martes, 30 de septiembre de 2008

Tablón de anuncios XXIX

Nada es permanente excepto el cambio. El cambio y, claro, las obras en Sevilla

lunes, 29 de septiembre de 2008

Libertad II

Todo el mundo duerme cada noche con alguien excepto tú.

viernes, 26 de septiembre de 2008

Ítaca II

Ninguna tierra es ya la mía.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Europe´s living a celebration

¿Tiene usted pareja? No se preocupe, Inglaterra hará que sus discusiones conyugales sean historia.
¿Tiene usted familia? No tema, Francia hará que sus niños le sean cada vez menos problemáticos.
¿Tiene usted problemas personales? No se asuste, Italia hará que cada vez piense menos en ellos.
Tenemos una solución a todos sus conflictos: sesenta y cinco horas de trabajo semanal para que ustede no recuerde si alguna vez tuvo parejas, familia, problemas. Si alguna vez usted tuvo una vida, y sus consecuencias, las olvidará. Sesenta y cinco horas de trabajo en las que pensar, en las que vivir, en las que disfrutar, en las que sentir. Y olvide, por favor, todo lo demás. Recuerde que no es necesario pensar mucho en ello, nosotros lo hacemos por ustedes. Por favor, no lo olviden: Europa, siempre pensando en usted, ahora que usted no tendrá tiempo para hacerlo.

miércoles, 24 de septiembre de 2008

Tablón de anuncios XXVIII

Crea miedo y ofrece seguridad. El mundo será tuyo.

martes, 23 de septiembre de 2008

Gaviotas en el sur

Andalucía, en el centro. Nosotros, un poquito más a la derecha.

lunes, 22 de septiembre de 2008

Naufragios

La vida ya no es lo que esperábamos. Ser romántico es fácil cuando tienes cien mujeres en las que pensar, cuando no tienes unos labios en los que pensar, es fácil cuando estás solo y el mundo parece a punto de descubrirse en cada sonrisa. Escribir, lo has pensado, tantas veces, es el preludio de un naufragio, la prueba inequívoca de que se escribe porque no se vive. Escribes porque pasas los días contigo y la casa se llena de sombras cada tarde; escribes porque todo parece lejos y hay días en los que escuchas pocas palabras, algún silencio y alguna baldosa que te dice, la vida está en cualquier otra parte. Ya lo decían los románticos: estar enamorado ayuda a escribir. Y no estarlo también, piensas, ahora que te encantaría dormir en unos brazos que te acunen cada madrugada, escuchar otra música que no sea aquella que te ayude a crear una vida, ahora que estás, otra vez, olvidando la tuya. Escribes porque estás imaginando otra vida cuando la tuya está en las calles que no visitas mientras te pierdes en la calle de una ciudad en blanco que sólo te lleva a ti. Escribir, tantas veces, lo has sentido, es un fracaso, el preludio de un naufragio en el que no existen unos labios en los que dormir cada noche, una voz que te despierte cada mañana.

jueves, 18 de septiembre de 2008

Have you ever seen the rain III

Llueve, de nuevo, por primera vez en este septiembre, en este tiempo de nostalgias que llega ahora y yo, ya sabes que no podría ser de otro modo, pienso en ti, en tu cuerpo. En los relatos que podríamos habernos contado mientras escuchábamos la lluvia derramarse en tus muslos, en las historias que siempre me contaron tus bolsillos cuanto tú te desnudabas y tus pies me hablaban del frío que te habitaba en las calles en las que todavía no eras el deseo de una lluvia que dejaba luz en mis labios y hacía que mi voz muriera en tus susurros. El silencio de unas sombras que acabaron por ser la cama en la que tuvimos que decirnos adiós, muy buenas, otros cuerpos vendrán diferentes al tuyo. Miro a la ventana y ha dejado de llover; otros cuerpos vendrán diferente al tuyo, dijimos, y salgo a las calles de una ciudad en la que nuestros besos se encontraron alguna vez por ver si, de una vez por todas, encuentro cuerpos que no me recuerden el tuyo, luz que no hayan vivido en tu semilla, bolsillos que sepan contarme otros relatos, otras historias.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

El intransigente IV

- Oye, ¿tú crees en la vida después de la muerte?

