viernes, 13 de febrero de 2009

Un día como otro cualquiera

Para Rebeca

Un día espléndido, piensa Cristina Masegosa, un día espléndido para casarse. Un día de sol en el que un calor agradable cala en las manos de todos aquellos que han venido a visitarme, se dice, un día espléndido para casarse aunque yo, lamentablemente, me caso mañana.

Un día espléndido para sentir mariposas en el estómago y alas en los pies. Hay momentos en que apetece volar sólo por el placer de saber que queremos a alguien y somos correspondidos; amor en estado puro. Y unirnos en cuerpo y alma, aunque quede lejos lo sagrado, aunque no haya nada más sagrado que la pureza de un sentimiento auténtico. Mariposas en los pies que obligan a Cristina a buscar en Internet si mañana hará buen tiempo, el que toda boda merece, pero no hay suerte. Mañana lloverá y una pequeña tristeza se apropia de ella. Debería ser el sol el que me dijera hola, debería ser el que hablara de amor y luciera mis ropas.

Un día espléndido, piensa Cristina Masegosa, ahora que es temprano y tiene una cita ineludible, inolvidable: su boda. Un día espléndido el de ayer, ahora que mira por la ventana y contempla las primeras gotas de lluvia. Llueve y nada va a ser lo mismo. Quería sol, calor, aunque fuera diciembre porque los milagros del sur invitan a ello. A tardes de nubes y cielo azul con veinte grados aunque sea invierno y haga frío. Un invierno tan diferente a los que nos han visitado hasta hace poco. Llueve ahora que la novia se acerca a Villa Luisa y el sur parece olvidar sus principios; sin embargo, el sur, ya se sabe, tiene sus milagros. Es acercarse, llegar a Villa Luisa, y el sol reclama, de nuevo, sus dominios, para sonrisa apacible de Cristina y cuantos allí, con ella, se encuentran.

El sentimiento más puro aunque quede lejos lo sagrado, aunque quede la iglesia a miles de kilómetros de distancia. Una ceremonia civil y después postre, después comida. Completémonos, primero el alma, después el cuerpo. Hablemos de palabras, quedemos en silencio, comamos luego.

Escuchemos, se dice Cristina, escuchemos al juez, ahora que quiero estar contigo y mi alma en paz se encuentra. Escuchemos al juez ahora que te miro y sé que me amas, a pesar de los días difíciles, a pesar de noches sin dormir e instantes en los que ni siquiera me has pensado. Escuchemos ahora que habla del derecho social y de los cambios en esta nuestra tierra, ahora que nos recuerda, eran otros tiempos, Franco vivía, era difícil casarse, lo era todo la iglesia, el derecho civil, brillaba por su ausencia, tiempos oscuros, larga noche de piedra; Cristina se distrae, mira a su novio, pronto su marido, y piensan: queríamos anécdotas, no un breve repaso por la historia del derecho civil, por la historia de un país que acabó hace, por suerte, demasiado tiempo, sólo anécdotas, pero el juez sigue y sigue. Cristina pero observa los jardines que la rodean, el aroma de unos parajes que invitan a vivir cuanto se pueda, a gozar cuanto se necesite. Ya se sabe, el sur y sus milagros. Cuánto cambio, escucha ella, cuánto cambio social desde entonces, desde que las mujeres quedaron ocultas bajo una larga noche de piedra, cuánto cambio social ahora que la mujer puede trabajar, casarse, y que no sea en la iglesia. Ahora que la mujer puede casarse aunque Cristina no escuche demasiado ahora que el juez está casándolos, que ambos han dicho sí, y han firmado. Feliz de haberte conocido, alegre de habernos encontrado. Una boda familiar, un rito divertido, cuánto cariño. Aquí están mis niños, sonríe la novia, aquí están los hijos de mis primos, siempre mis niños, hay que escucharlos, quiero, leen, se detiene el tiempo, hay que escucharlos, quiero que me oigas sin juzgarme, quiero que opines, sin aconsejarme, quiero que me animes, sin empujarme, todo es silencio, quiero que conozcas las cosas mías que más te disgustan, que las aceptes y no pretendas cambiarla, quiero que sepas que hoy puedes contarme conmigo, sin condiciones. Quiero que lo sepas.

