sábado, 31 de mayo de 2008

Caramelitos II

Estadísticamente, dicen, hay siete mujeres para cada hombre. No sé de qué demonios estarán hablando las siete que deberían recorrer mi cuerpo cada noche y, si es posible, algún día, ya que hace más de cuatro años que una mano femenina no llama a mi puerta. Estadísticamente, dicen, hay siete mujeres para cada hombre.

jueves, 29 de mayo de 2008

Imágenes del sur, aún

Para Rebeca

Su marido murió hace años, como demuestra un luto que lleva desde hace más de unos tres años, y ella no ha conocido otra vida. Sólo una casa blanca y la alegría de saber que hacer feliz a los suyos la hacía feliz a ella. De educación le viene, aunque sus nietas no logren entenderla ahora, ahora que su padre les pide las zapatillas y ellas se niegan, les dicen que las busque él. Las cosas han cambiado, le dicen, pero hay imágenes perennes. Imágenes en las paredes blancas de la mujer de luto, acostumbrada como estaba a vivir para los suyos, de su marido, de un hijo que se le fue, tristemente, antes de tiempo y otro que la visita menos de lo que ella desearía. Perdido su rumbo, le encantaría tener cerca otra vez a su marido, cuidar al niño, decirle la vida es mala, te quiero, vuelve pronto, te prepararé comida. Acaso el sur profundo. Acaso. Y tal vez no. Y, algunas veces, vuelve de la cocina, arden los vasos, y deja, al lado de cada una de las fotos de los suyos, el marido, el hijo que se fue antes de tiempo, alguno más, un café y una magdalena. Si alguna vez le preguntas, te dirá, sonriendo: "Los niños, que me lo han pedío".

martes, 27 de mayo de 2008

Miedo IV

Cuando se despertó, Jiménez Losantos todavía estaba allí. Y, por si no fuera suficiente, cansado de la aventura africana, acaso cansadas estas tierras de él, Sánchez Dragó había vuelto a casa. Una imagen kafkiana: los dos estaban allí, frente a su cama, con una sonrisa pícara, sin decir absolutamente nada. Llamaron a la puerta y la sonrisa de ambos se hizo mucho más amplia. Sánchez Dragó fue el primero en decirlo: la Esperanza es la última que se pierde.

miércoles, 21 de mayo de 2008

El corazón de las tinieblas

Hey, viejo Marlow, si quieres volver a conocer terrores no fingidos y sí verdaderos, acércate a cualquier cuaderno de a bordo de un profesor en su última hora de cada día. Es más, acércate al mío, ése en el que escribo los errores de mi experiencia en mi primerito (Homer dixit) año; acércate ahora que ya llevo dos escritos. Y los quedan, Marlow, y los que quedan.

martes, 20 de mayo de 2008

Del montón

Es de noche y estoy solo. Y ni siquiera la chica de la cuarta fila, que se ha dejado las manos aplaudiendo en algún momento, encuentra las palabras adecuadas para que me aferre otra vez a la vida, para que pierda el tiempo otra vez cantando bajo la lluvia. Cantando bajo la lluvia: es de noche y estoy solo.

lunes, 19 de mayo de 2008

Vida enlatada

Llegar a casa, decir, hola, ¿me echabas de menos? Y escuchar, otra vez, tus malditos sarcasmos, escuchar tu silencio, y odiar el momento en que el eco de las risas enlatadas ahoga todas mis palabras. Recuerdo tu amenaza: convertiré nuestra vida en una serie. Y así nos va. A veces traes a un coro de amigas, que observan con curiosidad malsana todo diálogo. Digo: ¿me echaste de menos?; y tú respondes: ¿te he echado alguna vez de más? Se escuchan entonces risas enlatadas; alguna amiga, más soez, llega a aplaudir y pide un bis, pero dejas claro que ahora tocan anuncios. Mientras te bañas, ellas conversan entre sí sobre los entresijos de una relación en abierto, y hablan de los próximos pasos. Esperan con impaciencia a la estrella y ahora que vuelves, te acercas a mí y me susurras: mi cuerpo te echa de menos. Una de ellas silba, otras quieren ver toda escena pero estas están codificadas. Entonces, yo tengo un destello de grandeza, y te digo, para que ellas me escuchen: perdona a mis labios, encuentran placer en los sitios más insospechados. El griterío entonces es ensordecedor. Consigo que calles durante algunos instantes, pero pronto vuelves al ataque, para gloria de las espectadoras y miseria de una relación que parece definitivamente rota, convertida casi siempre en una escena ridícula de esas series que tanto criticábamos cuando tú y yo nos acercábamos, en los primeros días, a una de esas películas en las que jamás hubo risas enlatadas, diálogos de cartón.