- Veamos: me levanto y ya, a primeras horas de la mañana, leo el periódico, que si España es el noveno país en venta de armas, que si Putin va a aumentar el presupuesto militar en un 27 por ciento, que si España va a tener el presupuesto militar más alto de la historia... No sé si creer en la vida después de la muerte. Lo que me cuesta un mundo es creer en la vida antes de la muerte.

lunes, 15 de septiembre de 2008

El intransigente III

- Oye, me he enterado que te han hecho una entrevista en la radio.
- Sí, chaval, una pequeña entrevista en un programa...
- ¿De sexo? ¿Un programa de sexo?
- Ummmm... ¿síiiii?
- Ahh, entonces, cuenta, cuenta.
- Nada, hablamos de Italia, de literatura, de Italia, de mi trabajo como profesor.
- ¿Y eso que tiene que ver con el sexo?
- Sí, un programa de sexo, de falta de sexo.
- Muy bueno. JAJAjaaaaaahasta luego.

sábado, 13 de septiembre de 2008

El intransigente II

Para Sorel

- Oye, ¿sabes cuál es la diferencia entre novela negra y novela de negros?
- Imagino que la novela negra es la de detectives y la de negros, no sé, una novela más étnica, ambientada en África, algo así, ¿no?
- Casi, casi. La novela negra es la que escriben James Ellroy, Donna Leon, Dashiell Hamett, Raymond Chandler y la novela de negros es, obviamente, la que escriben Lucía Etxebarría, Ana Zorra Quintana, Sánchez Dragó, etc., etc.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Franqueza

- María, ¿tú crees en la pena de muerte?
- Ayyyy, este Manolito Palomares mío. Me casé contigo, ¿no?

jueves, 11 de septiembre de 2008

Lejano

Son casi las once de la noche de un jueves cualquiera. Un jueves como cualquier otro en el que todo parece, otra vez, irresistiblemente lejos. Y sé que tus dedos descansan sobre una almohada que no es la mía desde que dijiste: tantos años luz no son buenos para nuestros cuerpos. Quise hablar pero no era cuanto pensabas, así que también hubo otros silencios, otras caricias, otras palabras: estoy cansada de tener de ti viejas fotos, una voz que me descalza de la que sólo tengo, cuando te vas para no volver durante meses, el archivo sonoro en que mi memoria la convierte. Y tienes razón, volver a vernos detiene el tiempo, ni cinco minutos, pienso, han pasado, pero son cinco minutos, cinco minutos cada año, qué sé yo, y sé que es más, pero no logro convencerte; tus rodillas lo saben porque siempre te han dolido al decir adiós y sé que es, de nuevo, por primera vez, qué sé, yo el final de viaje que tantas veces supimos y nunca esperábamos. Y espero que no lo digas, que ninguno de los dos pronuncie palabras que nos lleven, inevitablemente, a desnudarnos y a comportarnos como críos otros cinco minutos, otros malditos cinco minutos en los que detener el tiempo, serenar el mundo, pero ambos, tristemente, elegimos ser, por una vez, maduros y comprender que todo tiene viaje tiene un final, aunque no sea el elegido. Y lo dices, con la más amarga de las sonrisas, dos mil kilómetros son demasiados, dos mil malditos kilómetros, y me desarmas. Sólo me queda la palabra, y te digo: yo habito en tu cuerpo, sonríes y quieres desnudarte, quieres habitar el mío, pero ambos elegimos el más ridículo de los abrazos y pensamos, mientras nos decimos adiós por enésima vez: habitas en mi cuerpo pero vives demasiado lejos de él. Y todo queda en silencio. Demasiado lejos.

martes, 9 de septiembre de 2008

Final de viaje

Llegaste a Roma un 27 de agosto, después de horas y media de viaje en tren, desde el norte, contemplando paisajes casi vírgenes, escenarios toscanos, la carretera a un lado y, como siempre, el viaje en tren te tranquilizó. Desde la estación de tren, un tren, el último, desde allí hasta el aeropuerto y contemplaste otra vez los paisajes que te decían adiós a cada instante. Pensaste, incluso en la periferia de la ciudad, uauh, hay ruinas romanas pero, tras un momento de lucidez, te diste cuenta, no eran ruinas, eran casas, edificios que parecian a punto de caerse y pensaste por qué no, si Berlusconi lo imagina así, con un ejército que entra en cada ciudad, que, a este ritmo, penetrará, en poco tiempo, en cada casa, por qué construir casas que pronto serán derruidas; a fin de cuentas, diría Berlusconi, qué más da, ellos no son como nosotros, no viven en el centro.

