Solos tú y yo. Olvida lo demás, me dices. Y traes otro hombre a nuestra ciudad, a nuestras calles. Oliveiro, te presento a Marvin. Marvin, éste es Oliveiro. Ahora podrían oír tus risas al otro lado del mundo. El placer de habernos conocido. La palabra, quiero escucharte otra vez, la palabra es la carne, y yo sólo estudié tu lengua. No me seas injusto, Jose. Invité a otros hombres a la cama pero tú eres único. Eres asombrosa. Desgárrame un poco más. Hay paz en el universo. Un poco más. Podría morir entonces, te digo, me miras pensando que estoy loco. Y llega el sueño de dos cuerpos que se derriten en la orilla de una ciudad que nadie, excepto nosotros, la voz de Marvin Gaye se apaga, conoce.

Esta noche serás tú quien visite calles que todavía no conoces. Aunque no lo creas, la ciudad es grande y nosotros sólo dos, a veces. Soy yo el que te lee, es mi calle favorita: ver cómo te duermes mientras, poco a poco, el sueño te puede, el amor me deja solo, dejas de escucharme. Hay otro hombre en nuestras aceras: Beto Hernández, un autor que, estoy seguro, afirmas, no conoces, ha escrito especialmente para ti. Son palabras que, quiero asegurarme, te llegan con lentitud porque quiero que saborees cada una de las que Beto Hernández ha escrito pensando en ti: “Mira, yo no describo muy bien las cosas… No soy escritor. A veces me olvido de lo que digo. De todas maneras, procuraré ser lo más rápido y sencillo posible para que el mundo me entienda ¿Ok?

Pues bien, al principio y al final está Carmen. Punto. Carmen, mi joya de la corona, mi salvación del olvido… Carmen, el centro del universo. El grupo de moléculas más encantador que nunca se haya reunido”. No sé si habrá oído las últimas palabras. Probablemente no, pero no importa demasiado. Quédate conmigo, siempre, te abrazo, te beso, qué haría sin ti, nos quedamos dormidos a este lado de las sábanas, en esta ciudad invisible.

lunes, 3 de marzo de 2008

En todas partes II

Per la mia sorellina

Tuve a Heidi en mis brazos, y supo encontrar mi mejor sonrisa. Fue a orillas del Guadalquivir, no muy lejos de donde tú viviste un año y, al escuchar los primeros rumores de las escasas olas del río, me fui a cien sitios diferentes, lejos de las montañas donde Heidi había vivido toda su vida. Sevilla fue tu refugio durante un año, el lugar donde naciste de nuevo, el sitio en el que aprendiste a madurar. Escuchaste, siempre en la voz de Kiko: enamorao de la vida aunque a veces duela. Y decidiste, acaso ya lo habías hecho desde mucho antes, que ese sería tu lema vital: enamorá de la vida aunque a veces duela. Y recordé los sandwiches a este lado del río, las siestas interrumpidas por la gramática, y el placer de hablar español por aprender italiano un tiempo. Sicilia estaba en mis dedos y la charla de cada tarde en la que me acuerdo de que hay personas que deberían estar más cerca aunque no sea posible. Hay tantas sonrisas que no se contemplan ahora que todo parece estar en ciudades diferentes, a países de distancia, aunque a veces alguien me diga: me gustaría estar en Granada sólo por estar cerca de ti. Y me apena que ella no me vea reír como me apena saber que tú estás creciendo y hay días en que sería genial contemplar cómo lo estás haciendo. De tristezas se vive a veces si ello nos da otra luz, si son otras las nostalgias que nos corresponden. Tuve a Heidi en mis brazos y me puse a pensar en Roma. Ti voglio bene.

domingo, 2 de marzo de 2008

Ficciones IV

- Jo, tío, por lo que veo últimamente sólo tienes comentarios de mujeres en el blog.
- Sí, no está mal, pero también escriben amigos, ya lo sabes.
- Sobre todo, mujeres, no te hagas el modesto.
- Si tú lo dices...
- Lo digo, lo digo. Debes hartarte de ligar.
- Bueno...
- En serio, ¿a qué sí?
- No lo sabes tú bien. El viernes tuve mi última cita...
- Hace dos días. ¡Vaya triunfo!
- Sí, claro, el viernes de hace dos años, chaval. Es lo que tiene escribir, te llevas semanas sin salir...
- Entonces es para matarte.
- Si tú lo dices...