viernes, 27 de junio de 2008

Sierra Sur II

Who dares to teach must never cease to learn (Quien se atreve a enseñar nunca deja de aprender)
Richard Henry Dann

Hay años, es el caso de éste, que pueden resumirse en una serie de gestos, tan íntimos e intensos como la vida misma: el tierno abrazo de Paula, el abrazo cariñoso de Lenin y su tienes que estar aquí el año que viene, Verónica y sus palabras: no sabes, maestro, cuánto te voy a echar de menos el año que viene; la inteligencia, inesperadamente madura ya a sus catorce años, de Gema y su maestro qué tal van las oposiciones. Si apruebo será un milagro pero el milagro, inexplicablemente, podría estar cerca. La carcajada adolescente de Rebeca mientras se dedica a tirar trozos de rosas en un claustro, emocionante como pocos. La inmensa bondad de una persona, con mayúsculas, ya lo dijo Emilio, que se llama María Luisa. Ratos de conversación y comida, postre y palabras con Cristina y María Luisa. La inestimable ayuda de ese prodigio conocido como Isabel, a la que hay que darle siempre las gracias por tantas cosas. La pícara ingenuidad de Gema, Laura y Lisa y su silencio cómplice cuando me preguntaron qué pasará si apruebas, maestro, para quedarse en silencio luego: sí, no, entonces no queremos que apruebes pero suspender, aunque no lo sepan, también conlleva cambiar de hábitos, de lugar, y serán otros esos locos bajitos aunque siempre tenga en la memoria a aquellos a los que una vez acompañé, honrado me siento, a Valencia. Y a todos los calamares que vieron a lo largo del camino. El sarcasmo inconfundible de esa mi sombra que algunos se empeñan en llamar Manolo. El amigo invisible, un regalo, un libro, una pequeña discusión, un lo quiero, dice Laura, es mío, y todo todo por un libro, poesía para jóvenes. Gestos como estos nos hacen pensar que no todo está perdido, el mundo queda, si son ellos los que lo toman en buenas manos. La sorpresa inicial de saber que hay personas que todavía encuentran placer, aunque tengan quince años, en la inteligencia. Maestro, dónde está tu sombra. Y la gran lección de este año: no busques quejas, cambia lo que no te gusta, mejora tu rincón del mundo, busca soluciones. El concierto de Camela, camela en rama, pero todo, lo sabrán algún día, todo pasa. Tan poco tiempo, tantas cosas: un buen año. Crecer, crecer es decir adiós a tantas cosas, saludar a otras, decirles hola. Y recuerdas ahora lo que una vez escribiste, lo que una vez escribiste, ¿acaso importa? Y piensas en las memorables palabras de Pedro Salinas, vivir, desde el principio, es separarse. Y recuerdas que decir adiós es como viajar, siempre te ha encantado, en tren. Hay un instante, breve, en que no sabes si eres tú o el mundo el que se está moviendo, y no sabes si el caos (bendito caos) que existe al otro lado de los cristales son las horas que no te esperan, los minutos que se han ido ya. Entonces, todo decide ponerse en marcha otra vez y tú, lo quieras o no, viajas con ellos. Con todas las cosas que se han quedado atrás. Y alguna que te llevas, han sido tantas este año, aunque ellos no lo sepan, contigo. Es como la línea de un texto que te cala: te gustaría quedarte en ella pero es imposible, el libro continúa, las cosas cambian. Aunque esa línea, esos gestos, sus huellas formarán parte de tus pasos, tus primeros locos bajitos, queden en ti durante mucho tiempo.

martes, 24 de junio de 2008

Buenos días Pereza IV

El blog al que usted acude está apagado o fuera de cobertura.

domingo, 22 de junio de 2008

Texto argumentativo

Tesis: que inventen ellos.

