martes, 30 de diciembre de 2008

Algunas veces

Últimamente, rara vez, se abren mis ojos y son otros los dedos que han encendido la luz que me despierta a la mañana. Últimamente, pocas veces, dicen mis muslos, hola, buenas noches, es un auténtico placer, a otros muslos, el mundo es un gemido, encantado de habernos conocido. Últimamente, alguna vez, despierto en medio de la noche y, no, no hay suerte, no son tus pechos mi almohada, y duermo, sigo durmiendo en medio de tanto desconcierto. Y no, no hay pechos en noches de invierno como éstas que me sirvan de almohada desde hace meses, y entonces el frío cala mis huesos y duele la soledad en los tobillos, es difícil levantarse. Últimamente, algunas veces, son mis manos las que esperan que sean otras las manos que acudan a su encuentro y no las dejen salir solas a la puerta. Algunas veces, llueve y es triste no tener con quien mojarse las piernas bajo los paraguas; es triste salir a los rincones y no tener con quien compartir las palabras, algunas veces.

lunes, 29 de diciembre de 2008

A veces Marta II

Visto y no visto, el mundo sigue, la vida continúa. Apenas un momento, poco más, para saber que cuando Marta sonríe, el mundo sonríe con ella. Una sonrisa sencilla, para suerte de aquellos que la conocen y comparten con ella su tiempo. Es domingo, o tal vez sábado, pero es obvio que llueve; cae una lluvia dura, fría, que cala los dedos de aquellos que intentan escribir contemplando las calles de la ciudad en la que viven, así que es mejor quedarse en casa, mejor casita, al calor del hogar, y de las palabras, nunca solas. A un hola, buenos días, responde un has dormido bien, espero que sí, sigue siendo, a pesar de todos los años, a pesar de todas las noches en vela, sigue siendo tu cama, la habitación en la que te sigues dejando llevar por la niña que has sido. Un café en familia, una conversación entre amigos, el tiempo vuela, para qué ir ahora a cualquier otra parte, para qué soñar con otras cosas. No hay nada como el hogar, nada como la sencillez de unos momentos tan íntimos como el aroma de un café que se pierde en unos labios que sólo quieren dar las gracias por unos instantes que se calan en las venas, que dejan huella en el corazón. Hace frío en las aceras pero salir hoy parece prohibido al amparo de un hogar en el que hemos crecido tantas veces, en el que hemos compartido tantas tristezas, en el que, alguna vez, nos hemos sonreído hasta decir: así que esto era vivir, esta quietud, esta conversación callada en que nuestros silencios nos hacen decir tantas cosas. Un recuerdo es suficiente para reír, para mirar con ternura los ojos que nos miran como niños, a pesar de la edad, a pesar de los pesares, un recuerdo basta para ser cómplices de un tiempo perdido ya, aunque haya dejado marcas en nuestras manos y nos haga cosquillas al levantarnos. Un no hace falta que te levantes, yo recogeré, me encanta Delibes, cuánta ternura en sus líneas, cuánta dureza en sus páginas, y hay señoras de rojo sobre fondo gris, y mujeres que dicen saber poco de cine y música pero escucharlas te reconforta con el ser humano, con el reencontrado hallazgo de hablar para conocer a alguien; y es fácil saber que Lorca es maravilloso, es un auténtico placer conversar un poco, aunque sea un poquito, y decir hasta pronto, un besazo, nos vemos pronto, hace frío, un café, algunos dulces, es la familia, me reclaman. Entonces, el olvidado descubrimiento de las cosas sencillas hace que sonrías y el mundo sonría contigo.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Paura

Quando viaggió in Italia, Silvio Berlusconi era ancora li.