lunes, 8 de septiembre de 2008

Relatos hiperbreves XXVII

Agotado de un año extremadamente estresante, deseoso de perderse en calles donde no lo conozcan, Antonino, decide pasar unos días en Florencia, una ciudad de la que tantas veces le han hablado; una de las ciudades, según sus amigos, más bellas de la vieja Europa. A su novia, sin embargo, que no le acompaña por cuestiones de trabajo, la ciudad, ya visitada, no la convence en absoluto y no le molesta en absoluto que su novio se acerque solo a la ciudad. Florencia, piensa Antonino, caminando ya por sus calles, es realmente hermosa en agosto desde la Piazzale Michelangelo. Otra cosa es caminar por sus calles, acercarse al centro histórico y escuchar a una mujer que resume su estancia a Florencia en esta frase: he estado en Florencia y sólo he comprado un bolso; otros se hacen una foto delante de un Ferrari y Antonino parece cada vez más angustiado; a una calle repleta de tiendas de todo tipo, Tornavuoli, sigue callejuelas llenas de tenderetes en las que Antonino se pierde sin saber adónde dirigirse. El centro histórico parece, imagina Antonino, un centro comercial en sólo vale comprar, conservar estampas de una ciudad hermosa, pero disfrazada de sí misma en agosto, y empieza a comprender que, o no es el mejor momento para visitar esta ciudad, o las cosas no son lo que eran. La angustia le puede y decide volver a su ciudad, al sur, pero tampoco hay salvación. No se había dado cuenta hasta ahora pero en las calles en las que nació no hay ya lugares en los que jugar, sólo tiendas, y más tiendas, tenderetes, tiendas de marcas, y marcas. Y más marcas. Y se acerca a casa y todo tiene marca: la televisión, el ordenador, los muebles, todo tiene una etiqueta con la que definirse y se va corre, no puede más, todo le puede. En las calles, las etiquetas también le pueden y decide acercarse a la montaña que rodea su ciudad, y parece a salvo pero entonces se percata: su ropa, la ropa que le cubre, la camiseta, sus pantalones, todo tiene etiqueta, y no puede hacer otra cosa que despojarse de ellos pero no hay suerte: también los calzoncillos, joder, son de marca y él es una puñetera etiqueta que camina, y se quita los calzoncillos y camina por la montaña desnudo hasta perderse buscando las huellas de sí mismo en las que nunca, aunque sepa que es mentira, ha habido una marca, una maldita etiqueta.

