lunes, 24 de agosto de 2009

Érase una vez

Érase una vez unos tipos de negros que cobraran por respirar, si respirar tenía ritmo, tenía autor, tenía sentimiento.

Érase una vez el futbolista más caro del mundo.
Érase una vez muchos trabajadores que percibían al mes escaso dinero.
Érase una vez una tierra de nadie con más casas que terreno.
Érase una vez un ere que ere.
Érase una vez un gobierno de izquierdas que daba dineros a los bancos.
Érase una vez una tierra incapaz de mirarse al espejo, un grupo de idiotas incapaces de mirar su pasado, por si habían dejado algún cadáver en el armario.
Érase una vez un franquista llamado Fraga, un demócrata llamado Fraga. Un hombre que sabe que si la ciudad de la cultura lleva su nombre se hará justicia.
Érase una vez un club de fútbol al que arruinaron en privado y han salvado ahora en público. En dinero público, se entiende.
Érase una vez un pedazo de tierra con rey y con cuento.
Érase un fragmento de tierra laica con iglesia y crucifijos.
Érase una vez un grupo de imbéciles que no daban nombres porque no tenían por qué decirlos.
Érase una vez una moneda que iba a unir a un continente y acabó por otorgar a todos sus ciudadanos menos contenido.
Érase una vez un fragmento de tierra en que la palabra dimensión había sido desterrada de todo diccionario.
Érase una vez una juventud lo suficientemente preparada como para saber que la habían engañado.
Érase una vez una juventud lo suficientemente preparada como para no saber ser feliz en paro.
Érase una vez un sitio en el que un tercio de los jóvenes estaban sobrecualificados para su puesto de trabajo.
Érase una vez un pedacito de tierra en que los trabajadores declaraban más que los empresarios.
Érase una vez un lugar pagaban un dieciséis por ciento más en tiempos de crisis. Crisis para otros, se entiende.
Érase una vez un trozo de tierra donde introducir cada cuatro años una papeleta se un urna se considera participación ciudadana.
Érase una vez un pedazo de tierra en la que dar cobijo al mediocre, en la que gritar es el mejor de los diálogos.
Érase una vez un trozo de tierra en la que, tantas veces, la educación brilla por su ausencia.
Érase una vez etcétera.
Érase una vez un chiste llamado España.

2 comentarios:

sorel dijo...

Chapeau.

sorel dijo...

Por cierto, ya lo habràs visto pero por si acaso:
http://tinyurl.com/ManolitoPalomares

saludos