Cuerpo de la argumentación: y les da por inventar la semana laboral de sesenta y cinco horas y crear la directiva de la vergüenza, por la que se puede expulsar a todo ser humano, no lo olvidemos, sin papel alguno.
Conclusión: Unamuno, calladito estabas más guapo.

sábado, 21 de junio de 2008

Tablón de anuncios XXIV

"¿Qué debemos hacer? Arte, no. No debemos hacer arte ahora, porque jugar en los tiempos que corren es inmoral, es una canallada. Hay que lograr primero una justicia social."
Valle Inclán
Casi un siglo después, tristemente, todo sigue igual.

viernes, 20 de junio de 2008

I´m your man II

Amor mío:

La última vez que contemplé un domingo era viernes en tu sonrisa y yo vivía en tus labios. Se te dibujaban flores en el pelo y yo quería estar en tu jardín. Era la vida entonces. Y el dolor estaba lejos.

Está lejos el dolor, hoy. Cuando vienes a mí en días de lluvia, en los que te dejas descansar sobre mis muslos, mojadas ya todas las esquinas que nos habitan. Vienes a mí y nos derramamos en todos los rincones de la casa. Algunos días más tarde, somos capaces de encontrarnos en la calle por las gotas que todavía quedan en nuestros dedos.

Están lejos las sombras, ahora que habito en tus manos y las sonrisas me acompañan en las ventanas. Ha quedado el carmín del invierno en la almohada. Esta es mi casa, me digo, y tiemblan todas las baldosas. Son otras las orillas que nos contemplan. Ancho es el mundo y fácil volver a estar en tus arenas.

Fácil saberte cerca si es tu ropa la que busca mi deseo, si son tus piernas las que me persiguen en todos los espejos. Y te gusta construir horizontes de apetito con que perder de vista los pasillos. Y jugamos a ser felices en todos los colchones. Olvidando que hubo días de frío en tu ausencia.

Días de frío en que yo no sabía de ti sino tu nombre. Vino después tu vestido y apareció entonces tu sonrisa. Una tarde de viernes en que yo no esperaba a nadie salvo a mis huellas. Una tarde de domingo en que yo empecé a ser feliz entre tu pelo. Se te dibujaban flores en el rostro y yo quería estar junto a ti.

Estaba lejos el dolor, lejos las sombras. Y yo salí a la calle porque tú me lo dijiste. Había sol en las aceras y tú ibas cogida de mi mano. Caminaban otros por las calles pero solo la ciudad era refugio para nosotros. Y me encanta saber que me dices hasta pronto cada tarde con un beso en las mejillas. Pienso en ti cuando llego a casa, a solas y el calor se apaga en mis ojos. Sólo por ver si son tus gestos los que ahora la noche me devuelve. Sólo por escuchar tu voz cada mañana. Y hacer de la ciudad un jardín en el que vivir nosotros cada día.

miércoles, 18 de junio de 2008

Sierra Sur

Un buen profesor es aquel que se va haciendo progresivamente innecesario.
Thomas Carruthers