martes, 23 de diciembre de 2008

Consume y calla, niÑatO

Es navidad, dulce navidad, feliz navidad, blanca navidad, tiempo de ternuras varias, de comidas en familia y cenas con amigos. Es navidad, y días de cine y películas, series y anuncios, minutos a los que añadir minutos, publicidad a la que añadir, otra vez, anuncios. Y hay niños de doce años que ven pasar ante sus ojos un surtido absurdo de juegos que prometen felicidad, de mundos de luz y charol que nunca darán tristeza. Una blanca navidad, de cielos con frío y estrellas, de niños a un lado y otro de la tele, a un lado y otro de calles en las que sólo hay letreros que incitan al consumo, ya desde pequeño, para no perder, desde el principio, costumbres que puedan distinguirnos. Y es otra navidad, otra blanca navidad, en la que todo no existe sino para decirnos que nuestro único valor es el precio, el precio con que compramos cada artículo con que decimos a los demás, no lo olvides, somos iguales. Una blanca navidad como otra cualquiera en que cuanto aprenden, cada tarde, en cada imagen, en cada anuncio es que la única opción parece consumir, consumir y callar, niñatos, ahora que vivimos en el mejor, no podría ser de otra forma, de los mundos posibles. Consumir, claro, para ser felices.

lunes, 22 de diciembre de 2008

Volver

Per Ida, la mia sorellina

Era verano entonces y el sol manchaba mis dedos de amarillo; cuanto sabía de ti era tu nombre y la sonrisa con que cada sobremesa saludabas al mundo y, algunas veces, a mis ojos. Era verano entonces y pudimos hablar, alguna vez. Supe de ti tu nombre y tu sonrisa; tus miedos y, alguna noche, tus muslos y rodillas. Era verano entonces y cuanto sabía de ti era el mar en que te desnudabas cada madrugada por, ya sabes, saber si las olas saben acariciarme, si la playa conoce de mí algo más que mis orillas. Era verano entonces y sólo sabía de ti que tu piel quemaba a ciertas horas de la cama si el suelo no conocía de nosotros sino tu ropa. Era verano entonces y todo estaba cerca, a escasos centímetros, decías, a escasos centímetros de algo que podríamos haber llamado amor si todo no hubiese empezado a alejarse, si todo no nos hubiese dicho que hay semanas que terminan y cuerpos que deben dejarse atrás, labios que ya no se consumen en nuestros labios para placer de nuestras bocas. Era verano entonces, pienso, invierno ahora, pienso en ti, en tus manos seduciendo a mis dedos por última vez, prometiéndole algún minuto más de apetito, devolviéndome la risa, ahora que es invierno y quisiera pensar que es posible volver, volver a besar tus muslos alguna noche de verano en que tú y yo nos deseemos como uno, como uno solo, ebrios de cariño y deseo, alguna tarde, alguna noche, siempre una última, siempre una primera vez.

