domingo, 8 de febrero de 2009

Historias Pam IV

Para Pilar, Paloma y Ana, de las que tanto he aprendido y tanta huella han dejado en mí

Volvía a llover. Un invierno atípico, en el que la lluvia volvía a obtener protagonismo. Una lluvia dura, que cala huesos y paredes, una lluvia que invitaba a quedarse en casa y disfrutar del calorcito de unas salones en que ver el televisión parecía una distracción aceptable, una forma de perder el tiempo como otra cualquiera. Sin embargo, Pam no tenía ganas de estar en un sillón, esperando un tiempo que empezaba a cansarla. Sabía que tenía que hablar con Noelia, esa chica invisible, esa chica que sabía dónde está la gente invisible, que encontraba a las personas que habían dejado de dejar huella en los lugares en los que, alguna vez, habían estado. La lluvia no importaba, así que salió de casa y, cinco minutos más tarde, allí estaba, con Noelia, preguntándole por su amiga Nina, esa amiga que parecía haber desaparecido de la faz de la tierra. Y Noelia, cuya voz era imperceptible, sólo sabía decirle: Pam, si quieres ser invisible, deberías exponerte a todo el mundo, dejar que todo el mundo te viera. Un pequeño cambio de casa, un regreso a la casa de amigos a los que hace mucho tiempo que no visita, un insignificante corte de pelo y será la chica que nunca ha sido, aunque siempre haya estado allí. Entonces, Pam, lo supo. Pilar, se dijo, Nina está en casa de Pilar. Pilar, una chica dulce, confiada e ingenua, una de las amigas más cercanas a Nina, que jamás imaginaría que Nina se habría convertido en asesina. Pilar se había convertido en una prestigiosa periodista, de costumbres tranquilas y hogareñas, que apenas tenía vida social, una situación perfecta para Nina, a la que el calor del hogar le ayudaría a olvidar los últimos tiempos, en las que tantas veces se habría sentido perdida y luchando por una vida que no era la suya. Nina estaba allí, en la habitación de Pilar, leyendo alguno de sus muchos artículos, leyendo el que le había dedicado a su viejo profesor, y ella no podía contener sus lágrimas. Siempre olvidaba cuánta huella había dejado su viejo profesor, para bien y para mal, en aquellos que lo habían conocido. Lo olvidaba hasta que pensaba que las huellas, las firmas, el cariño y el aprecio le pertenecían sólo a ella, sólo a ella, se repetía, sólo a ella. Llamaron a la puerta y Pilar se encontró con un rostro conocido, el de una Pam, con la que no había hablado desde hacía semanas, desde el asesinato del viejo profesor de ambas:
- Hola, Pam, ¿qué haces aquí?
- Sólo... no sé... sólo quería saber si Nina está aquí, contigo.
- ¿Nina?
- Ana, Nina, ¿qué más da? Llevo semanas intentado hablar con ella.
- Sí, está aquí. Pareces nerviosa, ¿pasa algo?
- Yo... no sé si... me gustaría hablar con ella, nada más. Por los viejos tiempos. Por todo aquello que nos hizo amigas.
- La llamaré. Espera un momento.
Un minuto después, Nina y Pam están cara a cara. Pilar intuye que nada va bien, que cuanto había unido a sus amigas es ya una historia absurda, una carretera que no lleva a ninguna parte. Le gustaría no estar allí, volver, sencillamente, a la ciudad que las vio crecer como amigas, conocer el amor, saber algo de la vida y poco de otras cosas. Dolerá la vida, les decía su profesor, dolerá la vida, pero vosotras siempre seréis más fuertes. Y ahora, ahora mismo, la vida parece doler mucho más de lo que Pilar se imaginaba.
- Hola, Nina, dice Pam con seriedad, cuánto tiempo.
- Hola, Pam. Te estaba esperando. Desde el mismo día en que...
- Nina, imagino que sabes a lo que vengo. Imagino que sabes lo que me ha traído hasta aquí.
- Lo sé, Pam, lo sé. Vienes a matarme, dice Nina, ante la incredulidad de Pilar.
- Sí, Pilar, le prometí a nuestro viejo profesor que nunca le pasaría nada. Serás famoso, maestro, y yo seré tu guardaespaldas. Y nunca, nunca te pasará nada. Nunca, maestro, nunca, pero no pude conseguirlo, Pilar, ella lo mató. Ella.
- ¿Qué?
- Pilar, lo siento, de verdad. Yo, lo siento. Debería...
- Nina, vengo a matarte porque no pude mantener mi promesa. No pude...
- Pam, hazlo. ¡Hazlo ahora! Llevo semanas sin dormir, esperándote. Imaginando cuándo llegarías. Imaginando la cara de Pilar cuando lo supiera. Esa cara, que me mira ahora con odio. Pilar, lo...
- ¡No digas nada! ¡No digas nada!
- Nina, debería matarte ahora, ahora mismo. Pero veo que lo que hiciste te está matando. Te corroe por dentro. Debería matarte pero dejaré que vayas muriendo poco a poco. Será más cruel y no quiero desperdiciar una sola bala en ti. Me iré y Pilar te pedirá que te vayas de su casa. Todos los que creyeron en ti dejarán de hacerlo. Dejaremos que tú te mates, que todo lo que te consuma te mate ahora, que te destruya.
Nadie habla, nadie habla ahora que el mundo duele, la vida cansa y todas aquellas cosas que Pilar, Pam y Nina creyeron han dejado de ser verdad. Ahora que el mundo es un inmenso agujero negro en el que está muriendo todo aquello que hizo de ellas unas chicas que creían que la vida tenía sentido y su amistad podría salvar tantos naufragios.

1 comentario:

Anónimo dijo...

mi final como asesina... q triste...jajaja