domingo, 27 de julio de 2008

El intransigente

- Perdona, ¿tienes un momento?
- ¿Para una mujer tan hermosa? ¿Con esa piel morena? ¿Con esos ojos maravillosos? Dios, el que se pierda en ellos ha de ser inmensamente feliz.
- Gracias, de verdad. ¿Podría hacerte algunas preguntas?

- ¿Cómo no? Una mujer con una voz tan dulce, que podría acunarme cada noche con sus palabras, puede preguntar todo lo que desee, todo lo que ella quiera. Pregunta, por favor.
- Repito: muchísimas gracias. Así, voy a olvidar hasta las preguntas de la encuesta que debo hacerte.
- Imagino que algunos chicos tampoco sabrán qué responderte. Creo que los embelesas... Estás muy callada...
- No sé, es sólo que... ¿qué significa embelesar?
- Hasta luego.

miércoles, 23 de julio de 2008

Tablón de anuncios XXVI



Como dice el cartel, me voy unos días, casi un mes a Sicilia, Italia, y Florencia, que está, dónde está, que no me acuerdo, dios, parezco un estudiante de la ESO, ahora sé por qué no hay plaza para mí, está en, ah, sí, también Italia. Disfrutad de un gran verano, todos y todas, los que me leen desde México, Argentina, Italia, USA, Colombia, Inglaterra, etc., desde el norte, y desde el sur, siempre desde el sur. Hasta pronto. En resumen, perdonen las molestias, estamos viviendo.

martes, 22 de julio de 2008

Sierra Sur III

Para un buen amigo, mi sombra, Manolo

Llegaste a Osuna un cuatro de octubre con carita de niño perdido y no pudiste encontrarte hasta que encontraste a otros, que te enseñaron que todo proceso necesita un período de formación, una época de crecimiento, un camino que se hizo más fácil, mucho más, con la ayuda de otros, funcionario uno de ellos hoy, en prácticas, no deberías olvidarlo. Y todo fue más sencillo entonces, también el sarcasmo por siempre compartido por ambos, también en su puerta: alumnos, no, gracias. Aunque los alumnos hayan estado presente en tantas ocasiones. Y tantas pizzas compartidas, en las que palabras, silencios y sarcasmos recordaban que la vida no existe sino para ser disfrutada y un trabajo como el nuestro no existe sino para ejercerlo todo el día, a pesar de que todavía tú, ya lo sabes, no has aprendido a relajarte, no has aprendido a desconectar, pero lo harás. A todo se aprende, hasta a reírse de uno mismo y de los demás, de uno mismo. Y llegó Valencia, y una lección para no olvidar: dejemos las quejas, soluciones son lo primero, palabras que no olvido, los tres días en la agencia, Laura, una gran anfitriona y el conocimiento de un pueblo hermoso pero sin vida: noches de triste ironía con una sombra, sarcasmos, una camarera, y poco más, pueblo sin vida. Y algunas noches de alcohol, mañanas de clase, te he estado buscando, cuándo empiezas, qué bien vives, se intenta, Manolo, se intenta. Se intenta y, se puede, ahora, disfrutar de un trabajo que, muchas veces, nos disfruta, nos hace dejarnos llevar por los niños que seguimos siendo, segundo A lo sabe, camela, el mejor concierto de nuestras vidas, camela en rama. Y niñas de quince años que dicen, maestro, tienes un problema de madurez, qué mal, bailando en el concierto, qué mal, maestro. Un concierto y una despedida, borraré tu número, no lo dudes, el 30 de junio, un abrazo, un pequeño regalo y la sensación, afortunada, de que he aprendido, las sombras son así, mucho más de lo que yo, en este primer año, podría esperar. Y que sea, Manolo dixit, por mucho tiempo.

