jueves, 19 de marzo de 2009

Escombros de un corazón roto

Roto en mil pedazos, el corazón puede doler si cae a tus pies y algún trozo roza tu piel. Duelen los escombros, saber que donde una vez hubo alegría sólo queda la nostalgia de no saber por qué estamos tristes y toda orilla queda tan lejos. Recordamos entonces, aunque sea de forma fugaz, que hubo cosas por las que mereció la pena vivir, también, deseamos, también ahora: un helado a orillas de un río; la voz de Marvin Gaye cantando su dolor al mundo; escenas memorables de un universo surrealista por el que los hermanos Marx caminaban con maestría; un beso cuya respuesta es unos labios que ya conocemos; un paseo por la playa y algunas huellas, dormir sobre la arena y algunos pasos; algún silencio compartido y todas las palabras que siempre quedan por decir; el cine con mayúsculas en manos de Berlanga, pintura de una sociedad que siempre es la misma; páginas del Quijote y toda la melancolía que pudiera caber en las líneas de un mundo, en lágrimas de Cervantes, ya perdido; el sol de un día del sur que invita a descansar entre sombras, a caminar bajo árboles de azahar en flor que saben a flamenco y expresan palabras de vida y muerte que se resumen en unos cuantos versos; el placer de pensar por pensar y no llegar a ningún lado, saber que todo es abusrdo y nada tiene sentido. Tantas cosas. Tantos escombros. Alguna tarde, de cuando en cuando, el corazón alberga esperanzas y se dice que no hay mayor felicidad que el de recoger cuantos escombros hay en casa para construir un castillo de naipes que lo invite a recordar todos aquellos instantes en que llegó, incluso, a sentirse bien algunas noches.

2 comentarios:

Rizitos eléctricos dijo...

Me gustaría exiliarme, hoy, de mi cuerpo a cualquier otro que esté mas al sur. Para cambiar este aroma de asfalto por el del azahar. Y para cambiar lo absurdo de la vida, por un sentido, por un sentir distinto, como es el del sur.

Puedes exiliarte en palabras, a otros mundos e historias, pero que quedan tan lejos de los sentidos...

Ginebra dijo...

No sé yo... soy más partidaria de tirar todos los escombros y tener la casita interior como los chorros del oro (ay, pordió, a que soy una mari???)