Y hablan más niños, aunque tengan muchos años, niños de muchos años porque, como dice Saramago, hay que dejarse llevar por el niño que has sido, hay que hacerlo, y un padre siempre es un padre, papá, soy feliz al escucharte, cuando hablas, como hoy, de la suerte de encontrar a la pareja ideal, porque hay que estar siempre, en todo, en los buenos y los malos momentos, llorar juntos si hace falta, sonreír si es el mundo el que nos duele pero alguien quien nos devuelve su risa, porque es maravilloso escuchar su carcajada, pensar que si la ciudad existe es para que tú y yo nos hayamos conocido en estas calles. A pesar de los pesares; a pesar de que habrá tardes en que pensaremos, sería mejor descansar en otros lares.

Cómo no, Javi, ahora nos cuenta, ahora que otro de los niños ha terminado, cuenta anécdotas de un noviazgo que nunca pensábamos dar por terminado, un noviazgo que pierde miembros a cada instante, ahora que Javi nos da la bienvenida al equipo de los casados.

Toca el turno a la comida, toca el turno al cuerpo ahora que el espíritu se ha saciado. Si éste el sur, toca cerveza; si este es el sur, toca Cruzcampo. Toca también comer, la comida, un delicioso escándalo. Hay gente que, como la que cocina hoy para mi boda, por amistad, por cercanía, ama su trabajo. Auténticos placeres que este día nos ha regalado. Escenas de un rito que está pasando. Nada de tarta, para disgusto, susurra Cristina, de mis niños; mejor un postre, postre para todos, todos y cada uno. Toca brindar, brindar con cava. Brindar, otra vez; brindar, de nuevo, si la boda abrió con Cruzcampo, es el turno de un vino, vinito dulce de la tierra, Pedro Ximénez, un poquito de alegría para el cuerpo ya que el día es joven y nosotros más. Un poco de alegría, música para celebrar el hecho de saber que estamos vivos.

Noches de boda, cantan Sabina y Chavela, cantan a dúo, que todas las noches sean noches de boda, que todas las lunas sean lunas de miel; bailan el vals viejos y jóvenes, sienten la música, mueven sus pies, hay manos que acarician caderas, labios que se saben queridos, manos que se comprenden unidas, ha sido hermoso haber aprendido a bailar el vals, conocer tu cuerpo un poco más, aunque apenas lo hayamos hablado. El sol, la lluvia; el amor, la soledad; que no te den razón los espejos que todas las noches sean noches de boda que todas las lunas sean lunas de miel.

Melodías de ayer y hoy al servicio de nosotros, que acabamos de casarnos. The Beatles, She loves you, yeah, yeah, yeah, Ticket to ride, and she don´t care; Rollings, Ruby Tuesday, Fool to cry, Los Rodríguez, me estás atrapando otra vez, mi enfermedad, y tantos otros regalos para los oídos, tantos otros regalos. Melodías que invitan a coreografías improvisadas, para disfrute de la gente, para disfrute de aquellos que me quieren.

Tiempo de boda, ya se sabe, amigos que encuentran ligues, bailemos la conga; niños, pequeños, pequeñines, con pelucas y matasuegras. Aquí vienen mis amigas, visten de charleston, Money, money, gritan, bailan, tiran monedas, monedas de chocolate, que hay crisis y desperdiciar dinero es un crimen.

Amigas, quedémonos solas, toca homenaje, Muchachada Nuí, no hay nada más grande, no hay nada mejor, vamos, Cristina, sal a bailar, que tú lo haces fenomenal, tu culo se mueve como una palmera, suave, su-suave suave, vamos Cristina, tequila para todos, volvamos a brindar, por nuestra amiga, por su felicidad.

El tiempo pasa, las botellas también, el mundo no se detiene, pasan las horas permanece la felicidad; queda del día la noche y sus excesos, queda de la boda novio y novia y poco más, ahora que todos se han ido a casa, todos los demás, y queda una habitación de hotel que hará de ellos uno solo y mucho más.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta!!!!!! No te imaginas hasta que punto has podido reflejar cómo viví aquel día... Estoy impresionada.
¡Muchas gracias! Es el mejor regalo.

Rizitos eléctricos dijo...

Sin duda el Sur tiene su magia y encanto.

Tampoco dudo de que tu tienes parte de ese encanto al escribir. Me han entrado ganas de casarme, yo que soy antibodas... jejeje

Genial.