lunes, 1 de junio de 2009

Una décima de segundo

Para Eva
Tú y el mundo. El mundo y tú. Tú a miles de kilómetros de distancia aunque haya sonrisas que acercen a los viajeros. Viajar por buscar cuanto no hemos encontrado. Y tener la desconocida esperanza de no encontrarlo todavía, por seguir viajando, por no dejar de conocer. Viajar por estar sola, encontrar la inequívoca soledad de aquel que se siente libre y lo sabe, por crecer y saber que el mundo es el mismo si los pies están dispuestos a caminar en cualquier orilla. Contemplar el mar sólo por mojarte las alas y saber que la vida no es nada si no tiene agua con que apagar la sed. El azul tranquilo de una guitarra quieta una décima de segundo, una guitarra que cuenta relojes en la oscuridad, que susurra verdades tranquilas en el sitio de tu recreo. Una guitarra sola, una guitarra al fin, y los primeros acordes de cualquier canción con la que sentirte viva. Y decirte, como te has dicho muchas veces, que soledad y libertad no son más que las alas cansadas de cualquier viajero. Un poco de música en los ojos para saber que la belleza existe y a veces nos rodea, en un gesto, en unas letras, en unos labios que hablan y además saben escuchar. Tanta belleza, duele. El placer de compartir un momento, aunque sea a miles de kilómetros de distancia, el placer de vivir un momento íntimo y saber que al otro lado del mundo hay alguien sonriendo, hay alguien que te hace sonreír. Tener un río por el que poder volar y volar porque tienes alas. Todo pesa menos ahora, todo pesa menos. Es sólo una ráfaga de viento, mueve tu pelo y sonríes. Y cuantos te contemplan sonríen contigo. Una sonrisa con vida, una sonrisa que hace vivir a cuantos las contemplan, aunque estén a miles de kilómetros de distancia.

1 comentario:

trampasratoniles dijo...

La naturaleza atraía a todos aquellos quee sentían asqueados o estaban hartos del hombre y de sus obras. No sólo ofrecía una escapatoría de la sociedad, sino que representaba el escenario ideal para que el individuo romántico practicara el culto a la propia alma que con frecuencia lo caracterizaba.
La soledad y la libertad absoluta de la naturaleza constituían un entorno perfecto para la melancolía y la exultación.
RODERIC NASH
Wilderness and the American Mind
[extraído de "Hacía rutas salvajes" de Jon Krakauer. Pág 219-220]

GRACIAS HINO!!! :)