sábado, 26 de abril de 2008

Intertextualidad VI

Ante la escapada a la vida de nuestro autor titular, acudimos, como editor preocupado por los lectores asiduos (tres, para ser exactos, así que saludos) de este blog, a un escritor suplente, el ya conocido por algunos Gustavo García Bordel, y su libro, lleno de páginas y más páginas, Confesiones de un personaje de ficción. En este libro, repleto de letras y más letras, se representa, en la página 153, si este editor no recuerda mal, el siguiente diálogo:
"- Yo, hace mucho tiempo, me leí un libro. La verdad, me encantó. Incluso me hizo pensar.
- ¿Y?
- Te lo he dicho. Me hizo pensar así que decidí no leer nunca más un libro. Y ahora soy feliz"

miércoles, 23 de abril de 2008

Tablón de anuncios XXI

Disculpen las molestias, estamos viviendo.

lunes, 21 de abril de 2008

Parole per Heidi

Querida Heidi:

hace frío en el sur y los dedos me duelen si no son capaces de decirte hola. El frío, ya lo hablamos alguna vez en estas orillas, te cala en paredes que no están hechas sino para las calles, en suelos que no están hecho sino para el verano. Me cuentas, tus palabras ahora están cerca, que tal vez mañana no trabajes porque llueva. Descansarás entonces, quizás te aburras. Y pienses, por enésima vez, en los rincones de una ciudad que tan bien te conocen, que saben de ti tus huellas. Donde te espero, bien lo sabes, cada vez que vuelvas: tinto con limón en el Rayuela. Ahora que sigues en tu pueblo, allí en las montañas, tu pueblecito. Pienso en ti y escribir no es complicado. Aunque creas que es por poco tiempo: necesitas crecer, me dices, y aquí no puedo hacerlo. Crecer, te repites, crecer es otra cosa, pisar otras zapatos, visitar otros caminos, conocer otras palabras, que queden tus raíces en otros sitios. Cuéntame algo, te digo, pero pareces en silencio: he hablado demasiado, no importa, me encanta escucharte, saber de ti, soñar tu vida. Contigo el mundo parece más pequeño. Alguna vez, tú y yo fuimos nosotros y no supimos darnos cuenta. Alguien lo dice. Y ahora la idea te encanta. Alguna vez, nosotros. Aunque sepamos que nos quedan muchas horas por vivir. Una comida por cocinar, algunos vasos de ron, algunos payasos que ya nos habremos comido y un paseo, ebrios de vida y vida, por la Alameda. Ti voglio bene.

Tres colores

- Papá, papá, ¿para qué sirve el rey?
- Y yo qué sé, niño. Pregúntale a tu madre, que es la que sabe qué hacer con los trastos inútiles.

domingo, 20 de abril de 2008

Tarde de sábado sobre fondo gris

Hay días de lluvia que hacen felices a todas las aceras aunque a ti no te gusten demasiado. Otra cosa es el viento; alborota tu pelo y te refresca la cara: renueva tu mirada. Salimos a la calles aunque sea para mojarnos y no hay laberintos que puedan cobijarnos. Todo es un caos en gotas como estas. Si hay lluvia, hay piezas de jazz que han de llegar necesariamente. Hay estruendos de susurros en los que se pierden nuestras palabras, por mucho que los gestos queden siempre en las sillas. A veces, hay gestos que nos dicen hola en las mesas: sólo hay que saber escucharlos. Nos sentamos, miramos alrededor y escuchamos cuanto un silencio quiera decirnos. Escucho tu risa y el mundo se hace divertido. Hay historias que te buscan, a las que dices qué tal, espero que charlemos pronto, nunca lo olvides. Hay escuderos fieles que nos ayudan a sobrellevar la noche, también el día. Regalos que formarán parte de nosotros. Hay cigarros que consumen tu mirada, casas que construyen tu tiempo, paseos que te devuelven a unos charcos en los que no eres sino la niña que siempre fuiste. Y el viento alborota tu pelo. Hay ángeles con pena que se alejan de la orilla del camino. Y andamos sin buscarnos, a pesar de que nos hayamos encontrado. Hay páginas de libros que ya conozco, a las que me gustaría volver por primera vez, páginas en las que todavía no has estado. Sólo son palabras, te digo, pero no sé convencerte. Hay páginas de Cortázar que hablan de la Maga, de encuentros casuales que son lo menos casuales en unas vidas. Hay cronopios y famas. Historias que nos devuelven a nosotros mismos. Hay columnas que sujetan el mundo, columnas que cuentan anécdotas surrealistas: si no te gusta tu montadito, comételo, ya te haremos otro. Tantas cosas, y tan poco tiempo. Tantas aristas, y yo tan perdido. Hay instrucciones para dar cuerda a un reloj y miradas que dicen: lo siento, tengo que irme. El tiempo entonces es otra cosa, un hacia dónde vas, no es ése mi camino, a lo mejor nos vemos. Aunque me duela hoy tener la certeza de que no nos veremos más en mucho tiempo.

