martes, 25 de agosto de 2009

Barrio

Se están muriendo todos aquellos que no se habían muerto nunca, apenas ya un recuerdo en las aceras del barrio que te ha visto crecer. El mundo se hace viejo, y tú con él, en cada muerte, en cada herida. Algunos, como Paco el alemán, que compraron una casa para volver a sus raíces y perdieron el amor que con ellos venían en el empeño. Volver a tus raíces para que tu mujer muera en el intento, qué absurdo todo a veces, qué absurdo. Y no caminan por las calles aquellos que un día te saludaron, aquellas que un día te dijeron buenas tardes, qué tal, hace calor, el tiempo nos agota. Abres la puerta, son rostros cansados, la edad hace mella, hacerse adulto cansa, envejecer agota. Es duro saber ahora la presencia de la muerte en algunas esquinas, moverse entre sombras, preguntar qué habrá sido de..., saber que pasó, todo ha pasado y poco queda, acaso la triste memoria de palabras que fueron alguna vez pronuncidas. Salir a la calle y escuchar el silencio, la vida pasa, la muerte llega, escuchar el furioso silencio de algunas casas. Y saber que todo todo todo crece hasta hacerse viejo, hasta acercar la muerte. La vida, esa maravillosa equivocación, ese error irrepetible.

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