lunes, 21 de julio de 2008

Los tres cerditos

Érase una vez un bosque en el que vivían tres cerditos que, para escapar del acoso constante al que les sometía el lobo del lugar, Lupo para los amigos, decidieron construirse tres casitas, el pequeño de paja, el mediano de madera y el mayor de ladrillos. El lobo se acercó a la casa del hermano pequeño, sopló y sopló y la casita de paja derribó; el lobo persiguió al cerdito hasta que se refugió en la casa del hermano mediano. Allí, sopló y sopló y la casa derribó. Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor pero no encontraron refugio: la crisis del sector había hecho que sólo tres de las cuatro paredes estuvieran en su sitio. Ese mediodía el lobo comió bien y descansó mejor: compró por algunos euros la casa, esperó a que la recalificaran como parque temático, y ahora vive un descanso dorado en las lindes de un lugar que otros llaman Disneylandia.

domingo, 20 de julio de 2008

Tanti auguri, Heidi

Nos acercamos a Madrid hace dos días, sólo por ver a otro jovencito que empezaba. Ya lo sabes, yo siempre con los nuevos: frente a la sobriedad de Dylan, la exhuberancia interpretativa de Springsteen, el contacto con el público y tantas cosas más. Y, mientras el autobús nos acercaba a Madrid, no podía dejar de pensar en los interminables viajes que siempre te llevan a encontrarte, aunque yo no haya aprendido a apreciarlos hasta estos días, y sus noches, en las que leo las cartas en las que me hablas de partes de este mundo que no he habitado jamás, tierras que te han hecho crecer hasta ser tú, comprender, eran tus palabras, que el mundo es inmenso y nosotros poquita cosa, en un español que siempre será, tú y yo, lo sabemos, andaluz. Un andaluz que empezó a ser parte de ti cuando llegaste a Sevilla, donde ganaste tantas cosas y perdiste otras tantas. Amor, amigos, soledad y la independencia de saber que sólo a ti, me dijiste alguna vez, pertenecen tus días. Tenías razón: disfruté de la energía desatada de un músico que derrocha vitalidad a sus casi tantos años, aunque el sonido no acompañara. Era lo de menos: importante fueron las horas de viaje, volver a disfrutar de la soledad de estar acompañado, tú ya me entiendes, esperar algún tiempo y, bien lo sabes, gozar de una noche de borrachera musical en todos los sentidos. De una noche que pertenece a gente que ha nacido para perderse, para saber que las tardes pueden ser un café en un bar de Madrid, en el que todo el mundo está de paso. Hoy, que cumples años, ya sabes que me habría gustado estar cerca de ti, escuchar las historias que me cuentas, las que hablan de ti, aunque las diga tu silencio, y haberte contado que aprobé, y tengo plaza, te invito a algo, un pequeño viaje, pero hay cosas que no pueden ser, aunque sean posibles. No pudo ser, pero no podemos rendirnos, lo dijo el jefe, tenemos que luchar, siempre. Y te pienso, te pienso siempre, chica del norte, perdida entre tus bosques, pensando en el próximo viaje, cuál será tu destino ahora, cuál será el mío, en qué pequeño rincón de este mundo estaremos pronto, porque, como decía Springsteen, pensando en ti, gente como tú ha nacido para perderse. Perderte hasta que tú, o aquellos que te conocen, me da miedo que me conozcas tan bien, le dijiste a alguna amiga, sepan dar contigo. Feliz cumpleaños, Lisa, conserva un pequeño vaso de vino tinto para que tú brindemos la próxima vez que nos encontremos en alguna parte de este mundo, y nos alegremos de cuanto nos da la vida porque nunca hemos esperado nada a cambio. Te pienso, ya lo sabes, siempre que puedo. Ti voglio bene.

miércoles, 16 de julio de 2008

Cosas que pasan II

- Hey, qué tal todo. Cuánto tiempo sin vernos, por lo menos un día, dijo ella.
- Un día, por lo menos, sí, pero podría incluso haberte echado de menos, dijo él.
- ¿Qué tal todo?
- Bien, bien, tirando, qué sé yo.
- ¿Y eso?
- Lo de siempre: mujeres, claro. Hace más de tres años que no salgo con una.