Llegaste a Osuna un cuatro de octubre en que todo presagiaba derrota y no te equivocaste: miedos, inseguridades te pudieron hasta que recordaste que hay cosas que no se entregan a los cobardes, la vida entre otras cosas. Y supiste entonces, aunque fuera gracias a otros, que las cosas había que hacerla de otra forma y la atención que había que prestar era diferente. Y te propusiste aprender cuanto pudieras para tener los cimientos necesarios para que la casa en la que estabas construyendo tus días sea, en algún momento, el mejor de los hogares posibles, con amplias ventanas desde las que aprender a pensar el pequeño rincón del mundo en que vivimos. Y empezaste a obtener pequeños triunfos, a los que nunca supiste darle el valor necesario porque, pensaste, no eran las paredes que habrían de decorar el suelo en que querías ser tú, otra vez. Y, como ya sabías, empezaste a conocer miedos, sensibilidades, penas y tristezas que ya habías vivido, hace años: se llama adolescencia y nunca quisiste volver a ella. Recordaste las palabras de algún escritor inglés y te reíste pensando en tus estudiantes: la adolescencia es una enfermedad que se cura cumpliendo años. Y aprendiste de nuevo, aunque te llevó un tiempo, a domir contigo mismo porque volvías a ser honesto contigo mismo, y con los tuyos. Y recordaste tu adolescencia, y todos sus peligros, y pensaste en la intensidad con que te llegaba lo nuevo y la rapidez con que lo olvidabas todo: un maestro, un amor, un partido de fútbol. Te resulta divertido ahora cuando algunos te dicen. maestro, ¿estarás el año que viene?, te queremos en cuarto, te vemos a todas horas, y demás. Sonríes porque sabes, y es normal, que ellos están empezando a vivir, y pronto tendrán experiencias nuevas: otro maestro, algún amor, una foto con la que sustituir palabras, la sensación, diría, de que todo pasa pero podría pasar mucho más, y tal vez recuerden a un maestro que no los tuvo en orden jamás pero que los disfrutó sobremanera, para bien y para mal. Están empezando a vivir, te dices, ahora que tú estás en la mitad del camino y cada paso te hace saber que hay cosas que ahora empiezan a restarse. Y sabes que es emocionante verlos madurar, crecer, evolucionar, aprender, si es posible, a pensar, equivocarse. Y amar el camino, a pesar de los pesares. Y miras las fotos de todo un año, de todo un curso, tantas mañanas sin vivir, sufriendo de forma placentera las acometidas de unos locos bajitos a los que habría fusilado sin dudar. Piensas en las fotos y en todas las cosas que no dicen, y no dejas de decirte que vivir en fotos no es manera de vivir, que todo está en las calles, en las aulas, en los pasillos. Y ves los rostros de aquellos que prácticamente piensan la ciudad por primera vez y sólo te vienen nostalgias: maestro, me merezco un ocho, si no me lo pones, me voy al director y te denuncio. Imágenes que dicen : sonreír, ¿yo?, es que es un clásico, aunque no haya sonrisas en la foto. Maestro, te vemos en todas partes, qué cansino, aunque sí haya sonrisas en esta foto. El placer insospechado de encontrar la brillantez en los momentos más inoportunos. Todo pasa, la vida sigue, vivir, desde el principio, es separse, tomar otros caminos. Y sabes que el suyo será otro, emocionante a pesar de los pesares. Y esperas que ellos, como tantos otros, porque en estas palabras se resumen, tantos libros, aprendan que, a pesar de todo, no hay nada como estar enamorao de la vida, aunque a veces duela.
Y como parece que todo texto encuentra huellas en los lugares más insospechados me encontré con una respuesta, inesperada por otra parte pero inmensamente tierna, que traigo ahora aquí, sin faltas de ortografía y sin fotos, ahora que estoy intentando que se den cuenta de que la vida no está en las fotos, está en los olores, en los sabores, en los pequeños gestos con historia que nunca aparecen en las fotos, ahora que salen para ser imágenes del Tuenti. El texto pertenece a una de las alumnas, una de las más creativas obviamente, aunque no haya sido capaz de quitarle la tendencia a tener faltas de ortografía y más faltas:
Ya terminó el curso, estos nueve meses en los que he aprendido muchas cosas, hasta sé hacer ecuaciones...Pero no solo aprendí eso, aprendí a pensar según mi maestro de lengua. Hice amigos, aunque tuviera mala leche y echaba miradas de asesina. Me tenía que reír de cada cosa que decían porque todo eran parpujos. Ya no escucharé, hasta el año que viene,¿por que a nosotros no? Otras cosas las escuchare a diario:¿y mi historia? Pero hay cosas que no volveré a escuchar, pero espero leerlas, cosas como: reírme yo, por favor, yo soy muy serio; deja que lo piense...No; sigue escribiendo. Puedes que no haya impuesto autoridad como otros maestros pero lo que aprendimos contigo no se nos olvidara. Algunos profesores nos hacen estudiar esquemas que después del examen olvidábamos, tú nos enseñaba cosas de la vida, y eso nunca se olvida. Tú seguirás riéndote de "Operación Lloriqueo", de Puenti y de que nos levantemos con la cámara de fotos en la mano preparadas para pasar un día entero echándonos fotos. Seguirá diciendo que no entiende para que vamos al gym si sólo tres músculos son los importantes. Me acordaré de Heidi, la italiana, ya que el maestro le cuenta la relación amor-odio que existe entre nosotros y él. Y bueno, esperaré a la universidad a ver si allí esta el chico que nos recomienda el maestro. En fin, que me acordaré de ti, maestro y me acordaré de este curso, en el que los dos hemos sido unos de los nuevos.