jueves, 15 de mayo de 2008

Mínima muerte

Piensas en los días que vendrán y es triste saber que se han ido.

martes, 13 de mayo de 2008

El mismo amor, la misma lluvia

Salgo a la azotea y está lloviendo. Milagros del sur, los llamaste alguna vez, sabiendo cuanto sabías de mí y algunas cosas. Salgo a la azotea y no te veo. Hace tanto tiempo, no sé si estás cambiada. El sur y sus colores. Todo era blanco en nuestras calles y la vida, el ovidado milagro de despertarnos cada día. El sur y sus aromas. Todo era tenerte en tus esencias. Traía el viento tus muslos cada noche, nos despertaba el sol cada mañana. Milagros del sur, saberte a mi lado a cada paso. Y sentir envidia de esta maldita lluvia que lame ahora cada trazo de tu cuerpo, que cubre todas tus orillas. Horas de luz entre las sombras. Y todas las esquinas de esta cama están mojadas. Ebria de gotas que la calman. Paseo a solas por las gotas de una lluvia en la que me descansas. Y llueves. Como lloviste en tantas tardes de sol con agua. Salgo a la azotea y no te duelo. Y maldigo esta maldita lluvia que lame cada grieta de tu cuerpo. La ciudad, dijiste, nos verá otra vez aunque nos duela. Los días, sin ti, son iguales, aunque a menudo lo parezcan. El mismo amor, la misma lluvia.

lunes, 12 de mayo de 2008

Tablón de anuncios XXII

Se recuerda a los lectores que los contenidos de este blog son, sencillamente, literatura, puro cuento. Todos los contenidos y personajes que pululan por estas páginas son pura y simplemente ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. O no. O sí. O no.

domingo, 11 de mayo de 2008

Caramelitos

Te llamé y no respondiste, aunque ya sabes que no importa demasiado. Ni siquiera me has devuelto la llamada. ¿Y qué? Ya sabes que ahí fuera hay muchas mujeres muy interesadas en mí. Sólo me queda saber dónde encontrarlas.