- Yo ya te he dicho que es culpa tuya. Eres encantador, amable, insoportable a veces, pero eres auténtico.
- Creo que ya no sé ni cómo acercarme a ellas.
- Pero si te lo he dicho miles de veces. Si haces reír a una mujer, te habrás ganado su corazón. Y tú eres muy divertido, haces reír a cuanta mujer conozco.
- Ah, muchas gracias. Pero no sé, se ríen y después...
- Confía un poco más en ti, anda, que seguro que todo vendrá rodado.
- A lo mejor tienes razón. Sí, hago reír a las mujeres; es más, tú sueles decirme que te hartas de reír conmigo, que quedar conmigo es una delicia. Oye, no sé, es extraño, porque yo disfruto muchísimo estando contigo. No sé, tal vez, eres la persona más cercana a mí, de verdad, en estos momentos. Tal vez, no sé, ¿quieres salir conmigo, alguna vez?
- ¿Contigo? Pero si eres un payaso...

Hay cosas que no se entienden pero gustan. A ver si descubro, en alguna ocasión, cuáles son.

martes, 15 de julio de 2008

Sicilia

Per la mia sorellina

Sicilia é la mia sorellina. Un volcán, enorme, de sensaciones que, algunas veces, se apaga, en días como estos, si la soledad le puede. Una tristeza infinita que pretende escapar de sí misma. Y olvida entonces que su sonrisa es el mar en el que cuantos se sumergen encuentran la calma necesaria para descansar, de sí mismos y los demás, un rato al menos. Olvida entonces que sus ojos denotan la inmadurez necesaria para jugar a la vida cuando otros están perdiéndose en ella, olvida que sus ojos denotan la madurez necesaria para saber que la vida es un juego serio en el que ella ha ido creciendo hasta hacerse todo una mujer. Un tanto triste en días como estos. En que no recuerda de sí misma más que es un corazón en soledad que no se siente bien consigo misma, a pesar de los pesares. Olvida entonces que ella es la curiosidad a orillas del Guadalquivir y un montón de preguntas que su hermanito, orgullosa de haberla conocido, apenas puede responder, un montón de preguntas que su hermanito también se hace cuando ella se siente bien y la curiosidad le puede. Casi siempre. Y olvida entonces que ella es el cine, el buen cine, una sala de cine, a los siete años, en la que veía películas con su papo, y se sabía diferente a los demás. Una luz tenue que acabaría por definirla como belleza discreta muchísimos años después, ahora que la contemplan veintitrés años y hay días en que, le parece, son muchos más los que le pesan. Una luz tenue que acaba por alcanzar a todo aquel que la contempla, una belleza discreta que, poco a poco, brillará como ninguna si sabes contemplarla. Una luz un poco triste en estos días, que olvida que ella es un pic nic compartido a orillas de un río en que dejó su huella, en una ciudad que la sigue echando de menos y que aún busca su sonrisa en días de verano con poco sol y mucho viento. Y olvida que es la inteligencia de saber que, en ocasiones, lo más difícil es saber que, al otro lado de la ventana desde la que hoy mira con nostalgia, hay un mundo que la espera, impaciente, que la necesita, siempre. Y tal vez tengan razón, y tanta belleza duela, pero ella, ya lo sabe, sólo debería acordarse, está enamorá de la vida aunque a veces duela.

jueves, 10 de julio de 2008

Miedo V

Cuando despertó, se encontró atrapado, cada día, durante meses, en las noticias de Antena 3, hasta que no pudo soportarlo más, y rogó a todos los dioses que él conocía, y algunos cuya existencia desconocía por completo, por un destino mejor, una vida más satisfactoria. Los dioses fueron benévolos con él: al día siguiente, despertó convertido en un monstruoso insecto.