domingo, 15 de junio de 2008

Conócete a ti mismo

Jooooo, ¿y si no me gusto?

sábado, 14 de junio de 2008

Así

No creo en dios, en dios alguno. Creo en tus muslos de los que sorbo un poco de vida un poco cada día. No creo en patria, en patria alguna. Creo en tus arenas, en las que me sumerjo un tanto cada noche, se despiertan mis ojos a cada instante. No creo en rey, en rey alguno, derrotadas ya todas las princesas, cuentos de hadas absurdos para niños. Creo en tu corazón, ya te lo dije, rojo y a la izquierda, como siempre, un corazón que arde en mi pecho a cada paso, y me recuerda que vivir, vivir es otra cosa: dejárselo todo en cada entrega, hacer de tu sitio el mejor de los mundos posibles, ser uno con tu luz en cada ventana. Creo en tu corazón, ya te lo dije, rojo y a la izquierda, como siempre. No creo en cielo, cielo alguno. Creo en la fragilidad de tus labios, en la fragilidad de unos labios que se buscan, se chocan y se juntan. No creo en templo, en templo alguno. Creo en tu cuerpo, que habita en mis dedos cada almohada, creo en tus pechos, que se desdibujan en mis rodillas cada sábana. Creo en tus palabras, que derrotan mi tristeza y sus silencios. Creo en tus palabras, que encuentro en mis sonrisas casi siempre. Creo en ti. Me bastas.

jueves, 12 de junio de 2008

Cosas de clase

- T., ¿tú, qué quieres ser de mayor?
- Maestro, yo quiero estudiar Magisterio.
- Ah, claro, Magisterio, para no tener que soportar a alumnas como tú.
- ¡¿No tenemos que soportarte nosotras a ti, maestro?!, dijo T.
Y así. Y así. Y así. Y así. Y así. Decidme ahora, ¿cómo no adorar a esos locos bajitos?

miércoles, 11 de junio de 2008

Vida enlatada II

Para María Luisa

En tiempos como éstos, tiempos difíciles para la lírica, la televisión, en una de sus más escabrosas vertientes, la telebasura ha creado un nuevo género, que bebe de las fuentes que le ofrece programas como Operación Triunfo. El esquema es prácticamente el mismo aunque sí varían los concursantes esta vez. Se encerrará ahora, durante meses, a una serie de profesores, también conocido como maestros, en un instituto durante semanas, en las que tendrán que preparar cada semana una clase magistral para el peor de los públicos posibles: los adolescentes, que tendrán la potestad de decidir quién abandona las aulas después de cada clase. Es más, los profesores serán adiestrados en el difícil arte de la autoridad por, no podía ser de otra manera, los alumnos más conflictivos del centro, amantes indiscutibles del autoritarismo y el poder ejercido sobre todo áquel que no sea ellos. Estos alumnos sacarán los aspectos más pérfidos de todo ser humano que desee dar clase alguna vez y si estos tienen la paciencia necesaria para relacionarse con ellos habrán pasado una difícil prueba. Quedará entonces el difícil reto de motivar a una clase sin ganas, aspecto éste para el que se han contratado a payasos, malabaristas o, en su defecto, magos de alta categoría y mucho tiempo libre. Así, los profesores de Lengua se dirigirán a los niños con juegos de manos, en los que ambas estarán cerradas y les preguntarán ¿dónde está el sintagma nominal? ¿En la derecha? ¿En la izquierda? Una vez captada la atención, se enseña a atacar directamente a los desdichados alumnos con preguntas cómo estás: sí, ya sabes dónde está, pero qué es un sintagma nominal. Y los alumnos, agotados de aplaudir minutos antes, volverán a sentirse desdichados y sentirán que lo mejor, en cualquiera de los casos, es nominar a todos los maestros que en esas aulas se encuentran para disfrutar de un largo y eterno verano en el que lo de menos ha de importar es estar callado, en orden, con el libro abierto y la mente despierta. Un largo y breve verano que, por otra parte, empieza pronto.