martes, 15 de abril de 2008

Algunas tardes

Es algo complejo, dijiste. Y el viento azotó todas las ventanas. Se escuchó el crujir de algunas ramas. Cayeron algunas hojas y no quisimos salir de casa. Todos somos complejos, dijiste. Sonrieron todas las esquinas. Todos somos complejos pero yo todavía no he sabido encontrarme. Hay días en que me busco en tus ojos y no encuentro sino el destello tenue de unos paisajes deshabitados. Allí te espero, algunas tardes.

lunes, 14 de abril de 2008

Catorce de abril

Se fueron tantos y tantos eran los buenos. Tantos tuvieron que encontrar un mundo que jamás sería el suyo imaginando que, alguna vez, su tierra volviera ser un hogar en el que todos tuvieran cobijo. Historias tristes de personas cuya luz se extinguió en otras huellas. Otros colores se pintaban en las aceras. Antonio Machado fue uno de ellos. Y así pudieron encontrarlo: ligero de equipaje, casi desnudo, como los hijos del mar. Sólo las palabras de un bolsillo que todavía acercan la luz de un mundo que debería ser el nuestro: estos días azules, este sol de mi infancia.

domingo, 13 de abril de 2008

Rainy night III

Esa noche te quedaste. Tu excusa: que el viento disparaba lluvia contra los cristales. Pero fue el frío de tus pies el que te retuvo. Fue pisar el suelo y volver a las sábanas donde mi cuerpo seguía esperándote. Nunca quise dejarte ir, dije, y buscaste mis labios cuando la lluvia arreciaba, cuando el mundo parecía venirse abajo. Era el diluvio y sólo podía pensar en ti. En unas piernas que volvían a un calor que tanto las había desdibujado; en unos ojos cansados de gritarle al mundo nunca será demasiado; en un cuerpo que se rompía con los últimos gemidos de la lluvia. Todo era un grito equívoco, un susurro atronador. Un eco que se agotaba en nuestros dedos. Y todavía no sabemos cuándo dejó de llover.

sábado, 12 de abril de 2008

Sevilla calling

El sabor del helado de avellana de La Fiorentina. Un tinto de verano al sol de la plaza del Salvador. Sentarse tranquilamente a orillas del Guadalquivir mientras Luis Cernuda nos acompaña: su oscuridad, su luz son bellezas iguales. Y dejar que otros, El hombre invisible, nos acompañen en estas horas de calma. Que nadie, nunca, pudiera sentirse celoso. El calor de una buena conversación entre amigos mientras comemos en Casa Paco y las líneas del sol nos desdibujan hasta dejarnos dormidos. Y pasear sin rumbo por las calles del barrio de Santa Cruz ahora que toda la ciudad está en la Feria: agua, vida. Y una fuente a la que tantas veces acudió Luis Cernuda. Volver a Cervantes, a la cárcel en la que empezaron las líneas del mundo en el que tantas veces me he perdido para encontrar callejuelas de nostalgias varias: no se deje morir, sin más, sin otro mal que lo mate que el de la melancolía. Nunca, desde entonces. Estuvo, pienso, en las mismas calles que ahora estoy pisando. Y el tiempo parece empequeñecido. Una voz que he empezado a conocer y un café que no he empezado, una pena, a tomar. Un café que traerá palabras nuevas, historias diferentes. Vendrán más días y serán el sur.

