sábado, 14 de marzo de 2009

Canción de cuna para corazones rotos

Todo irá bien, decías con ternura, todo irá bien, cuando sentías la tristeza de unas manos que habían dejado de leer entre líneas, que sólo sabían encontrar nostalgias en el silencio de unas calles que habían dejado de motivar a tus pasos, unas calles que ya no conocían de ti ni tus huellas. Todo irá bien, el mundo no duele, a pesar de que habías dejado de escuchar las voces que entonces te impulsaban a sonreír a los pupitres de una escuela a la que nunca supiste adaptarte. La ciudad era otra cosa, y no era absurdo entonces tomar un café con gestos y sonreír al sol de una tarde de domingo en la descansabas hasta dormirte bajo el sol. La vida, por entonces, y algún bostezo. Algún domingo de sol y helados que daba sentido a los rincones que te veían derramar alguna lágrima, sin saber por qué. Deberías ser feliz, escuchabas, eres diferente, deberías ser feliz, pero encontrar una manera parecía imposible. Donde otros podían ver una casa, una habitación, una cama en la que compartir felicidad y besos, tú sólo encontrabas escombros, aunque sonreías, hipócrita, a todo áquel que sólo repetía: siempre estás sonriendo, ojalá yo fuera como tú, ojalá no tuviera ningún problema. Y sonreías de nuevo, una máscara hipócrita con la que negar al mundo tu verdad. Y decidiste contarte, por si tu ánimo cambiaba así: tal vez tengan razón, acaso yo sea feliz y no sepa verlo, curiosas mentiras que te contabas, cuando otros te contaban, para no perder tu cordura. Y la ciudad se fue haciendo en aquellos días un mar sin orillas en el que tú, ya solo y sin amigos, ya solo y sin amor, ya solo y sin ternura, sólo recordabas cómo naufragar y conocer sólo de cada ola sus silencios, en el que los sábados eran lunes grises de trabajo de los que sólo conocías su trabajo, sábados de sexo en la que el sexo no era más que una forma inútil de escapar a un vacío que te calaba hasta el fondo. Una sonrisa hipócrita que no dejaba de recordarte que el sol salía, sí, pero hacía tiempo que no daba algo de calor a tu vida, tú, tan en sombras ahora y no entonces. Y quisiste, lo sabe tanta gente, tanta gente lo imagina, quisiste recoger los fragmentos de tu vida, pero sólo encontraste escombros, quisiste escuchar, una penúltima vez al menos, una canción dulce con la que caminar un poco más al menos, pero sólo pudiste dar algún pequeño paso, cerrar los ojos y recordar las escasas ocasiones, en los últimos tiempos, en que una canción de cuna había servido para hacerte dormir, ahora que el insomnio y sus absurdos te devoran.

2 comentarios:

Rizitos eléctricos dijo...

Precioso...

R.O.D. dijo...

Años más tarde sigo sin poder dormir, y pese a que las personas decepcionan siempre hay letras pasadas que vuelven a mi memoria.