martes, 10 de junio de 2008

Parole per Heidi II

Querida Heidi:

te escribo para decirte que no sé si sabrás que te llamé sólo por escuchar tu voz pero volví a clase sin ella. El trabajo, imaginé, aunque era sólo el regreso a casa, como me dijiste después, cuando te dije que Italia quedaba lejos en julio y mis rodillas sentían la nostalgia de lo vivo lejano. Tu trabajo, mis estudios. Volví a clase sin ella y me llamaste cuando menos lo esperaba. Tu voz, otra vez, caló mis huesos, llenó mi siesta. Y me reí, ya lo sabes, siempre comiendo payasos, de tu selección y de su triste derrota. Y hablaste de España, tu segunda patria y me alegró saber de ti en cada gol, en cada llamada perdida. Y te recordé disfrutando del Sevilla, de aquellos triunfos en los que tú y yo nos fuimos conociendo, y de los partidos perdidos cada vez que ibas. Nunca más, por favor, te dijimos, pises el campo, déjanos tranquilos. Te imaginé en las montañas, con la camiseta, tatuado el himno en tus venas, disfrutando del desorden, del caos que siempre hemos pensado existe en la vida, pensando en todo, sin pensar en nada. Y me entristeció saber que Italia queda lejos en julio y las oposiciones demasiado cerca, y me entristeció saber que no podré aunque me habría encantado estar en tu cumpleaños. Y haré en bien en saberte libre entre árboles, pensando que vivir siempre es otra casa. Me gustará ver las alas con las que escapas del suelo cada día. Y me has escuchado, al oírte decir que tenías dinero, me has escuchado decirte que me mantuvieras pero no ha habido suerte: no hay tanto dinero. Y ya sabemos, es más que posible, que nos veamos en fríos días de invierno en los que me enseñarás, dices entre risas, a esquiar y sé que te reirás de mí cada vez que mi cara pise la nieve pero no importa: ya sabes que me encanta verte sonreír. Y no dejo de pensar en el frío de los helados días del norte que me harán pensar en los calidos días del sur de diciembre en los que te he esperado tantas veces. Ti voglio bene.

Versión original subtitulada (Grazie mille a la mia sorellina Ida. Cris y Robu tienen mucha suerte)

Cara Heidi,
ti scrivo per dirti che non so se saprai che ti ho chiamato solo per ascoltare la tua voce, però sono tornato in classe senza di lei. Il lavoro, ho immaginato, invece eri solo di ritorno a casa, come mi hai riferito dopo, quando ti ho detto che l’Italia era lontana a luglio e le mie ginocchia sentivano la nostalgia delle cose vive lontane. Il tuo lavoro, il mio studio. Sono tornato a casa senza di lei e mi hai chiamato quando meno me lo aspettavo. La tua voce, un’altra volta, è penetrata nelle mie ossa, ha riempito il mio riposo. E mi sono messo a ridere, lo sai, sempre mangiando pagliacci, della tua selezione e della sua triste sconfitta. Hai parlato della Spagna, tua seconda patria, e mi ha reso felice sentirti vicina ad ogni goal, ad ogni chiamata persa. E ti ho ricordato godendomi il Siviglia, in quei trionfi nei quali io e te ci siamo via via conosciuti, e in quelle partite perse ogni volta che andavi. Non farti mai più vedere, per favore, ti abbiamo detto, lasciaci tranquilli. Ti ho immaginato sulle montagne, con la camicia, con l’inno tatuato nelle tue vene, godendoti il disordine, il caos che sempre abbiamo creduto esista nella vita, pensando a tutto, senza pensare a niente.
E mi ha reso triste sapere che l’Italia è lontana a luglio e il concorso toppo vicino, e mi ha rattristato sapere che non potrò, anche se mi sarebbe piaciuto molto, esserci per il tuo compleanno. E starò bene sapendoti libera tra gli alberi, pensando che vivere è sempre un’altra cosa. Mi piacerà vedere le ali con le quali scappi da terra ogni giorno. E mi hai ascoltato, quando ti ho sentito dire che avevi i soldi, mi hai ascoltato mentre ti chiedevo che mi mantenessi però non ho avuto fortuna: i soldi non sono così tanti. E già sappiamo, è più che possibile, che ci vedremo nei freddi giorni d’inverno nei quali mi insegnerai, dici tra le risate, a sciare, e so che riderai di me ogni volta che la mia faccia pesterà la neve; però non importa: già sai che mi piace vederti sorridere.
E non smetto di pensare al freddo dei gelati giorni del nord che mi faranno pensare ai caldi giorni del sud di dicembre nei quali ti ho aspettato tante volte.
Ti voglio bene.