viernes, 11 de abril de 2008

Rainy night II

No sólo llovía sino también hacía frío. Buscaba el calor de tus muslos sólo por escapar de estas manos frías con las que despierto mis ojos. Tus piernas buscaban mis labios, por encontrar en ellos un poco de lluvia bajo el techo de una casa en la que dos cuerpos húmedos comienzan a arder: ardían tus pechos en mis dedos y el calor hacía que olvidáramos el frío, la lluvia, el mundo.

Vida social

Hemos salido a la vida, a conocer mujeres malas, que pudieran complicarnos la vida, aunque fuera sólo una noche, pero ni por esas; es triste comprobar que nuestra vida social se reduce a un instituto. La ciudad queda lejos y las relaciones, a pueblos de distancia. Lo que son las cosas.

miércoles, 9 de abril de 2008

Emilio

Un estudiante de 12 años se acerca a la sala de profesores porque su mestra, de matemáticas, en este caso, necesita una pequeña carpeta que hay en su taquilla. Emilio está allí, sentado, y el chico le pide dicha carpeta. La maestra me ha dicho que está en su taquilla. Emilio se acerca a él y le dice: dígame usted cómo se llama la maestra. Olvidemos por un momento el nombre. El chico se lo dice y Emilio le enseña un folio en el que cada profesor, maestro para los niños, tiene asignado un nombre. ¿Cuál es el número?, le pregunta; 23, pongamos por ejemplo, dice el chico. Entonces Emilio le enseña las taquillas y le dice dónde está esa taquilla. El alumno, con calma, busca hasta encontrarla y Emilio le dice está ahí la carpeta. El niño sonríe y se lleva la carpeta. Le esperan en clase. En la sala hay varios profesores que empiezan, es su primer año y se sonríen. Ha sido una anécdota, me digo, como podrían haber sido otras muchas. Una cosa está clara: yo, de mayor, quiero ser como él.

martes, 8 de abril de 2008

Rainy night

Llueve. Llueve en Sevilla como no lo hacía desde hace meses. Llueve y todas las calles secas de un sur que nos lleva siempre dentro dan las gracias por este inmenso espectáculo. Llueve y las hojas de los árboles sonríen. Era, se dicen, una necesidad. Llueve, y yo no puedo dejar de imaginar tu cuerpo, desnudo, contra el mío, gota a gota, húmedos y disfrazados de un deseo que acaba por mojarnos todos los mundos de una piel que invita a no llevar paraguas durante noches de cielo sin luna.

lunes, 7 de abril de 2008

El extranjero

Te pierdes entre un laberinto de rostros cuyas huellas desconoces por completo. Sólo hay gestos tristes que no dejan de decirte: no lo olvides, esto es la vida. Y nada es lo que esperabas, ni siquiera esta sonrisa que se asoma a tus dedos y hace que todo lo que te han contado los demás sea mentira.

domingo, 6 de abril de 2008

Morón de la Frontera

Niña, hace tiempo que no hablamos, aunque sea para reírnos, de ti, de mí. Del mundo en que vivimos y de los pueblos que alguna vez visitamos. De nosotros, y de cómo nada resultó ser lo que esperábamos. El tiempo nos devolvió alguna de las tardes que ya pensábamos perdidas; también nos hizo comprender que nada es eterno. Aunque nos costara años darnos cuenta. Te imagino ahora, caminando por las calles estrechas por las que yo también caminé alguna vez. No demasiadas, para que mentir. Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. A pesar de que en días de lluvia siga imaginando tu cuerpo contra el mío, húmedos los dos. Y una sonrisa que daba sombra a mi sur. A pesar de las últimas veces, en las que tú ya me decías: tenías razón, es el día a día el que importa, nunca promesas de amor eterna que no llevan a nada. Y recordábamos las palabras de Cernuda, que también nos acompañó alguna noche en Morón: no es el amor quien muere, somos nosotros mismos.