viernes, 19 de diciembre de 2008

La vida como caos IV

Para mi exigente profesora, que siempre me obliga a escribir, aunque yo no quiera
Es diecisiete de diciembre y cumples años, otra vez. Y van...; eres tan viejo como tu memoria. Ahora estás a pie de playa, qué lejos quedan Moguer y Priego, ahora que toca Getares, Algeciras y un claustro de personas que hacen que ir a trabajar cada día sea un placer. Y toca abrir los ojos y dejar que sea el sol de las olas el que cada día me susurre las primeras palabras de la mañana, el sol y sus aguas. Y el mundo, cuántas veces lo has escuchado ya, el mundo sigue girando. Y es emocionante saber que David y Coralie son padres, aunque ninguno de nosotros sepa si éste será, para él, el mejor de los mundos posibles, padres un dieciséis de diciembre de un año en que todo ha sido crisis y el mundo poco ha cambiado. Todo sigue igual. A pie de playa, las olas te hablan y el mar parece tranquilo, a pie de playa. Es diecisiete de diciembre y has crecido, aunque madurar, lo que se dice madurar, no demasiado. Y hay huellas que llegan desde los más diversos lugares, desde todas las épocas; y hay huellas en Sicilia que te dicen que bien podrían cumplirse todas tus expectativas y así lo esperas, ahora que sabes que rendirse nunca será una opción; y hay palabras sencillas que te desean un buen día desde Eslovenia, palabras y besitos, cariño, te dicen, sabes que me alegro de que nos hayamos conocido; y hay gente, desde Portugal, que te piensa y espera que el día sea maravilloso y nunca cambies, nunca. Así lo intentas. Y hay palabras que llegan desde Alemania; Susen, siempre Susen, porque ella lo sabe, sigue siendo una de las personas más dulces que alguien haya podido encontrarse, siempre es así, y ahora llega aquel invierno en Alemania, ese primer viaje, otro cumpleaños, el día en que viste caer la nieve por primera vez, y te dejaste, siempre lo haces, llevar por el niño que siempre has sido. Un niño de muchos años. Así fue entonces: Alemania, mercados de navidad, y un helado, siempre el helado. Y toca pensar, como normalmente haces, en un año, en todo un año, en Moguer, Priego pero, sobre todo, por ahora Osuna, y en las lágrimas que, a veces, se te escapan cuando te llegan mensajes que enternecen tu corazón y dejan huella en tus dedos. Maestro, sabes dónde estamos; en la clase donde te vimos por primera vez pero ahora ha pasado un año. Un año y no estás, dicen, y te desean muchas felicidades. Un año y las sigues echando de menos, ellas lo saben, y saben que eres feliz si te cuentan, hola, maestro, he escapado muy bien, cuatro sobresalientes, cinco notables, y dos suficientes, aunque uno de ellos sea injusto, totalmente injusto. Y te duelen las matemáticas, como te dolían por entonces. Un año. Ha pasado un año y tantas cosas. Han pasado todas las olas del mar ahora que llegan a tu nueva casa y todo parece tranquilo. Es diecisiete de diciembre y Antonella te saluda desde Valencia donde este año, las casualidades, piensas, no existen, has estado por primera vez, aunque Antonella venga de Bari. La última velita, afirma, cuando este día llama a su fin, la última velita del día que tienes que apagar. Y toca apreciar cuántas huellas dejan en tu camino, cuántas raíces forman parte de tus zapatos. Aunque hoy, como tantas veces últimamente, te encuentres solo entre tanta gente que no conoces y acabará, esperas, formando parte de ti, gente como Marta, que hace que todo sea más fácil y la soledad, el trabajo, un poco menos, Marta, pásalo bien en el norte,, aunque hoy, te dices, te encuentres solo, el sol del mar se esté durmiendo y haya sido imposible, es difícil en estos días, escuchar la voz de Heidi.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Ah de la vida

Intento escribir pero la vida me lo impide.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Palabras palabras palabras II

Imaginábamos que este carnaval de mercaderes en que se mueven alguno de los rincones de este mundo sólo era el disfraz mediocre de todo aquel que tiene el dinero como único valor, de todo necio que confunde valor y precio. Y no andábamos equivocados: tras el disfraz, la mentira, cierta, de que lo que había era nada, agujeros que acaban por hundir a quien se acerca. Y, a este lado de la vida, a este lado de la realidad, también hay caminos que sólo llevan a la incertidumbre, a un dolor que no tiene, nunca lo tuvo, disfraz alguno. Aunque algunos mercaderes encuentren una máscara adecuada para causar tanta tristeza.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Historias PAM III

