miércoles, 25 de febrero de 2009

En todas partes III

Per la mia sorellina Ida
Lloverá estos días en Roma, aunque yo nunca lleve paraguas y, ya lo sabes, sorellina, que seré feliz al verte esperándome en la estación de tren, como has hecho alguna vez que otra. Será una ciudad diferente, el mismo cariño, la misma complicidad, para recordar entonces cuanto hemos compartido en una playa de Messina, un bocadillo, palabras, que te confundan con una española y que las olas del mar hagan cosquillas a nuestros pies y dejen huella en las rodillas. Messina y tus papis, mi familia, tanto cine en los pupilas, tanto teatro en las manos y cerca un volcán, por el que caminé de noche con amigos a los que no conocía con la única luz de la luna. Un volcán del que tantas piedras me llevé y alguna era, te lo dije en algún momento, alguna era para Heidi, aunque todavía esté esa piedra, esa raíz del volcán en mi casa y algunas letras. Una botella de casera y algún zapato, por si te dolían los dedos alguna mañana y era imposible caminar sin tus tacones, a pesar de que no quisiste esperar por si llegabas tarde a todos los instantes. Un grito, y otro, de euforia contenida, cuando cuando tu coche pertenecía a los sesenta y yo escuché la voz de Caterina Caselli, por vez primera y supe, al escuchar, que nadie tiene derecho a juzgarnos, aunque quiera. Será bueno recordar entonces los paseos por el río, el sol la luz y tanto helado, aunque haga frío y tiriten nuestros dientes, tantos bares, tanta fiesta, tanto dolor en los párpados cuando era otro el país que te habitaba. Será suficiente verte un minuto, saborearte un rato para saber que otra vez nos conocemos, que nos hemos encontrado otra vez un poco en el camino y es apacible con tu sonrisa el paseo, aunque me lleve en avión desde Sevilla a Roma y a calles por mí desconocidas. Hablaremos de dolores que en nuestro corazón se cobija, de la fragilidad de una casa por cada uno de nosotros olvidada; seré como un niño al observar tus paredes por mis textos habitada para pasear por rincones de Roma que saben de ti cuanto tú eres. Parlaró italiano otra volta, ciao sorellina, come stai, sono felice de encontrarte hablemos de la fragilidad y sus aristas. Y seguiremos leyendo las líneas que dejaron en nosotros tiempo, calor y tardes de tinto en nuestros ojos, ahora que tocará decirnos hola, adiós, será, ha sido, es un placer, te echaré de menos, me encantaría verte, se lo digo a poca gente, cada día, te echaré de menos, vuelve pronto, Sicilia espera, te quiero tanto, hermanito, ti voglio bene, parlami di tutto, el tiempo es oro, hasta pronto, seguirá el contacto a todas horas, aunque quede lejos la sonrisa.

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