miércoles, 9 de julio de 2008

Summer Days

Volvió a tocar Cádiz, otra vez, aunque no fuera la ciudad más tópica, sino una tasca de alta alcurnia en la que comer fue, inesperadamente, todo una delicia: los descubrimientos de Sevilla Calling. Y allí, por enésima vez, estuvimos de tintos, ya sí de verano, y otros manjares, tan clásicos como exquisitos. Y la voz del flamenco se apropiaba por momentos del lugar aunque no prestáramos demasiada atención. Otra vez el placer de las pequeñas cosas, que nos tuvo allí cinco horas, las horas se hacen minutos entre amigos, Sorel estuvo allí, hasta que nos reclamó Jérez y una joven promesa, que empezaba, casi, su periplo musical en esta gira. Y allí, también, entre nosotros, otra joven promesa, Memphis Blues Again avanti, nuestro Dylan del sur: Kiko. Aunque dejáramos que el tiempo nos pasara en alguno de los bares que rodeaba al estadio, viendo la vida pasar, la vida, aunque no venga a cuento, en todas sus formas. Y, con todas las reservas del mundo, allí estaba, delante de nosotros, un chico que empezaba en estos momentos en el difícil mundo de la música: Bob Dylan. Y, la verdad, impone verlo a escasos metros de ti, cuando has disfrutado de canciones sublimes como Just like a woman, y alguno de sus últimos discos alcanza la perfección. Allí estaba, sobrio y austero, y todo empezó a saber a música, a blues, a suelo del que ha pisado muchos caminos y conoce otros tantos. Un extranjero en cualquier parte cuya voz, cuya banda nos hizo encontrarnos con momentos realmente sublimes, de música de una profunidad inusitada, y de sugerencias varias, momentos en los que el escenario parecía un espagueti western y el mundo se detenía, ratos en que el mundo entero nos pareció algún rincón perdido del Mississippi y la sombra de Robert Johnson haría acto de presencia en cualquier momento. La música de un hombre que, no lo olvidemos, se acerca inevitablemente, a los 70 años. Y fue hermoso comprobar que todas las etiquetas pueden tener razón o estar equivocadas, hermoso comprobar que el concierto, de blues, country y memorables letras, fue, nada más, que un enorme concierto en que cada pieza, cada canción , maravillosamente bien hecha, no era más que un trozo de tierra, árida, difícil, sorprendente, en la que perderse por unos minutos, y descansar allí, era una auténtica delicia, un verdadero placer, en estado puro.

lunes, 7 de julio de 2008

Gotta have you

Ando buscando restos de ti en los cajones. Y encuentro partes de ti en los lugares más insospechados: trazos de la bandera que te define como hija de un país cuando estás vestida; resquicios de la ropa que te disfraza en tu profesión en la cocina; trozos de la religión que alguna vez profesaste cuando aún no te conocías; vestigios de un mundo que te aturde en la salita. Busco tus labios y no encuentro tus rodillas; persigo tus pechos; tu sujetador, en el suelo, me despista; busco tus muslos y no olvido las piernas en las que me rindo cada día. Busco tus ojos es tu voz la que me dice hola, te espero todavía. Y estás, como casi cada noche, desnuda en la cama, recordándome el olvidado asombro de encontrarte entre mis sábanas. Desnuda y pálida, tú, de invierno, otra vez. Desnudos y pálidos: tu cuerpo y tú. Y me haces olvidar lo que había de mí en los rincones. Solos tú y yo, tu cuerpo y el mío. Y las ventanas de una habitación en la que no existe más mundo que él que me haces probar cuando te sientes, cuando te hago sentir, viva. Y me duermo entre tus muslos pensando, ya lo sabes, tus ojos son preciosos; quien se pierda en ellos ha de ser inmensamente feliz y me veo en ellos hasta que mis ojos duermen en los tuyos y tú me dices, duerme, tranquilo amor, mañana será otro día.

sábado, 5 de julio de 2008

De paso

...me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Antonio Machado

Y recuerdas entonces que estar, estás de paso y que son pocas las cosas que importan, poquísimas. Cada vez menos. Y piensas en las huellas que todos deberíamos dejar en el camino. Y cada vez lo tienes más claro: lo importante es que cuando te vayas el pequeño rincón del mundo en que vives, que te habita, sea un poco mejor que cuando llegaste. Lo demás, lo dijo Kiko, lo secundan sus forajidos, lo demás son tonterías. Estos son mis principios; si no te gustan, lamentablemente, no tengo otros.