Habían pasado semanas (elipsis) desde el entierro de su profesor, mentor y, ante todo, amigo, semanas sin saber de su, una vez, amiga, ahora enemiga íntima, Nina, semanas sin saber absolutamente nada de ella. Pam había visitado todos los rincones de los bajos fondos, los rincones por los que se había movido Nina, en los últimos años, una vez que se había hecho un nombre en los bajos fondos pero no había habido suerte: nadie sabía de ella. Pam lo había probado todo: extorsiones, amenazas, sobornos a todo tipo de individuos, exnovios como Ezequeil, ex-amigos pero ninguna pista, ninguna huella. Nina parecía haber desaparecido de la ciudad y de todo aquello en que sus manos habían estado alguna vez. No había suerte, algo que empezaba a frustar a Pam que, a pesar de los pesares, imaginaba cómo sería el encuentro cuando se encontrara (prolepsis): algunas palabras de cortesía, un hola, Nina, cuánto has cambiado, sabes que te lo habría perdonado todo, porque ya lo hice, lo sabes, a pesar de los cadáveres que has dejado atrás, pero nunca nunca podré perdonarte que asesinaras a alguien de quien tanto hemos aprendido, que tanto nos enseñó, alguien que aprendió tanto de nosotras; acaso Nina dijera, sí, aprendió y nos dijo que éramos las únicas pero mintió, me mintió, sus dedos están en tantos libros, su firma en tantas páginas, sus palabras en tantos oídos; nunca, nunca, amiga, nunca, Pam, debió ser así, nunca, era todo para mí, era tantas cosas, pero nunca debió ser así. Y tal vez lloviera porque todo sintiera tristeza y Pam la asesinara de forma rápida, profesional, un disparo en los ojos y poco más, sólo el dolor necesario, pero, por ahora, parecía imposible, ahora que no tenía ni idea de dónde estaba pero le bastó un momento de lucidez: para buscara a alguien que se ha hecho invisible, nada mejor que acudir a la chica invisible. Al otro lado de la ciudad, en las casas más tranquilas Nina hablaba con una de sus mejores amigas, Pilar, de todas las cosas que las acercaron en el pasado (analepsis), recordaba Nina los días de colegio, en que una y otra eran inseparables, tiempos tranquilos en que Nina no imaginaba cuál sería su lugar en el mundo. Hablar con Pilar la reconfortaba, la hacía más dulce, la hacía olvidar en quién se había convertido, ahora que, además, se había convertido en una leyenda en los bajos fondos. Con Pilar, no existía Nina, sólo Ana, una chica dulce que hablaba de novios, estudios y trabajo con su gran amiga, física reconocida en diversos ámbitos. Aquí sólo existía la luz de una gran amistad y toda oscuridad estaba sepultada aunque Nina supiera que fingir, para siempre, parecía imposible. Era imposible. Lo era aunque ella intentaba engañarse, decirse que otra vida era factible; aunque supiera que Pam la buscaba y alguna vez la encontraría. Aunque lo supiera. Y Pam se acercó a hablar con la chica invisible, una chica que podía estar en todos sitios y no aparecer en ninguno. Entonces lo supo: si quieres ser invisible, hazte obvio. Si quieres ser invisible, vuelve a amigos que sólo conocen una parte de ti. Ahora Pam sabía que Nina estaría en casa de una de sus amigas, y lo más probable es que estuviera en la casa de la amiga más amable, dulce e ingenua que siempre habían tenido: Pilar. Y empezó a llover, una lluvia fuerte, dura, que golpeaba la cara de Pam ahora que ésta sabía que encontrar a Nina sería cuestión de tiempo, sólo una cuestión de tiempo.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Palabras palabras palabras

Cuentan, y probablemente sea cierto, que la Declaración de Derechos Humanos es el texto traducido a más idiomas en este tiempo aunque, también es cierto, sea, es, el menos comprendido.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Orillas

Caminas por orillas de mar y arena como quien ve sonreír por vez primera a alguien mientras sus labios desaparecen en un tren que empieza a caminar. Canta, cerca, algún pájaro, y los raíles lloran todo desencuentro.

martes, 9 de diciembre de 2008

A pie de playa

Es el mar, me dices, el mar, amor, el que me arrastra a tus dedos y calla tus gemidos; es el mar, amor, te digo, el que susurra olas de palabras que colman tus labios de sed, ahogan de estrellas tu boca, calman de noches tus ojos. Es el mar, amor, las olas y su rumor la voz que nos desnudan, son las olas y su rumor la voz que acercan tus muslos a mis piernas. Es el mar, amor, su silencio el que muere en mis manos mientras mi sed duerme en tus pechos y se llenan de arena todos tus contornos.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Historias PAM II

