lunes, 6 de julio de 2009

Mentre piove

Per la mia sorellina

Hace calor pero el mundo no es pequeño. Hace calor en el sur pero el mundo no es el sur, el mundo es ancho y vacío. Hace calor aquí y tal vez llueve en Roma. Tal vez no. En el sur, hace un cielo espléndido, apenas hay estrellas y a estas horas todavía se ven sonrisas por los adoquines. Ninguna, ya lo sabes, ninguna como la tuya, aunque haya noches en que todo amenace tristeza y la des por perdida, pero no puedes haberla perdido. Ahora que has vuelto a casa y te esperan tu madre, gestos y palabras de un verano que será genial cuando tengamos un domingo en el que compartir helados, español y todos los errores de un italiano que se me olvida por momentos aunque lo recuerde por instantes. Será el sur, a pesar de que sean lugares diferentes, y preguntaré por tus historias, me pedirás, para la nueva casa, como has hecho, nuevos cuentos y será bueno que, como nuestras últimas conversaciónes, no sean tristes ni nostálgicos. Llevaré Casera porque, no sé si lo sabes, si no hay Casera, me voy, y querremos irnos, iremos a la playa, y le contaremos a la playa nuestras penas, por ver si el mar se las lleva y nunca nunca ya nos las devuelve. Será el sur y sus palabras, tu sur y sus teatros, tu sur y tus cantantes, orgullosa siempre de saber que ya con pocos años el cine era tu casa, y la cultura tu hogar. Será Roma y sus rincones, Roma y sus fotos, Roma y su belleza, Roma y tu belleza, en tardes en las que no llovía y paseabas tu sonrisa por todas partes. Será Roma en blanco y negro, Roma en color, Roma en tu risa, Roma en días de lluvia con ruinas. Ruinas de una vida que tú y yo, como casi siempre, debemos empezar a construir otra vez. Mientras llueve. Quedan, como siempre, momentos, instantes en que tú y yo descubrimos que hay cosas del sur que habíamos perdido, como un día de domingo en las orillas de una playa, la música de unos setenta italianos en los que tanto te pierdes, una noche azul bajo el cielo estrellado de ese teatro de Taormina en el que tanto me emociona estar mientras escucho a tus padres hablar mientras te miran con orgullo, y una voz, que a ambos nos llega al corazón, la voz de una mujer que habla bien de ti al ser tú quien me la descubrió en Sevilla, cuando Sevilla estaba todavía en tus dedos. Y Sicilia empezaba a estar en los míos. El sur, el sur, y sus palabras. El sur y una noche azul , ahora que ambos habitamos nuestro sur, que serena el tiempo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

carmen consoli ejem ejem