viernes, 4 de julio de 2008

Un buen día

Hay días en los que no hay nada que contar, días que, sin embargo, merecen ser vividos, como el de hoy, en el que se paladea el placer de las pequeñas cosas: levantarse a las tantas y seguir dormido, fregar el suelo, barrer, cocinar, arroz a la cubana, el que todavía no he cocinado para ti, volver al inmenso placer de leer por leer, sin pensar en nada más. Atrás queda el año y las oposiciones, que están, aunque terminaran ayer, a años luz. Y esperar a que hoy tengas ganas de llamar porque hay tardes, ya lo sabes, en que empiezo a encontrarme cuando busco tu voz y hallo tu sonrisa. Mientras tus labios aparecen, aunque yo no los vea, seguiré leyendo.

jueves, 3 de julio de 2008

Déjate llevar por el niño que has sido

Yo llevaré la pala, tráete el cubito,
nos dejaremos llevar por los niños que hemos sido.
Gustavo García Bordel
- José Manuel, quería felicitarte de verdad, por lo bien que lo has hecho este año.
- Bueno, María Luisa, yo no lo veo así, me daría poca nota. Me han faltado demasiadas cosas.
- Anda, no seas tan crítico contigo mismo, por favor. Además, para ser tu primer año has conectado muy bien con los niños. ¿A qué se debe? ¿Conocimiento de la psicología adolescente? ¿Teatralización? ¿Te has leído algún libro que te dice cómo conectar con ellos?
- Jajajajajaja. Qué va. Mi secreto es éste: soy mucho más inmaduro con ellos y así nos va.

miércoles, 2 de julio de 2008

Vida enlatada III

Hey, chica de la cuarta fila, lamentablemente, hemos perdido. En este mundo de mercaderes en el que ellos dicen hola a cualquier disfraz, buenos días a toda máscara ,si acaba por resultarles rentable hemos perdido. En este mundo de ficción que algunos dan en llamar vida occidental se vende todo, desde camisetas del Che a figuras religiosas si iluminan así un espíritu cuya luz se alquila al mejor postor. Tristemente, ya no quedan ni ideas; cayeron en bolsa.

martes, 1 de julio de 2008

Tablón de anuncios XXV

Se escriben cuentos personalizados. Razón aquí.

Just like a woman

Escrito por una autora que dará mucho que hablar: Palho

Nobody feels any pain
Bob Dylan

Es difícil tener quince años, cuando el mundo se termina en cada no. En el no con el que tu papá te dice que no podrás llegar a casa más allá de las once de la noche. En el no con el que algún profesor te dice que no puedes salir a beber, aunque te estés muriendo de sed. En el no con que una amiga te dice que no hay sitio para ti en su piscina en días de verano con mucho sol y más calor. En el no con que te rompen el corazón la primera vez y piensas que nunca nunca jamás volverás a querer porque sólo existe el dolor. En el no absurdo y fácil con que revistas patéticas engañan a adolescentes para hacer que en nada se parezcan a ellas mismas.

Es difícil tener quince años, aunque muchos adultos quieran volver a ellos, no desean volver para vivirlos sino para cambiar algunas cosas. A esa edad, tus amigos es tu mundo, sus palabras un himno. Y perder una apuesta por un paquete de pipas g conlleva casi la pérdida de una ilusión que todavía no hemos podido crear. El mundo parece acabarse entonces.

Es difícil tener quince años, de ahí que Ana, de cuando en cuando se añada años a sí misma en lugares como el Tuenti, por saber si así, con algún año de más su tendencia a enamorarse de chicos que son mayores que ella, mucho mayores en algún caso, se ve satisfecha. Por saber si así la madurez con la que se celebra a sí misma y a sus aficiones es alguna vez real. Por saber si así alguno de los chicos que le atraen acaban por comprender, espera ella, que el amor no tiene edad, aunque a veces parezca totalmente envejecido.

