jueves, 2 de julio de 2009

Un poco de tristeza nunca viene mal al corazón

Es un momento, un instante, un momento tan solo, pero puede durar días, semanas, un año incluso y hacer que el mundo sea infinito y las calles no tengan nombre, lograr que las aceras hayan perdido los adoquines y sea fácil entender entonces que estamos solos y que hay poco más. Es un momento, un instante, un minuto tan solo en el que te levantas, y es de noche, aunque haya luz, y escuchas un ruido, algunos pasos y no parece que haya nadie, nadie en tu pasillo. Y decides que lo mejor es levantarse y buscar algún rastro, un mundo que hemos olvidado. Es de noche, y hay luz, y descubres, ante tu espejo, que el enemigo habitaba en casa, y eras tú.