lunes, 9 de junio de 2008

Tres músculos

En días como los que llegan, en los que el verano empieza a hacer acto de presencia, y, a cada instante, esta sociedad de ficción nos recuerda que la nuestra debería ser la mejor de las imágenes posibles, haciendo que hombres de pelo en pecho se depilen, para ser metrosexualmente activos, las piernas, y se obliga a toda mujer a esconder las grietas de su cuerpo, a ocultar la sombra de su sonrisa sólo por ser el anuncio que debemos mirar abstraídos en todas las cadenas, deberías recordar, ahora que estás empezando a vivir y a mí me gustaría saber que empiezas a escapar de las redes estúpidas en las que el lenguaje publicitario nos hace caer hasta enredarnos, hasta hacer que dejemos nosotros mismos, me gustaría que recordaras que, aunque el amor no es ciego, sí es miope. En estos tiempos, digo, en que todo el mundo acude a los gimnasios para perfilar cuerpos de esteta y vigor sin sentido alguno, deberíamos recordar, como nos dicen los que aman, a pesar de todo, la vida, los que sí saben vivir, aquellos a los que el mundo de ficción les queda lejos, que sólo tres músculos deberían hacernos ser quienes somos: músculos de la cabeza, para pensar en ti, para pensar en mí, para pensar en nosotros, pensar en los pequeños placeres que a ti y a mí realmente deberían importarnos; la lengua, para hablar, saber hablar, conversar y hacer de estas calles palabras con que templar los ánimos, animar a tu cansancio, callar de cuando en cuando. Y el corazón, para sentir cuanto se acerque a nuestras manos, para habitar dolores que toda la gente debería ir tranquilizando, para ver nuestros verdaderos rostros a través de las aburdas máscaras que estas hipócritas aceras han ido imponiendo, han ido ordenando.