Y tantas cosas parecen decirle a Ana que la vida se encuentra en lugares que no habría sospechado jamás, lugares que han llegado con estos años en que todo parece vivir en otra parte. Aunque los gestos sean, tristemente, los mismos en todas partes. Y que alguien te diga si quieres salir con él por el Messenger no es, obviamente, el mejor de los gestos posibles. Qué cutre, piensa Ana, aunque no deje de pensar que es bonito que alguien que tiene siete años más que él se fije en una pequeñita de catorce años que se siente una mujer en momentos como éste. Una mujer a la que le han hecho inmensamente feliz este dos de octubre en el que le han pedido salir, aunque haya sido a través del Messenger. Aunque haya sido un chico que tiene siete años más y hace que las rodillas le tiemblen aunque esté sentada. El amor no tiene consecuencia a ciertas edades, todo es hoy, ahora, y ahora todo es felicidad, alegría, ganas de contarle a sus mejores amigas que tiene novio, o que al menos tiene que pensarlo, que le han dicho, me encantas, me gustaría que fueras mi novia, olvidemos los años por un momento, me dirás que sí, y ella lo pensará, lo anda pensando pensando aunque las amigas le digan no, que no, es un error, tuvo que decirlo Lisa, es un error, te vas a arrepentir, pero qué va a entender ella, si nunca se ha atrevido a vivir, siempre ha sido la madura, pero no es hoy el día para madurar, para pensar, para tomar decisión alguna, hoy sólo vale la dicha de saber que a veces querer significa que nos quieren, que querer puede tener recompensa, aunque no sepamos cuál, aunque todo nos diga no, aunque las amigas no nos dejen en paz, recordando, otra vez, que es un error, Ana, es un error, te quiere para lo que te quiere, no busques nada más, Ana, te quiere para lo que te quiere, te vas a arrepentir. Ana, te vas a arrepentir. Pero Ana no se arrepiente, y es feliz cuando, dos días después, él ya sabe dónde van a vivir, en la Plaza del Suelo, y ella señala el lugar con sus dedos adolescentes, una casa en la que seguir jugando a crecer.

Es Ana, la adolescente que se levanta pensando que le dirá hoy ese chico, qué fotos se podrá hacer, una chica que usa su brillo de labios como arma infalible, brilla el arco iris en su boca, sonríe el mundo, ella lo sabe. Ana, que piensa, la vida es injusta, que la cambien otros, no deben conformarse, yo sí. Bueno, es Ana, la a la que han robado las sonrisas, y tal vez haya sido ella misma. Ella misma, y las fotos en las que a ella le gustaría ser ella aunque no pueda.

Y Alberto se sienta a su lado, y ella es feliz aunque le duela. Y ella recuerda la Plaza del Suelo y la casa en la que vivirán cuando sean mayores y estén juntos, las cosas de Alberto, ella lo sabe, la felicidad del primer amor, piensan sus rodillas, y las calles son un paquete de pipas g que se toman en cualquier pequeña plaza del pueblo. Los minutos parecen horas, las horas minutos, y el tiempo en clase se detiene, parece sereno, a pesar de los rollos que cuenta el maestro de lengua, un pesado, pero no importa, Ana piensa en otras cosas, Ana piensa en Alberto y la sintaxis queda para sus padres, que siempre están encima de ella, estudia, estudia, no lo dejes, Ana, las notas, Ana, los deberes, Ana, limpia la casa, pero Ana sólo escucha Plaza del Suelo, una vida en común, quince años que parecen veintitrés pero es mentira. Y Ana vuelve a clase, Alberto la acompaña a casa algunas veces, y en casa está papá y ambos, Ana y Alberto, sienten miedo. El miedo habitual a todas las cosas que dirán. Recuerda entonces Ana, te vas a arrepentir, Ana, te quiere para lo que te quiere, pero ella está segura que no, que todo es diferente, Ana tiene esa intuición, Ana lo sabe, pero sabe que nadie la creerá, y mucho menos su padre. Alberto entonces dice hola, y el padre responde, pero el gesto serio sigue en sus dedos, no pregunta nada y entra en casa con su hija. Sencillamente, viven cerca, venía hablando con ella, vuelve a casa, el padre le pregunta qué has hecho en clase, come, estudia, y Ana piensa y piensa y piensa piensa, se dice, sí, a lo mejor me arrepiento, pero no me quiere para lo que me quiere, se dice por si la escuchan, a lo mejor se equivocan, la vida es otra cosa.