sábado, 5 de abril de 2008

Relatos hiperbreves XXVI

Hace un sábado espléndido de sol. El calor suficiente para disfrutar de un apacible paseo por las calles de una ciudad en las que me he perdido tantas veces. Un cielo azul en el que se subrayan algunas nubes blancas nos saluda. Una brisa fresca hace que el calor sea agradable. ¿A quién le importa? Te miro, ahora, completamente desnuda, en una habitación a la que luz apenas llega, y vuelvo a repetirme: la belleza está en el interior, en el interior de unas sábanas en las que te desdibujas, en el interior de una ropa que te arranco sin piedad. Por favor, no dejes que salgamos de esta cama en semanas.

jueves, 3 de abril de 2008

Querida Heidi

Querida Heidi:

pasear, otra vez, por las orillas de río que nos vio hablar tantas veces me trae a la memoria tus días de montaña. Imagino que estarás leyendo ahora, tal vez a Kundera, del que me hablaste algunas veces. Y te sentirás sola. La vida en las montañas y los amigos, que están lejos ahora. Pensarás: soy demasiado complicada, las cosas son así. Me gustaría tener a alguien, aquí, cerca. Alguien con quien compartir mi mundo, ese en el que los jardines se hacen bosques donde calmar apetitos, un mundo en el que la luz, lejana ya, brilla en tus dedos para todo aquel que quiera conocerlos. Y te dirás, soy demasiado complicada, aunque sepas que no es verdad. Lo hablamos tantas veces: la sencillez te encuentra en las cosas importantes, en las noches en que te encuentras nostálgica porque no tienes a nadie con quien conversar tu vida. La sencillez de saber que sólo crecer es importante. Y Sevilla te vio crecer tantas veces, cambió tantas veces las calles que visitabas. Eran otros tiempos, sí, pero tú sigues conmigo. A dos mil kilómetros de distancia, aunque te imagines sola. Y volverás a los acordes del sur, en puentes que te hacían perderte, volverás a Fito y Fitipaldis, aunque yo no pueda dejar de pensarte escuchando a Kiko Veneno. Puro veneno. El sur. Si tú no te das cuenta de lo que vale, el mundo es una tontería. Todo era mejor cuando estabas cerca. Y me cuentas que has estado en lugares que yo no conocía, y que te hacen crecer. Lo dices con ojos libres, en los que también te duele la soledad. Alguna vez dijiste: no quiero crecer, déjate llevar por el niño que has sido. Y te imagino, Heidi, en las montañas, en las altas tierras del norte, niña todavía, intentanto encontrarte, intentando encontrar aquellos árboles en los que dejaste alguna señal de la niña que serás ahora, de la mujer que fuiste entonces. Y todo te aleja en días como éste, en que pareces estar a dos minutos de distancia. Y, debe ser esto, ganas de hablarte ahora, aunque Kiko Veneno lo expresó mejor: te echo de menos.

miércoles, 2 de abril de 2008

Don´t worry, be happy

Te duelen los ojos. Estás cansado. Bostezas. Las horas se hacen larguísimas aunque no tengas tiempo para nada. Te gustaría ver la luz del sol pero quedan lejos las ventanas. No te preocupes demasiado. Malos tiempos para la lírica. Es esta calle, este compás para cadáveres, cuyos acordes desconoces. Aunque te lo dijeran miles de veces: no olvides leer el manual de instrucciones.

martes, 1 de abril de 2008

Una noche menos

Has dormido a mi lado esta noche. Como tantas otras. Y no había nada. Calles con buen tiempo, aceras con tedio, gente que pasa. Y un cuerpo que se descubre en una noche como tantas otras. Y nosotros perdidos. Dentro, muy adentro.