martes, 24 de febrero de 2009

Amor menos poderoso que la muerte

El mundo duele. Fastidia. Jode. Sería genial ser otro y estar en cualquier otra parte. Aunque todo fuera igual. Duele ser parte de un sistema educativo en el que cada día crees menos, en el que todo se reduce a aprobar y suspender a cuantos alumnos tengas delante y enseñarlos a pensar es casi un crimen. No pienses: el mundo te destruirá. Duele pasear por las paredes de un instituto en la que tantos poemas de amor se han escrito sobre los muros de la biblioteca; fue bonito entonces, aunque fuera el día más comercial y las empresas obligaran a ello, tanto amor comprado innecesariamente. Es duro volver a pasear por esos muros y observar cómo el viento se ha llevado tantas palabras y el suelo las conserva: nunca el amor podrá vencer al tiempo. Lees algún poema, algunos versos e intuyes que, tal vez, meses después, sólo sean palabras, alguna mentira, un poco de literatura. Y no haya una chispa de pasión entre aquellos que tanto cariño se juraron. Quedan entonces los escombros de un corazón roto que empieza a encontrar su voz en estas calles aunque pocos conozcan de él sus raíces. Es mi ciudad y joden tantas cosas, tantas proclamas que saben a hipocresía, tanto grito hueco que afirma, de forma infantil, la violencia es mala, yo niego vender armas. Jode comprender que hay aceras por las que caminan bolsillos que guardan alguna moneda, y siempre un precio. A pesar de que duele pensar de que hay gente que sólo conoce de monedas las que tuvo alguna vez y ahora no sabe, y haya callejones que sólo saben de amor que existe el hambre y huelen a muerte los caminos. Es absurda la vida, algunas veces.

1 comentario:

Rizitos eléctricos dijo...

En la noche brilla tu luz.
De dónde, no lo sé.
Tan cerca parece y tan lejos.
Cómo te llamas, no lo sé.
Lo que quiera que seas:
¡luce, pequeña estrella!