Así sigue Ana, día tras día ocultando su gran “relación”. Hablando de él sin pronunciar su nombre, alguien, así era como lo llamaba. Esos nervios cuando él le regalaba algo y lo veía su padre, su temido padre, que le preguntaba quién te ha regalado el peluche; mis amigas, sonreía, me lo han regalado mis amigas. Le daban pocas esperanzas, otra vez, no salgas con Alberto, no lleva a ninguna parte, es sólo un peluche, la edad, Ana, la edad, pero Ana no escuchaba, Ana sólo se sabe alegre cuando le cuenta a alguna amiga lo rápido que crecemos a veces, las cosas que le pidió alguna vez, mi cuello, dijo, no sabía, mi cuello quiere un chupetón, y el cuello rojo, y Ana aprende rápido, los trucos de quienes son más viejos de lo que debieran, y Ana lleva chaleco de cuello alto, aunque se muera, se muera de calor pero se ríe, como alguna de sus amigas, se parten el culo cada vez que lo cuentan. Pero ahora hay silencios, todo cambia a velocidad de vértigo, con catorce, no, ya no, quince años, todo cambia, la vida es otra cosa.

Han pasado dos meses, un día dos de octubre y algunas conversaciones por chat, nunca, desde entonces, se han visto un dos, ni noviembre ni diciembre, siempre había algo que hacer, maldito instituto, Alberto con su módulo, maldito instituto, nunca un dos, Alberto tiene miedo, el padre lo tiene en clase, Alberto no sabe qué hacer, lo mejor es no hablarle a Ana, aunque duela, Alberto no habla en navidades, el Messenger parece mudo, Ana no sabe qué decir, Ana escucha a sus amigas, escucha te lo dije, de labios de aquellos que nunca supieron de la vida más que su calma, y la vida, piensa Ana, la vida, aunque injusta es otra cosa. Me apena, se dice, me apena el silencio, sale con amigas pero no parece una niña, ya no, y hay bromas que ya no le divierten y quiere crecer, tener más años, comprender que el amor no tiene edad, quiere entenderlo, quiere crecer pero no madurar, no, madurar jamás. Las navidades, repite, y se siente sola. Al otro lado, Alberto no responde, Alberto está nadie sabe dónde, aunque ella sí lo sepa. Y le molesta que no tenga el valor para enfrentarse al mundo, pero que sabrá ella, tan pequeña. Tan pequeñita, y quiere crecer crecer crecer cumplir años, vivir con quien la ama pero las navidades, ahora, Ana se siente sola.

Es diez de enero y Ana se sabe una mujer de dieciséis años y muchas más armas, aunque no hayan hablado con ella en las navidades, pero Alberto sabe que hoy es su cumpleaños y no puede dejar de pensar en ella, ni en ese chupetón que ha ocultado algunas veces en chalecos de cuello alto y conversaciones disfrazadas de cena y estudios, Ana, vete a dormir es muy tarde, ¿has estudiado?, vete a dormir, madruga, pero no es noche todavía, es de tarde y sus amigas están en casa, y han celebrado el cumpleaños y ahora quieren pasear por el pueblo, que las vean, hoy son protagonistas, y ahora sonríe, otra vez, como cuando estaban en clase y sus amigas, se lo decía Gema, sus amigas sabían que estaban saliendo, esa sonrisa, perdida en navidades, esa sonrisa, hoy está con ellas, y ellas parecen disfrutarla, te lo dije, dicen, pero no quieren que se siente herida, te lo dije, Ana, te lo dijimos, la edad manda, lo vuestro es imposible, pero Alberto se acerca, Ana está de espaldas y no parece haberse dado cuenta. Y Ana sigue dando las gracias, Lisa, por el collar, Gema, por la camiseta, Amaya, por el cinturón, hola, Ana, cuánto tiempo, pero ella no sabe qué decir y las amigas callan. Hola Ana, qué tal, cómo lo llevas, pero son dieciséis años ahora, ahora mismo, hola, qué tal, Alberto, cómo lo llevas, tu padre, Ana, dice, tu padre me da miedo, no debería ser así, tu padre, tu papá, que dirá el pueblo, Ana, eres muy pequeña, Ana, eres tan pequeñita, qué dirán de mí, de ti, de nosotros, y las amigas quedan lejos, pero escuchan, siempre escuchan, Ana, tengo un regalo para ti, pequeñita, hueles a mujer ahora, es un perfume. Es una buena noche, ahora sí, y Ana sonríe, de nuevo, como no lo hace en las fotos, y el perfume está en sus cabellos y Alberto ha vuelto, aunque sus amigas digan no, no hay futuro, Ana, eso no lleva a ningún sitio, Ana, vas a sufrir, la edad, Ana, la edad, pero ella sólo escucha su perfume y sonríe en los días que llegan, cuando otra vez existe el Messenger, también Alberto, sus palabras, la ternura repentina de quien imagina debe cuidar de alguien tan pequeña, tan tan pequeñita. Y esa palabra empieza a estar con él, pequeñita, muy pequeña, es una niña, qué estoy haciendo, me estoy enamorando de una niña, y me siento con ella cuando viene a dar clases, las clases particulares, y mi hermana le dice, qué pasa, cuñada, pero es una niña. Sólo una niña. Aunque tantos días la sepa mujer, es una niña, repite Alberto. Sólo una niña.