jueves, 8 de mayo de 2008

Subtítulos

Quedaron para ver una película el viernes por la noche; ella compraría las palomitas y él compraría las entradas al cine. Estaba seguro de que verían una película romántica ya que las cuatro citas anteriores habían resultado prometedoras, muy prometedoras. Un café, una cena, un paseo por el parque, todo había ido bien, así que quedaron una hora antes por disfrutar de la tarde, por disfrutarse mutuamente.
- Hola, Elena, estás preciosa.
- Hola, Manolo, estás muy elegante.
Elegante, me ha dicho elegante. Nada de guapo, atractivo, nada. Mal empezamos. Y esos tres días geniales que hemos pasado.
- ¿Te apetece tomar algo, preciosa?
- Un café, estaría bien. Un café, ha dicho un café, nada más. Normalmente habla mucho más, se ríen de todo el mundo, pero hoy parece irritada. Tal vez esté cansada del trabajo; debería preguntárselo, quiere una noche especial y no quiere estropearla, piensa Manolo, pero ella no parece por la labor. Estás preciosa, piensa, y me encantaría besar esos labios que hoy no te has pintado, acaso por no haber tenido tiempo, por no haberle dado a esta noche la importancia que él si parece haberle concedido. Todo parecía perfecto hasta hoy, hasta ahora en que ella habla poco y escucha, piensa, aun menos. No quiero dar un paso en falso.
- ¿Qué tal la semana?, le dice, pero Elena parece no haberlo escuchado. No sabe si repetir la frase, no quiere que una palabra errónea le lleve a desandar los pasos que le han traído hasta aquí. No quiere equivocarse. Todo parecía tan claro. Ella dijo sí a un café, a una cena, a un paseo por el parque; ella le dijo, ojalá te hubiera conocido antes. Ojalá te hubiera conocido antes. Por favor. Todo era sencillo entonces, todo era sí. Aunque en estos momentos todo parezca distinto.
- ¿La semana? Agotadora, diría yo, agotadora. Me encantaría estar en alguna otra parte. Elena, piensa Manolo, no parece haberse dado cuenta de lo que acaba de decir, pero toda la tristeza del barrio ha acudido a su sonrisa: me encantaría estar en alguna otra parte; ¿lo habrá dicho por él? ¿por ellos? ¿por esta noche, que todavía no ha empezado? Hace días, él lo recuerda, ella le dijo: no sabría estar en ninguna otra parte. Quizás no lo dijera pero ese era el sentido, estoy seguro, aunque ahora, esta noche, a ella le encantaría estar en cualquier otra parte.
- Pareces triste, le dice Elena. Pareces triste, claro que sí. Esperaba una noche serena, hermosa y ambos la estamos estropeando, piensa, ambos la estamos mandando al garete cuando lo único que deseaba era un café, una película, y, si las cosas salieran bien, decirte, dar un paso, afrontar el camino juntos, hacerse más fuertes ante el mundo.
- ¿Triste?, responde, no sólo estoy cansado. El trabajo.
- Sí, el trabajo.
- No sé, si quieres, podemos tomarnos algo después del cine. Olvidarnos un poco de todo.
- Me gustaría, sí- Y todo parece ir bien. Ha dicho, me gustaría, así que tal vez la noche no esté perdida, tal vez haber quedado esta noche nos lleve a dar ese paso tan buscado. No quiero estrellarme, no hoy, no con ella, no quiero ilusiones que no me lleven a parte alguna. No dejes que me estrelle. Ha dicho me gustaría, así que le apetece, y tal vez la noche los haga estar juntos un poco más, un beso bajo la luna, un hola, es de día, hasta luego, nos veremos pronto, no dejes que nada nos levante. Tantas cosas y tan poco tiempo. Puede ser, sí, es posible, me gustaría, ha dicho.

- Me gustaría, guapo, pero estoy tan cansada.

domingo, 4 de mayo de 2008

Novo Cinema Paradiso

Para Marina

Qualunque cosa farai, amala

Novo Cinema Paradiso


Te habría esperado cien días y algunas noches, sólo por contarte algunas cosas. De un viaje con estudiantes a Valencia y de cómo pocos disfrutamos del amor al cine. ¿Qué más da?, te dije: sólo para nosotros era ese placer. Te habría hablado de una hermanita, y de sus interminables sesiones de cine, con su padre, en una ciudad de Sicilia. Te habría contado los aplausos, al terminar la historia, en un cine de un pequeño pueblo de Francia, en el que tantas veces, me cuentan, se interrumpió la película. Y, ya lo sabes, nos habríamos contemplado bajo la lluvia. Y fingiríamos ser protagonistas de un diálogo de cine en el que todo un pueblo nos escuchara. Pasearía por las calles de una ciudad sólo para encontrarte, y te diría: me gustaría tomar un café contigo porque no tienes los ojos azules. Y las calles quedarían tranquilas. Solas, como ayer cuando nos encontramos y hablabas de estabilidad, de este tiempo incierto, de todas las cosas que debimos dejar atrás. Yo recordaría el viento, el sol, la lluvia, cuentos de princesas en los que todavía me pierdo. Y sabría que veremos la película, alguna vez, y yo te veré sonreír. Y veríamos la ciudad con los ojos de quien ama lo que hace. Pasarían segundos, minutos, horas y la luz se iría apagando hasta acompañarte a casa.
- Tienes una sonrisa maravillosa, te dije. Invita a vivir.
Y estoy viviendo.