El día del entierro del que una vez fue profesor, después escritor y casi siempre amigo, amaneció con lluvia, una lluvia fina, breve, que calaba los dedos de todos los presentes y entristecía los corazones. Un día tan amargo como lluvioso. Un día de emociones encontradas y tristezas infinitas. Paloma, de negro y dolorida, había dejado el tanque en casa, porque el rosa no era color para un día como el de hoy, como una jornada como la presente. Acudían a su memoria imágenes de todo tipo, aquellos días en que el se sentaba entre sus alumnos, como uno más, y escuchaba con atención a los maestros aunque no entendiera lo más mínimo; los días en que el maestro se acercaba a su pueblo para tomarse, de cuando en cuando, un café y muchas muchas palabras porque, como él decía, cuántas cosas he, aprendo, y aprendido. Después vino el éxito con algún que otro libro, adaptaciones al cine, otro libro, adaptaciones televisivas, firmas en centros comerciales, en Ferias de Libro, incluso en cafeterías. Increíble, pero cierto, tenía cierto éxito como escritor y empezaba a tener fans. Pam le había dicho muchas veces que lo mejor era, por si acaso, aunque probablemente nunca pasara nada, que lo mejor era tener un guardaespaldas y él, pacifista convencido, tenía claro que el único guardaespaldas con el que contaría sería ella, y su flamante tanque rosa, ya que siempre se reía mucho al verlo. Había sido todo un amigo y ahora sólo podía, tristemente, llorar su muerte. Y vengarse de la culpable, con la que tanto había compartido. Dar con ella parecía fácil ahora que pocos acogerían a una asesina en su casa, y Pam conocía a todos sus asociados, a todos aquellos que tenían una casa para ella, pensaba entre lágrimas. El problema es que Nina era lo suficientemente inteligente como para saber que estos serían los primeros pensamientos de Pam así que su plan era otro: alojarse en la casa de una de sus grandes amigas, inocente e ingenua como pocas, una especie de Cenicienta de estos tiempos, Pilar, siempre tan amable, siempre tan ingenua. Alejarse de los sitios por los que se movía le daría éxito durante algún tiempo, Nina lo sabía, aunque también imaginaba que en algún momento, recuperada una vez Pam del dolor causado, su, una vez amiga, la buscaría porque también conocía a Pilar. Pero podría descansar un poco y llorar, con tranquilidad la muerte del que una vez fue su escritor favorito, pero equivocado por completo al dedicar sus palabras a tanta gente cuando las palabras deberían ser sólo para ellas, palabras como las del último libro que él ha escrito en su vida, palabras para ella, sólo para ella, ella lo sabe, ahora que Pilar la mira y ella llora, Pilar le pregunta por qué, y ella dice, no me lo puedo creer, está muerto, la persona que me escribió estas palabras está muerta, no puede ser, es imposible, palabras como éstas, para mí, sólo para mí: El amor hace que sin darnos cuenta se nos pase el tiempo. El tiempo hace que sin darnos cuenta se nos pase el amor, dice un proverbio italiano. No lo olvides, preciosa lectora, y llora por su muerte, ahora que Pam, al otro lado de la ciudad, en el otro rincón de la vida llora por la muerte de un amigo pensando en su venganza, imaginando dónde está ahora Nina, sabiendo, porque la conoce, que la pena la consume y el mundo será más gris para ella.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Sierra Sur VI

Para Paloma

Y fue volver a tu primer instituto, sentarte, otra vez, con ellos y no entender nada, recordar las conversaciones con una de las estudiantes más brillantes que has tenido la suerte de encontrarte, y saber que nadie sino ella ha sabido definirte de forma perfecta, dar, como pocos, en el clavo: maestro, pero si tú nunca serás profesor, siempre serás uno de los nuestros, sólo eres un estudiante que enseña. Palabras tan preciosas como precisas. Y se quedó tan tranquila.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Demagogia constitucional

Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.

Jo, y entonces, a mí, en los sorteos, ¿por qué nunca me toca ser rey?

jueves, 4 de diciembre de 2008

Conócete a ti mismo III

Y en ello estamos. Escuchas a la gente y dicen, hey, hay que quererse: eres culto, inteligente, sensible. ¿En un mundo como éste? Pobrecito de ti.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Desubicado

Es de noche y estoy solo, aunque no sé dónde estoy. Escucho algunos coches, el rumor de la playa y palabras que no llego a comprender. Estoy cansado y mi casa está a años, me parece, de distancia. Qué lejos está todo de los dedos cuando éstos han olvidado escribir y cuanto saben es de un poco de tristeza y tanta tanta nostalgia. Y es un momento, un momento solo pero duele en los nudillos no saber cuál es hoy, a estas horas, mi lugar en el mundo aunque, acaso, si busco tus ojos y encuentro el azul de tus sonrisas sea otro el día, todo un sol la mañana.

martes, 2 de diciembre de 2008

Un martes cualquiera

Si hoy es martes cuánto sé de las calles que me habitan es que no hay sombras mejores que aquellas que me traen colores desde tu boca.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Caminante

Llevo tu voz en mis rodillas para que me duela caminar si alguna vez olvido tu nombre.