viernes, 5 de septiembre de 2008

Imágenes de Messina

Per la mia sorellina, Idu

Era casi la una de la tarde y ella te esperaba en la estación, siempre el tren. Con ella, el amor todavía no descubierto de sus vidas. Y era hermoso volver al andaluz, al pero, bueno, hombre, aunque un tanto exagerado, sorellina, un tanto exagerado. Y saber de su preocupación por el examen del DELE. Obviamente, también la tuya, profesor antes que amigo en los tiempos de Sevilla en que nada parecía ir mal, y tampoco hacía falta. Os acercasteis a la playa y, en el trayecto hacia ella, te habló de sus tristezas, de sus miedos, de sus nostalgias, también alegrías. La soledad de volver a un lugar que no parece tuyo y de un corazón grande que a veces dolía. Así son las cosas, Idu, aunque yo tampoco, decías, puedas entenderla. Y os bañasteis un poco en la playa pero leer, ah, leer, para ti, siempre es más interesante. Io non ho paura, leíste, y te habría encantado que fuera verdad, pero te pueden tantas cosas. Y en la playa fuiste feliz, siempre en sus fotos, siempre en tu memoria. Una sonrisa sin ridículos, una sonrisa sincera, hace poco tiempo. Y te dijeron arrivederci, tan formal, tan de usted, tan de maestro. Y escuchaste a Idu; hermanito, llegamos tarde, tenemos que comprar, no tenemos tiempo. Y la veías sonreír, su vestido de los años sesenta, belleza remacentista, pequeña belleza, en contraste con su enorme sonrisa. Nos esperan Robu, Cris, Mose, mi madre, no sé il mio papo. Y te hablaba de canciones italianas: siempre que conduzco, hermanito, me encanta poner todas las canciones a mucho volumen, y cantar, y sentirme libre, y ser feliz. Entonces tú, por primera vez, escuchaste, en la voz de la tua sorellina, en la voz de Caterina Caselli, Nessuno mi può giudicare, y la canción se quedó en tus oídos. Y hoy tus manos, escriben desde el recuerdo, desde la distancia, dando las gracias a la tua sorellina, por esa tarde, por ese viaje en coche, por esa voz que no conocías. Ahora que estás en Sevilla, ella en Roma, y tú estás escuchando, por enésima vez, esa canción; Cento Giorni y algunas más. Y lo sabes: si sabes escuchar, siempre hay algo nuevo al otro lado de la calle, también a éste, si intuyes que tu pequeño rincón en el mundo es sólo eso, descubres que sólo es una pequeña calle en una ciudad que promete tanta belleza. Y Messina queda en tus manos, ahora que recuerdan este pequeño trozo de tu viaje.

jueves, 4 de septiembre de 2008

Verrà la morte e avrà i tuoi occhi

Todo el mundo parece envejecer, excepto tú.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Respuestas

- ¿No te gusta la semana santa?
- No, no demasiado, ya lo sabes. Ya sabes que soy poco religioso.
- Entonces, ¿no crees en Dios?

- Lo cierto es, y ya me lo has preguntado antes, es que no; no es una idea que me convenza, la verdad.
- Pero, ¿por qué?
- Nunca me han gustado las respuestas fáciles.

martes, 2 de septiembre de 2008

Letojanni

A Anna Lisa Raneri
Anna Lisa es de ese tipo de chicas que nunca llamaría la atención en un primer momento, nunca la encontrarías en tus ojos a primera vista, entre cuerpos deslumbrantes que se adentrarían en tus pupilas desde el principio.
Sin embargo, a veces, sólo hay que saber mirar. Anna Lisa posee una hermosura serena, una belleza discreta, esa clase de belleza que logra que aquella mujer que la posee, poco a poco, se vaya apoderando del lugar en que vive, del sitio en el que trabaja hasta que, poco a poco, olvidas que, alguna vez, hubo cuerpos deslumbrantes, bellezas fugaces en tu mirada. Sólo queda entonces su sonrisa, maravillosa, aunque sean las dos de la noche en Pegaso, Letojanni y, probablemente, ella esté cansada después de una larga jornada de trabajo.
Ella sonríe, y todo queda en calma. Y uno, confuso pero feliz, piensa que, a estas horas de la noche, cuando ella muestra su sonrisa más sincera, se enciende Letojanni; la luz de su risa alcanza toda Sicilia, se ilumina el mundo.


Anna Lisa è quel tipo di ragazza che mai attirerebbe l’attenzione in un primo momento, mai la incontreresti nei tuoi occhi a prima vista, tra corpi offuscati che si addentrerebbero nelle tue pupille dall’inizio.
Ma nonostante tutto, a volte, solo bisogna sapere osservare. Anna Lisa possiede una bellezza serena, una bellezza discreta, quel tipo di bellezza che fa si che quella donna che la possiede, poco a poco, si impadronisca del luogo in cui vive, dell’ambiente nel quale lavora fino a che, poco a poco, dimentichi che, alcune volte, nel tuo sguardo ci sono stati dei corpi offuscati, bellezze fugaci.
Rimane dunque solo il suo sorriso, meraviglioso, benché siano le due della notte al Pegaso, Letojanni e, probabilmente, lei sia stanca dopo una lunga giornata di lavoro.
Lei sorride e tutto rimane calmo. E uno, confuso pero felice, pensa che, in queste ore della notte, quando lei mostra il suo sorriso più sincero, Letojanni si accende; la luce della sua risata raggiunge tutta la Sicilia, si illumina il mondo.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Libertad

Qué triste es que a uno nadie lo espere en las estaciones.