sábado, 7 de junio de 2008

Sopa de letras

Escribo amor y siempre lees sexo. Abres tu boca para encontrar mis labios y puedo ver tu corazón. Rojo, ya lo sabes, y a la izquierda siempre, me dices. Y yo entiendo anarquía, desorden, caos, el placer de encontrarte en los rincones más insospechados; la vida, en suma. Dijiste lugar, un lugar y ambos sabíamos que sólo podría ser el sur, las calles blancas de una ciudad en la que hay magia encerrada en cada adoquín. Y el sol hace acto de presencia en estas tardes de sábado en que todo empieza a terminar, tardes en los que los días parecen no tener fin mientras las nubes nos observan tirados en el parque. Descansemos un momento, dices siempre, pensando en lo que pueda llegar. Escribo lluvia y no puedes dejar de reírte. Me dices: mis pechos en tus manos, y olvidas que el mundo existe, las gotas de agua entre tus dedos y tú sonriendo, las gotas agotan mi pelo y tú te enredas en mí. Me encanta, repites, escucharte jadear mientras el mundo acaba en nuestra ventana pero yo he dejado de escucharte. Pienso en la lluvia en un maravilloso día de sol y tú sonríes porque lo sabes y te gusta imaginarte imaginándome a ambos calados bajo las sábanas cuando llueve. Y nos acordamos de todas las tormentas felices que nos han traído hasta aquí mientras estábamos haciendo otros planes. Subrayas hasta luego y yo pienso ausencia, y me gusta saberte viviendo en otros dedos que te cuentan historias que me contarás alguna vez, para leer, de tus páginas, las líneas en las que nunca he estado. Encuentras entre círculos, mundo, y me hablas de inconformismo, de los pequeños rincones, que nos habitan, que podemos cambiar hasta cambiarnos, y me hablas de otra forma de entenderlo todo, de pequeños placeres en los que hacer más agradables las esquinas en que nos vemos, y lo demás, me gritas entre risas, lo demás son tonterías, si tú no te das cuenta de lo que vale, lo demás son tonterías. Y vuelves a reírte y me vuelves loco, y sabes que quiero besarte, que quiero perderme en esos labios rojos en los que he encontrado la vida tantas veces. Y sonríes, y vuelves a reírte, y me dices: yo, y ríes, yo. Y yo pienso: contigo, y pienso en unos muslos en los que he dormido tantas veces. Y dices, otra vez, yo. Y yo pienso: contigo. Y nos reímos, y te digo, nunca, siempre. Y pienso: tú, contigo, sucede que, nunca, así, me canso de ser hombre. Y tu risa, inteligente como pocas, se va callando hasta que todo, conmigo, va quedando en calma. Y yo, contigo, nunca, así, me canso de ser hombre.

jueves, 5 de junio de 2008

Ficciones V

- Maestro, ¿tú crees en Dios?
- No, yo soy ateo.
- ¿Ateo? ¿Eso qué es, maestro?
- A de no y teo de Dios, así que significa...
- ¿Qué significa, maestro?
- Que no creo en Dios.
- ¿Entonces en qué crees?
- En otras cosas, en...
- Maestro, tú no eres ateo, tú lo que eres es muy raro.

miércoles, 4 de junio de 2008

Tablón de anuncios XXIII

Si me necesitas, no lo dudes, por favor, ni un solo instante... llama a otro.

lunes, 2 de junio de 2008

It´s a wonderful world

En un minuto habrá muerto algún niño de hambre en algún lugar olvidado de este maldito mundo. En dos minutos, alguien, tranquilamente, hablará de este como el mejor de los mundos posibles. En diez minutos morirá alguien a quien no conozco y, un minuto después, es probable que muera alguien a quien yo no le importo lo más mínimo. En diez minutos alguno de mis estudiantes verá Operación Triunfo y creerá que las lágrimas de un estudiante a punto de ser expulsado de un programa publicitario son un drama, casi una tragedia. Cada tantos minutos un hombre es atropellado por un coche en las calles de este maldito mundo: pobre hombre. En treinta minutos mis labios arderán sabiéndose esperados, aunque todo esté irremediablemente lejos. Lejos de unos dedos que cuentan los minutos que quedan para que un cuerpo olvide en otro el mejor de los mundos posibles. En cuarenta minutos recordaré que hay miles de kilómetros entre las aceras de una ciudad por la que no camino desde hace meses y mi casa. Harán entonces mis labios que el fuego recorra otras partes de mi cuerpo. En cuarenta minutos, a miles de hogares de distancia, alguien como tú, como yo escuchará una canción que nos llegue a las venas y pienses: estas son las cosas por las que merece la pena vivir. Y después salga a la calle y se hayan apagado otra vez los faroles que dan luz a su tiempo. Minutos después, pensará, me gustaría vivir en cualquier otra parte. Como tantos otros, claro. Y el mundo seguirá girando, por muchos minutos que nos dejen atrás, por muchas personas que nos digan adiós, por mucho que repitamos hola en cada noche, en cada mañana. Todo es absurdo, excepto tú. Y todo es absurdo. También tú y yo.