Una niña a la que decir adiós un dos de febrero con frío por el Messenger. Una niña con la que no puedo ser injusto, hablemos, Ana, hablemos mañana, pero no, no puede ser, lo nuestro no, el amor sí tiene edad, Ana, y tú tienes dieciséis, te llevo siete, dieciséis, preciosa, en un pueblo en el que se sabe todo, y todo se sospecha. Hablemos mañana, Ana, mañana. Mañana llega y amanece, Ana lo sabe, tristeza. Ana, no puede ser y además es imposible, no puede ser. ¿Por qué? Ana, son los años, parecen pocos, son pocos, dice Ana, son pocos, siete de diferencia, mis padres se llevan nueve, son pocos. Era otro tiempo, preciosa, otro tiempo, todo es diferente ahora. Te adoro, no, no puede ser. Te adoro, pequeñita, qué dirán, viejo verde, no me importa, dice Ana, por qué la vida es injusta, por qué la vida es injusta. No me importan los demás, tengo dieciséis años pero soy, lo sabes, un alma vieja. Toda una mujer, piensa Alberto, mientras observa cómo Ana se deshace como una niña. Podríamos esperar, dice Ana, tendré veinte años y seré preciosa, lo sabes, y Alberto lo sabe, y hablan, Ana, no te das cuenta, ahora, pero tú te estás formando, yo estoy formado, tú tendrás nuevas experiencias, seré un recuerdo, un pequeño recuerdo, estás viviendo, empezando a vivir ahora. Tú y yo, repite Ana, podríamos esperar, sólo son cuatro años, siete los que nos llevamos, esperar, pero, no, Ana, el tiempo cambia, el tiempo nos cambia, no te das cuenta ahora. Espera, espera cuatro años, podríamos recorrer el mundo juntos. Ana, crecerás, y no me necesitarás, Ana, no me, Alberto, es lo más triste que he escuchado nunca. Ana, no te das cuenta ahora pero es verdad, seré un recuerdo y habrá otros, le duele decirlo, habrá otros, mejores que yo, seguro, y disfrutarás de todo lo que no hemos disfrutado. Seguro. Y querré saber de ti porque seguro que, hagas lo que hagas, será grande, estaré informado, así lo creo. Y Ana está dos días sin ir al instituto, se encuentra enferma, espero que sigamos en contacto, vuelven las palabras de Alberto, porque hagas lo que hagas, sea lo que sea, seguro que será asombroso. Y todo es un te lo dije, ya te lo dijimos, un tres de febrero en que le rompieron el corazón por primera vez, la vida es un asco, todos lo saben. Y Alberto besa a Ana en las mejillas, aunque piense en sus labios. Hagas lo que hagas, recuerda, sea lo que sea, será asombroso. A pesar de que en estos dos días que lleva enferma Ana no recuerde sino que la vida es injusta, el mundo duele, y el aroma de un perfume que la hacía saberse una mujer aunque ahora se esté deshaciendo, hagas lo que hagas, dijo Alberto, sea lo que sea, será maravilloso, se esté deshaciendo entre lágrimas como una niña.